NUEVA OBRA DE MANUEL MARTÍN NIETO

Con información de Manuel Martín Nieto (16/03/2015)


 

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Mi última obra cristífera representa el momento en que Jesús, clavado en la cruz, pide a Dios Padre que perdone a los que lo condenaron. Es una escultura en la que llevo trabajando tres años, simultáneamente con otros proyectos. Va destinada para la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo del Perdón de Chiclana de la Frontera (Cádiz) y procesionará por primera vez el próximo Sábado de Pasión 28 de marzo.

Esta iconografía podría ser la que más he cultivado en mis últimos años, sobre todo tras bendecir y presentar en mi hermandad sevillana de los Panaderos el Crucificado con la misma advocación. A través de esta obra llegaron a mí un grupo de jóvenes chiclaneros buscando algo muy parecido, pero les convencí para alejarnos de esa imagen y seguir cultivando, creando y aportando cosas frescas y no caer en la repetición. Por ejemplo, a diferencia del de los Panaderos, el Crucificado de Chiclana no exclama el perdón mirando al cielo, sino buscando a las personas. Un perdón más terrenal que celestial.

Es una escultura de 185 cm de altura, tallada íntegramente -incluyendo la cruz- en madera de cedro real, neobarroca, figurativa y realista, de una anatomía definida pero a la vez no voluminosa, esbelta y de cuidadas proporciones. Aparece clavado por tres clavos: uno atraviesa los dos pies y los otros dos la parte inferior de la mano por las muñecas. Su cuerpo se inclina acompañando el giro de su rostro.

La expresión es fuerte, valiente y conmovedora, con la boca entreabierta que deja ver maxilares y lengua, como si realmente estuviese pronunciando una de las Siete Palabras recogidas en los evangelios: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". La nariz es de morfología judía, aguileña, mientras que sus ojos de color miel se hallan entreabiertos, cansados, apreciándose perfectamente todo el trabajo anatómico de párpados, ojeras y pequeñas bolsas. Unos ojos sufridos y al borde de la muerte, con el entrecejo fruncido y dolorido.

Aparece sin corona, pero aun así podemos observar las heridas propias que le produjeron las espinas, emanando todavía sangre de sus sienes y frente. El sudario o perizoma es bastante laborado, pero a la vez sencillo en recogido, anudándose en su pierna derecha y dejando ver perfectamente el comienzo y el final de la tela, trabajados con detenimiento las arrugas y el tejido.

El cabello he querido justificarlo por la propia inclinación de la cabeza, de ahí que veamos grandes mechones de pelo pegados al rostro, pero siempre dejando ver el mismo. La barba también está muy elaborada y en su extremo es bífida. En cuanto a la policromía, está realizada íntegramente en óleo desde el propio estuco a base de transparencias, veladuras y pátinas, acentuando todos los detalles de la Pasión pero sin que el dramatismo interfiera en centrar la mirada en su rostro. En la parte alta del estipe de la cruz figura una tablilla que recoge el texto célebre e histórico de Jesús el Nazareno Rey de los Judíos (INRI), también tallado en cedro.

 

Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de la obra a través del icono que encabeza la noticia.

 

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