NUEVA OBRA DE JOAQUÍN MAYANS

Antonio Bernabéu Quirante (01/04/2018)


 

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El mundo del arte está repleto de curiosas iconografías que por diversos motivos han triunfado en un momento o lugar concreto. Una de las que calaron profundamente durante los siglos XVII y XVIII fue la de Cristo vestido de sacerdote, llegando a tener tal éxito que llegaron peticiones de esta temática en pintura y escultura en numerosas poblaciones de la geografía española; caso de la ciudad de Valladolid, donde es rara la iglesia o monasterio que no ha tenido o tiene algún ejemplar de esta singular iconografía.

La intemporalidad de la imagen de culto hace posible que en ella se plasmen altos contenidos teológicos. La imagen de Cristo es una confesión de fe en Jesús de Nazaret. En el icono de Cristo vemos el rostro del verbo encarnado, lo que ocurre no solo en las representaciones pacientes, pasionales o gloriosas, sino en todos los momentos de su vida, incluyendo su infancia. A pesar de la escasa aportación de los evangelios a la iconografía de Jesús Niño, la devoción católica sí se ha preocupado a través del tiempo de dicha representación con la más variada tipología sobre el Divino Infante. Por eso mismo, al tratar el tema del niño Jesús, el artista siempre ha querido expresar a través de la imagen las grandes verdades cristológicas, enriqueciéndolas con matices sorprendentes por medio de atributos iconográficos poco comunes.

La última obra del imaginero Joaquín Mayans para una devoción particular con destino a la ciudad de Elche (Alicante) se introduce de la manera más sutil en la iconografía infantil de Cristo Sacerdote. El artista realiza esta vez una imagen de Jesús Niño cargada de gran simbolismo, de facciones bellas, dulces y delicadas, y expresivo modelado en sus formas. El cabello es rubio y ondulado. La policromía está realizada en tonos suaves y contrasta con el paño de pureza, que se halla dorado con pan de oro.

La imagen aparece con los brazos abiertos, cargada de movimiento. Ello se evidencia en uno de los pies, más adelantado con respecto al otro, lo que produce la sensación de caminar mientras el Niño sostiene un cáliz en su mano derecha, símbolo de la institución de la Eucaristía como preludio de su Pasión. Muestra el típico atuendo sacerdotal: casulla, alba, roquete en tul bordado del siglo XIV, y estola confeccionada por el indumentarista Raúl Hinojosa, del obrador Costurera de la Virgen. Sobre la cabeza porta nimbo de Coronas Ríos.

 

Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de la obra a través del icono que encabeza la noticia.

 

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