RESTAURACIÓN PARA MEDINA DEL CAMPO (VALLADOLID)

Con información de Antonio Sánchez del Barrio para Museo de las Ferias (19/05/2012)


 

 

Tras seis meses de minucioso trabajo de investigación y restauración, el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Junta de Castilla y León ha entregado la talla de la Virgen de la Piedad, obra de Juan de Juni conservada en la Colegiata de San Antolín de Medina del Campo.

Siempre se ha supuesto que esta Piedad, admitida unánimemente como obra original de Juni, fuera el relieve central de un retablo perdido, encargado hacia 1575 por el mercader y cambista Francisco de Dueñas para presidir el retablo de la capilla de su villa de recreo, conocida como Casa Blanca y situada en las inmediaciones de Medina del Campo, cuya decoración de yeserías es obra excepcional de los Corral de Villalpando, artistas con los que Juni colabora en varias ocasiones. Si admitimos que formó parte de la Casa Blanca, desde allí se trasladaría en un momento indeterminado al Convento de la Visitación, desde donde pasaría más adelante a la Iglesia de la Vera Cruz, donde la reconocen con el título de Virgen de las Angustias. Por último, hacia 1960, con el derribo del citado templo, se traslada a la Colegiata de San Antolín, donde es venerada sucesivamente en las capillas de Quiñones y de la Virgen del Pópulo, antes de depositarse en el Museo de las Ferias, donde puede contemplarse en la actualidad.

Con esta pieza, que debe situarse cronológicamente en las postrimerías de la vida de Juni -cuando trata de reflejar en sus obras un sosiego no muy frecuente en piezas de períodos anteriores, en las que prima la expresividad y el dramatismo-, el autor consigue transmitir una sensación de serenidad deteniendo el movimiento de los personajes. La Virgen, cubierta por un manto azul de suaves plegados, presenta una postura algo forzada sosteniendo el cuerpo inerte de Cristo sobre su pierna izquierda, que mantiene levantada; le rodea la cabeza con un brazo casi insinuado y, al tiempo, alza con delicadeza la mano derecha de su Hijo para mostrar la llaga ensangrentada, a la cual dirige la mirada.

La obra se halla cercana al monumental relieve de la catedral segoviana dedicado al Santo Entierro, también obra tardía de Juni -con el que comparte semejanzas de carácter compositivo evidentes, así como su ejecución sobre soportes de madera de muy escaso espesor, circunstancia que no condiciona al artista para conseguir conjuntos de gran profundidad y sensación de volumen, demostrando un absoluto dominio de la técnica- y otro relieve que representa el Llanto sobre Cristo Muerto y se halla en la Catedral vieja de Salamanca; esculpido en piedra y de composición invertida al que abordamos.

En 1998 se planteó una primera intervención en el Instituto del Patrimonio Histórico Español, que no fue concluida. En octubre de 2011, la obra ingresó en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León a raíz de una petición realizada por la Fundación Museo de las Ferias.

Para obtener un diagnóstico completo de patologías, el Centro ha llevado a cabo una toma de muestras para la caracterización de sus materiales, que han sido comparados con los aportados por el Instituto del Patrimonio Histórico Español. Este estudio se ha completado con exámenes físicos mediante diversos tipos de iluminación y un estudio radiográfico, lo que ha aportado interesantes datos para entender y conocer el proceso de creación de Juni.

La obra está realizada mediante la unión viva de varios bloques de madera de pino, dispuestos en sentido horizontal. Muestra en el dorso un rebaje rectangular coincidiendo con la cabeza de la Virgen, realizado en vertical y preparado para alojar una cruz. Aparecen otros rebajes, tanto en la zona inferior, como en los laterales, posiblemente para anclar la imagen a la hornacina para la que fue concebida.

La película pictórica está formada por un aparejo de yeso mate y cola animal; y sobre el mismo, la policromía propiamente dicha, en la que se diferencian tres capas superpuestas: una capa inferior que corresponde con la original, realizada con materiales propios del siglo XVI, donde el aglutinante es óleo; una segunda capa de características similares a la anterior; y una capa superior muy delgada, realizada con materiales usados a partir de la segunda mitad del XIX. El aglutinante es una resina diterpénica. En la intervención anterior se aplicó como protección final una resina acrílica. Esta capa, sin estar alterada, sí que presentaba un grosor considerable que empañaba considerablemente los tonos de la policromía.

La madera del relieve, que presentaba un considerable ataque de xilófagos, había sido correctamente desinsectada, consolidada y saneada, como pone de manifiesto el informe de la intervención realizada por el IPCE. En su zona frontal, destacaban las pérdidas de partes -como dedos, pliegues de ropajes o partes sobresalientes de la base-, y la presencia de grietas longitudinales, que fueron tratadas. En cuanto a la policromía, presentaba un tratamiento desigual, especialmente visible en las carnaciones.

El trabajo del Centro se ha centrado en recuperar el volumen y las policromías originales de la escultura, cuyas medidas son 100 x 120 x 30 cm. Para ello se ha partido, en primer lugar, del levantamiento de las zonas donde se documentaron repolicromados -como el manto azul o la toca blanca de la Virgen, el que presentaba el paño de pureza del Cristo, y la zona inferior-, empleando para dicho proceso una espátula de ultrasonido que permite controlar con precisión la intensidad del trabajo. También se ha procedido a la limpieza de la suciedad acumulada mediante el empleo de distintas mezclas de disolventes.

Se han eliminado todos los emplastecidos de la resina epoxi de consolidación que cubrían parcialmente la policromía original, realizando este proceso de forma mecánica. De igual modo, la parte posterior del soporte se liberó también de zonas de resina epoxi. Una vez suprimidos todos los elementos ajenos a la obra y recuperada la policromía original, se procedió al estucado de lagunas -empleando para ello aparejo tradicional-, la reintegración de las mismas y la aplicación de un barniz final de protección.

 

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