CICATRICES DE LA FE. EL ARTE DE LAS
MISIONES DEL NORTE DE AMÉRICA, 1600-1821

08/08/2009


 

Organizada por el Antiguo Colegio de San Ildefonso de Ciudad de México, Cicatrices de la Fe. El Arte de las Misiones del Norte de América es la primera exposición que explora esta herencia cultural poco conocida en ambos lados de la frontera entre México y los Estados Unidos de Norteamérica.

 

 

 

Cicatrices de la Fe

Desde la década de 1530, los españoles exploraron el norte de la Nueva España en búsqueda de oro y de tierras para colonizar. Algunos frailes franciscanos también formaron parte de las expediciones y, antes de cerrar el siglo, establecieron misiones para convertir al catolicismo a los indígenas en Nuevo México. Cada misión se conformaba por un convento o una residencia para los misioneros, un templo y áreas de trabajo y vivienda para los indígenas.

En 1591 llegaron a Sinaloa los jesuitas, a la costa del Pacífico, y cuatro años más tarde tenían un colegio en Durango para educar a los hijos de los colonos, además de apoyar una red de misiones que cubriera todo el noroeste. Cuando los jesuitas fueron expulsados por el rey Carlos III, en 1767, los franciscanos quedaron prácticamente como los únicos misioneros en todo el norte.

Basándose en sus experiencias en Coahuila, Texas, la Sierra Gorda de Querétaro y otros lugares, estos franciscanos sustituyeron a los jesuitas en muchas misiones del noroeste y fundaron nuevas misiones en la Alta California. Establecieron pueblos, construyeron templos y los decoraron; en estos procesos participaron tanto los indígenas locales como los que habían llegado desde el sur, así como los colonos y los soldados. Los artistas capitalinos y los artesanos locales respondieron al reto de adornar las misiones con pinturas, esculturas y objetos de culto y de uso.

 

 

 

Las Misiones

Las misiones cumplían un papel fundamental en el proyecto español de dominación, basado en una visión providencialista de la historia, en la que España era llamada a proteger y difundir la religión cristiana. Además de ser un propósito  de la monarquía, las misiones norteñas fueron una empresa criolla que respondía a los deseos de los nativos indígenas y de origen europeo del centro de la Nueva España. Los operarios de las misiones, franciscanos y jesuitas, se apoyaban en sus propios ideales: los franciscanos recordaban que su santo fundador había viajado a Egipto y que ellos habían sido los primeros misioneros en América. Los jesuitas pregonaban el heroísmo de sus santos, especialmente Francisco Xavier, Apóstol de las Indias y modelo de misioneros.

La realización de la liturgia en las comunidades indígenas era una preocupación central para los misioneros. Conforme las misiones se volvían más permanentes y prósperas y aumentaba el mestizaje, se ampliaban las ceremonias y fiestas. En la liturgia y las fiestas se marcaba el tiempo así como las estaciones del año y se desarrollaban procesos de cultura tanto en nativos como en los de origen europeo. Las ceremonias requerían participación individual y comunitaria, en las que era más importante los gestos y movimientos que las palabras.

 

 

 

Arte en las Misiones

Los objetos que hoy llamamos "arte" tenían una función relevante, tanto en las culturas prehispánicas como en la cristiana. Se concentraban en lugares de culto, pero su uso también era de dimensiones personales y domésticas.

La producción artística promovida por las órdenes misioneras llama a reflexionar sobre la experiencia de la vida del misionero, que era un peregrino entre extraños, que podía perder la vida en cualquier momento. Los misioneros viajaban con representaciones religiosas y cada misión también requería de imágenes. Ellas mismas eran consideradas misioneras, porque se creía que protegían a los cristianos y actuaban para convertir a los indígenas y conservar las misiones. Aunque incluyen elementos que las relacionan con América, estas imágenes tienen sus raíces en tradiciones europeas, ya que la actividad misionera es tan antigua como el propio cristianismo.

Tanto los franciscanos como los jesuitas promovían sus santos y devociones particulares. Por lo general, las pinturas eran hechas en Ciudad de México con renombrados pintores: Juan Correa, Antonio de Torres, Francisco Martínez, Nicolás Rodríguez Juárez, Miguel Cabrera y José de Páez, entre otros. Las misiones propiciaron el establecimiento y la difusión de algunas tradiciones artísticas como la de los retablos, pintados sobre lienzos, entre los jesuitas, o el estilo neoclásico en las misiones franciscanas de la Alta California.

 

 

 

Rescate y Restauración

Aunque las misiones norteñas han sido tema de investigaciones desde perspectivas históricas, económicas y etnográficas, es sorprendente que las obras de arte dentro de ellas hayan llamado poco la atención.

Para llevar a cabo esta exposición, el Antiguo Colegio de San Ildefonso emprendió una ardua tarea de rescate, restauración y divulgación de obras que estaban prácticamente en el olvido y a punto de desaparecer. Instancias mexicanas como el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, Sitios y Monumentos y diversos museos se unieron a esta iniciativa, que acumuló ya tres años de gestiones y trabajos.

Procesos de convencimiento, tanto de personas como de autoridades civiles, culturales y religiosas, fueron el germen para poder mostrar un patrimonio imprescindible de nuestra historia. Viajes por el norte de México, a comunidades de difícil acceso, así como a misiones del sur de los Estados Unidos, se iniciaron desde el año 2006 con base en las investigaciones desarrolladas por la Doctora Clara Bargellini y el especialista Michael K. Komanecky. En la exposición se presenta el registro de casos representativos de esta labor de rescate.

 

Hasta el 16 de agosto de 2009 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso
de Ciudad de México (Justo Sierra, 16) Horarios: martes, de 10:00 a 19:30 horas;
de miércoles a domingo, de 10:00 a 17:30 horas; lunes, cerrado.

 

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