NUEVAS OBRAS DE PINTURA SACRA
Con información de Sergio Cabaco y sus autores (19/08/2018)
Nota de La Hornacina: noticia ampliada el 21 de agosto de 2018.
![]() |
||
![]() |
![]() |
Manuel Espejo Mármol En el centro de la pintura y como única protagonista de la misma, aparece la Virgen del Rosario, patrona de la localidad cordobesa de Montoro desde 1756, eje principal de una composición piramidal y casi simétrica, acentuada por un fondo de banderolas azules que sirven como cielo ante el que se impone el icono mariano, coronado por un halo timbrado por una docena de estrellas y sobre la media luna rendida a sus plantas, cerrándose con estos elementos la concepción apocalíptica de la iconografía mariana. La Virgen viste de luceros sobre los contornos de Montoro. Con gesto dulce al modo de las antiguas glicofilusas, el mayestático simulacro gubiado por Castillo Lastrucci dirige su mirada hacia el Niño sostenido sobre su mano izquierda, que en ademán de bendecir mira al espectador levantando el orbe terrestre. Con la diestra, María sostiene el cetro que remarca su poder y realeza, y a su vez, Madre e Hijo sostienen el Santo Rosario, cuya Cruz nos conduce hasta la leyenda "ROSARIO", advocación de la devoción montoreña, coronando la "A" que al mismo tiempo se convierte en un anagrama tan mariano como el pueblo que la venera. María es Madre de la Iglesia y a eso alude la torre de su templo representada a sus plantas, al igual que el famoso puente de las Donadas o de las Doncellas que conduce a Montoro. Las oraciones de sus fieles quedan simbolizadas en un ramillete que junto al cetro porta la figura. Se trata de hortensias preservadas o liofilizadas añadidas a la pintura a modo de collage, intervenidas con pan de oro. Unas flores que, durante el pasado mes de mayo, acompañaron es sus fiestas a la Virgen de Araceli, Patrona de Lucena y del Campo Andaluz. Este cartel fue concluido por el artista lucentino coincidiendo con la Festividad de la Asunción de la Virgen, siendo pintado al óleo sobre tabla de 70 x 100 cm. En el mismo se conjugan diversos movimientos artísticos. |
![]() |
![]() |
![]() |
Juan Miguel Martín Mena Obra realizada en técnica mixta (bolígrafo y acuarela) para ilustrar los actos con motivo del Centenario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Rocío, patrona de Almonte (Huelva). Se trata del trabajo de más envergadura y de más repercusión hasta la fecha en la trayectoria del reconocido artista nazareno. El cartel tiene un formato de 130 x 70 cm. El estilo modernista de la composición la sitúa cronológicamente en la corriente artística que predominaba en Europa durante la época en la que se fraguaba la coronación de la venerada imagen almonteña, original de finales del siglo XIII. El cromatismo está claramente diferenciado en un bloque central de tonos cálidos y brillantes sobre un fondo de colores fríos más oscuros que recortan la silueta de la Virgen destacándola como primer impacto de su visualización. La composición de Martín Mena, que el pintor y dibujante ha dedicado a su madre, se halla enmarcada en una estructura geométrica que envuelve la escena central, encasillando entre elementos ornamentales de clara inspiración modernista diferentes objetos y referencias a la coronación y a la devoción de la Virgen. |
Manuel Caliani Pintura en acuarela y transfer sobre papel que bajo el título Reina y Señora de la Paz: la Fuente del Remanso tiene la función de ilustrar la salida extraordinaria de Nuestra Señora de la Paz, titular de la cofradía onubense de los Mutilados, el próximo 29 de septiembre. Anuncio que emite la Comisión Petalada a Nuestra Señora de la Paz, que trabaja para ensalzar el evento en un lugar muy especial y emblemático del recorrido. La Dolorosa es obra de Antonio León Ortega (1944) restaurada por Luis Álvarez Duarte (1992). Se trata de una pintura de retrato con reminiscencias formalmente clásicas para ser fiel a la esencia de dicha corporación de penitencia. Sin embargo, se trata de una representación con fuerte matiz onírico (como viene siendo habitual en el discurso y la plástica más reciente del autor) a través de una Virgen envuelta en una atmósfera que es producto de la interpretación que Caliani realiza del cromatismo que la luz de la tarde crea entrando en su palio. Es su forma de recordarla en la tarde del Domingo de Ramos, cálida y acogedora como un remanso de olor de azahar, flor clásica en el exorno floral de la Señora. La leyenda "Reina y Señora de la Paz" reza entre letras clásicas y otras de factura más contemporánea. El título de "Reina y Señora" se repite alrededor de una imagen por la que el artista siente un especial afecto, como si todo un parnaso angelical rindiera pleitesía a María ensalzando su majestad. Ello coincide igualmente con las marchas propias de la imagen, especialmente "Reina y Señora de la Paz" (Ángel Alcaide) y "Madre de la Paz" (Iván Macías). Ambas son melodías cálidas con matices de fría, dulce y agradable melancolía. El remanso y quietud ideal del espíritu son representados sobre todo en la zona inferior derecha. María como fuente de Paz, como primer Sagrario y por su propia figura, es representada simbólicamente con la Fuente Magna que se ubicaba en la Plaza de las Monjas, desafortunadamente desaparecida. La Paz de ahora conecta de esta forma con la Paz de siempre, con un guiño a la Huelva que vio nacer a la Hermandad de los Mutilados en torno a la Iglesia de San Francisco, muy cercana a aquella fuente y hoy día también tristemente perdida. |
Alejandro Cabeza El pintor valenciano ha realizado una sugerente interpretación de Santa María Magdalena para una colección particular. La obra, realizada en óleo sobre lienzo con un tamaño de 65 x 54 cm, representa a la santa mirando hacia las alturas, según el autor hacia donde su voluntad aspira. Para Alejandro Cabeza la santa sabe que en pocas horas habrá tocado el cielo. Quedarán atrás amarguras, desencantos y traiciones. Arriba, lejos del mezquino mundo, mecida por el viento y protegida por las ramas, será ingrávida e intocable. Mientras, abajo quedará el hombre. El hombre, que siempre defrauda. El hombre que, en su torpeza, sólo sabe construir efímeros paraísos artificiales. Por eso las chispas iluminan el cielo nocturno imitando burdamente el cielo estrellado. Es el resultado del devastador fuego que avanza sobre las cabezas de los bomberos y agentes forestales. El descomunal esfuerzo físico ya no conduce por las fértiles sendas del conocimiento interior, sino por las áridas veredas de difícil acceso en las que han sido encendidas las llamas para que su extinción resulte más compleja. Tal vez, incluso, para poner en peligro las vidas de semejantes que en nada se parecen. La recompensa de esos rostros curtidos y tiznados, de esos individuos esforzados, devastados por el agotamiento y el desconsuelo, en el mejor de los casos, consistirá en salvar el resto del monte y regresar a casa enteros. Ante la infamia, ante la traición perpetrada una y otra vez por unos pocos y la indiferencia de la mayoría, sólo impotencia. También rabia. En respuesta, tras el extraordinario resplandor, el estremecedor alarido hiende el cielo y retumba entre las paredes rocosas, ahora desnudas y carbonizadas. Sus compuertas se abren y, de lo alto, deja caer el agua para refrescar la reciente herida. Un nuevo diluvio. Tal vez una noble advertencia que el hombre, sordo como siempre a todo lo trascendente, no sabe interpretar. Igual que hormigas, allá abajo, corren a refugiarse. Y como las hormigas, bajo la inmensidad del cielo, podrían ser aplastados un día. Aunque, en su inconsciente arrogancia, siguen abusando de la paciencia infinita. Contra el cielo, contra el mismo cielo de nuestros padres, se recortan las montañas. Ellas se alzaban aquí mucho antes de nuestra llegada. Y aquí seguirán -incluso a pesar nuestro- cuando nosotros ya no estemos. Son las mismas que vieron los romanos al pisar estas extrañas tierras. Muchos, los mismos árboles -en pie aún viejos- que daban sombra al bisabuelo del artista cuando se dirigía a la Chorrera por una senda hoy intransitable. Porque el hombre, en su estupidez e ignorancia, se va confinando entre estrechas fronteras. En lugar de derruirlos, construye muros. Y en vez de abrir caminos, se los cierra. |
Juan Luis Aquino Cartel anunciador de las fiestas de San Bartolomé, patrón de la localidad onubense de Beas. La composición está protagonizada por la talla en madera policromada del santo, una interesante obra del siglo XVI atribuida al escultor Roque Balduque procedente del extinto hospital homónimo de la localidad. El fondo de la obra está dividido en dos franjas, una amarilla que simboliza la tradicional "vaquilla del aguardiente", anticipo taurino que tiene lugar a la dos de la tarde, y otra azul que representa a los toros de las ocho, donde se puede observar la luz del atardecer envolviendo la Parroquia de San Bartolomé y su torre. En la parte inferior de la pintura vemos la efímera plaza de toros, donde los andamios son sustentados por las tradicionales ruedas de carro. Todo el fondo del cartel está realizado a base de tintas planas, contrastando con el tratamiento realista de la talla, para que nada le quite protagonismo a la imagen del santo patrón. |
Rocío Cortés Ramírez Cartel de la salida procesional de Nuestra Señora de la Esclavitud Dolorosa que tendrá lugar el próximo 15 de septiembre por las calles de Málaga. La Dolorosa es una obra malagueña del siglo XVIII inspirada en los modelos del escultor Pedro de Mena que recibe culto en la Iglesia del Santo Cristo de la Salud. La obra ha sido realizada en técnica mixta (acuarela, lápiz de color, pastel y acrílico) sobre papel (100 x 70 cm). Retrata fielmente a la imagen con el acabado abocetado tan del gusto de la autora malagueña, concentrándose la resolución completa en la exquisitez del rostro y el juego de manos entrelazadas tan propio de la escuela. |
Jesús Caballero El autor presenta una obra en formato horizontal, realizada en grafito y laminada en pan de oro sobre tabla en la cual se sintetizan los dos estilos pictóricos que actualmente definen su producción: por un lado, a través del grafito, Jesús Caballero explora las posibilidades comunicativas de esta técnica monocroma, en la cual se intenta percibir una atmósfera que envuelva el rostro de María; por otro lado, los ornamentos que actúan a modo de halo terminan de completar la composición, bebiendo de estilos como el Art Nouveau que otorgan identidad a la composición. Estos recursos, así como otras técnicas, se exploran en su obra de cartelería, facilitando la lectura y el discurso que suelen acompañar este tipo de obras. La obra representa a la Virgen del Dulce Nombre de la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra, una talla en madera de caoba del año 1937, realizada por el imaginero local Manuel Pineda Calderón inspirándose en la antigua talla gótica de la patrona, la Virgen del Águila, destruida en la Guerra Civil. Su rostro y el del Niño Jesús que lleva entre sus brazos son el foco de atención en esta obra del joven artista Jesús Caballero, teniendo estas partes una ejecución mucho más depurada si se comparan con los bordados y la indumentaria de ambas figuras, las cuales se disuelven mediante degradados y se integran con el fondo. |
Fotografía de Málaga: Luis Manuel Gómez Pozo
www.lahornacina.com