NUEVAS OBRAS DE PINTURA SACRA

Con información de Sergio Cabaco, Víctor Taft y sus autores (16/05/2019)


 

 
 

 

Javier Arizabalo

Cuando los responsables de la exposición Barro Madera y Sangre (ver enlace) estaban terminando de planificar este proyecto que reúne a una veintena de los más destacados escultores españoles en las últimas tendencias del Neobarroco, les surgió la idea de incluir un pintor con la capacidad de representar en sus obras la evolución del más puro Barroco adaptado a la actualidad. Tras barajar una importante cantidad de autores que fuesen capaces de afrontar este reto, enfrentándose al trabajo de 20 escultores escogidos entre la élite de la imaginería, y salir airoso de la contienda con la tridimensionalidad, llegaron a la conclusión de que el pintor vasco Javier Arizabalo podría ser el más indicado para asumir este trabajo.

Incluir la maestría de este artista en tan complicado proyecto ha resultado un éxito absoluto. El espíritu de un Barroco que todavía deambula entre museos e iglesias, y que a veces escapa para introducirse en el estudio de un artista que será sorprendido e imbuido por tan poderosa corriente estética. Todo resultó fácil con Arizabalo, con él siempre lo es. Los organizadores de Barro Madera y Sangre le explicaron detenidamente el proyecto y unos cuantos días después ya tenía bocetos y modelos de los personajes a representar de Jesús y María, ambos en óleo sobre lienzo (92 x 73 cm). Modelos reales, de carne y hueso, desprovistos de cualquier afectación, gente que podrías encontrar en cualquier lugar, gente tan normal que nunca podrías dudar de su existencia.

 

     
     
 
     
     
 

 

Fray David Conejo Ramírez, OAR

Esta pintura de San Agustín toma como principal referente la imagen más antigua que se conserva del santo obispo de Hipona, un fresco pintado en las paredes de la antigua biblioteca del palacio lateranense, y que data del siglo VI. Siguiendo este modelo, la presente obra, realizada al óleo sobre lino (126 x 130 cm), muestra a un hombre maduro que conserva el vigor a pesar de los signos de una incipiente vejez.

El santo aparece vestido con una larga túnica blanca y toga, el vestido del ciudadano romano libre. Esta tiene mangas largas, y se encuentra decorada con una franja púrpura, visible en el hombro derecho. Esta franja púrpura marca la dignidad de la persona, en este caso una dignidad sacerdotal o episcopal, análoga a la franja púrpura de un senador. La mano izquierda de Agustín sostiene un volumen o rollo, lo que alude a su educación y sus cualidades intelectuales, y también puede tomarse como un símbolo de su trabajo escrito. La mano derecha, por su parte, apunta en un gesto particular hacia un códice abierto, que muestra en una de sus páginas el prólogo del Evangelio según san Juan. Este gesto de la mano derecha es propio de la retórica clásica. Lo describe Quintiliano alrededor del año 70 d.C., y probablemente era un ademán para llamar la atención sobre un punto importante. En el tiempo de Agustín, este gesto todavía se utilizaba y era muy conocido, tanto para los paganos como para los cristianos. Por tanto, aquí Agustín no está leyendo, sino hablando o, más bien, enseñando de manera solemne, interpretando la Biblia como lo hizo en la palabra hablada y escrita a lo largo de su vida. Este gesto con la mano se convirtió, en las representaciones medievales, en el gesto de bendición. Es por ello que, para nosotros, este detalle puede tener esos dos significados: la predicación del Obispo, y la bendición que, en la escucha de la Palabra, nos es dada por medio de la Iglesia.

Un detalle que merece la pena rescatar es el pie descalzo de Agustín, elemento que aparece ya en el fresco de Letrán, pero que en esta obra ha querido ser un guiño a la descalcez agustiniana, llamada siempre a retomar los valores de la pobreza, la humildad y la diligencia en el servicio a los más necesitados.

La composición se completa con algunos elementos recogidos en la esquina inferior izquierda, donde aparece un mueble decorado con figuras de animales que corren, signo de la fugacidad de las pasiones a las que Agustín renunció con su constante conversión, y un folio con una frase latina que se encuentra al pie del mencionado fresco lateranense. En ella se pondera la grandeza de este Padre de la Iglesia, en cuya elocuencia resonó siempre el sentido más profundo y espiritual de la fe cristiana.

 

 

Antonio Díaz Arnido

La obra se plantea como una gran bandera azul y blanca, colores corporativos de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Huelva, así como de la propia ciudad. En el plano superior, sobre el fondo azul intenso del cielo, aparece el término ROCÍO 2019 ya que esta pintura en acrílico, óleo, grafito y tinta sobre tabla (70 x 50 cm) ha sido realizada como cartel anunciador de la Romería 2019 de la referida corporación.

La escena de la franja media es la Hermandad en camino, y en ella aparecen los colectivos más significativos de la misma: los carros tirados por mulas, los romeros a pie, los romeros a caballo con sus inconfundibles chaquetas blancas... A la derecha, a modo de destino, aparecen caballos de la marisma del Rocío y un flamenco en actitud de recibir a la Hermandad de Huelva en la aldea. En el centro, la gran carroza del simpecado, principal protagonista de esta escena figurativa. El cielo azul que cobija a la Hermandad se ve recortado por un particular skyline que representa el propio camino por Huelva a través de varios de sus monumentos -Muelle del Tinto, Santuario de la Cinta, Monumento a la Fe Descubridora, Monumento a la Virgen del Rocío- hasta llegar a la aldea almonteña, simbolizada por la naturaleza y el santuario.

En la zona inferior -la franja blanca de esta bandera imaginaria-, en azules degradados, aparece la palabra HUELVA repetida varias veces, que no es sino el singular canto de los miles de hermanos y devotos que acompañan al simpecado de esta hermandad rociera tan especial en su carisma e idiosincrasia: "Huelva, Huelva, Huelva, Huelva...". La fotografía técnica de la obra es de Carlos Roncero Mesa.

 

 
 
 
 

 

Rubén Terriza

El autor presenta tres obras. Empezamos con el cartel oficial de la popular hermandad sevillana de la Esperanza de Triana, realizado en óleo, grafito, spray para graffiti, transfer, lija y pan de oro sobre tabla, tiene como motivo principal el perfil derecho del Nazareno de las Tres Caídas, creando una diagonal con la cruz arbórea. Luce túnica morada bordada, tratada con soltura, mezclando las texturas de las pinceladas con las tintas planas en los bordados. Reposa sobre un monte de flores, que con el uso de la técnica del spray para graffiti toma ricas tonalidades de color, dejando alguna de ellas a la abstracción, y que nos recuerda, además, la idiosincrasia de Triana en sus patios, mantones de manila o la exuberancia del exorno de la Virgen de la Esperanza, representada no solo de esta forma, sino también en una rosa con el fragmento de una de las publicaciones del año de su coronación canónica, o en el uso del color, que nos recuerda las sedas del manto diseñado por Juan Borrero, del que se cumplen 25 años. Para el fondo de la composición, vemos una rotunda claridad con tonos claros turquesas y amarillos que nos recuerdan la mañana del Viernes Santo, cuando el Señor vuelve a su barrio de Triana. Como elemento simbólico, vemos la silueta de la Giralda desde el puente. La tipografía, al igual que el monte, emplea, el morado por el Cristo y el verde por la Virgen, y el degradado recuerda las luces del Guadalquivir. También está presente el malva, color principal del Museo de la Cofradía.

En otra de las obras, pintada al óleo, pan de oro y plata sobre tabla, podemos ver a Nuestra Señora del Mayor Dolor de Málaga en un perfil a tres cuartos. Se realiza una interpretación del tocado de la misma, usando una pincelada impresionista, suelta y con textura, llegando a la abstracción en algunos casos. El manto, en color negro, juega con el fondo de color malva intenso que se funde con la silueta de la Virgen, creando así los colores de la Hermandad -el negro y el malva o morado-, que también se pueden apreciar en el palio. El malva, junto al turquesa, nos lleva también al atardecer de su procesión el Lunes Santo. En la parte inferior, la mano señala la silueta del Señor de la Crucifixión, cuya imagen queda enmarcada en el pecho de la Virgen junto a una estela de nazarenos en tintas planas. En cuanto a la tipografía, se aprecia en la parte superior "CRUCIFIXIÓN", con los mismo tonos que el palio, y en la parte inferior "MÁLAGA 2019", con la tonalidad del tocado.

Finalmente, el cartel para la Hermandad del Rocío de Málaga 2019, una tabla realizada en óleo sobre spray para graffiti. En ella vemos una composición diagonal descendente, quedando en primer plano una peregrina vestida de flamenca, en alusión a la primavera, la cual mira al espectador mientras porta con dinamismo una bandera blanca y morada, colores de la Hermandad, bordada en ella con letras de oro el nombre de la ciudad. Se presenta vestida con soltura en tonos luminosos. Sus sienes se adornan con biznagas, típica flor malagueña. En su hombro lleva un mantón con flores e insectos realzados con los tonos vivos que aportan la técnica del graffiti y a que su vez son representativos de la primavera. La figura parece salir del cuadro, ya que el brazo derecho sale del marco. Tras la peregrina, vemos los pinares de La Puebla del Río. La carreta, en tintas planas, con la misma técnica del mantón, recuerda el arte urbano de Málaga bajo un atardecer en degradado. Al no estar la carreta definida en su totalidad, da la sensación del andar peregrino que deja su estela por los caminos.

 

 
 
 
 

 

José Luis Castrillo

También tres obras son las que nos presenta el reconocido pintor sevillano José Luis Castrillo. En la primera de ellas, "Mater Dolorosa", realizada una interpretación de María en sus Dolores inspirada en una de las famosas imágenes de la Semana Santa malagueña. Hablamos de un óleo sobre lienzo de 30 x 25 cm.

De formato mucho mayor (150 x 100 cm) es la obra "Gran Poder y Giralda", también al óleo sobre lienzo. Recrea una de las estampas más populares de la Semana Santa de Sevilla al salir el famoso Nazareno del templo catedralicio una vez efectuada su estación de penitencia en el interior del mismo.

Por último, con "La Última Cena" (30 x 20 cm), Castrillo lleva a cabo una de las más brillantes interpretaciones que ha realizado sobre la figura de Jesucristo a lo largo de su extensa trayectoria, mostrando únicamente el rostro, de gran belleza mística, profundamente concentrado en el ritual de repartir el pan y el vino.

 

 

 

Jesús Caballero

Obra realizada para conmemorar el XXV aniversario de María Santísima Madre de los Desamparados, de Martos (Jaén), una de las primeras dolorosas de Francisco Romero Zafra. En esta obra el autor explora el formato cuadrado como traducción simbólica de la idea del tiempo y de todo lo vinculado a la dimensión humana: cuatro vértices, cuatro puntos cardinales, el espacio temporal, lo humano. El Génesis y el Apocalipsis (contemplados en el collage), estando María entre el principio y el fin, Ella es la nueva Eva que rompe esa temporalidad. El cartel está realizado en grafito, acuarela y collage sobre tabla de 70 x 70 cm.

 

 

Aida Carvajal

Obra titulada "Ego sum panis vivus" que retrata con gran sentido eucarístico a la imagen de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder, titular de la Hermandad de los Panaderos (Sevilla). El título del cuadro aparece en letras color sangre dentro del nimbo dorado que, a modo de hostia consagrada, alude al divino sacrificio de Cristo, representado a través de una popular talla del prolífico imaginero Antonio Castillo Lastrucci.

 

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