EL PESO DE LA AUSENCIA

17/04/2008


 

Ayer quedó inaugurada en la Casa-Museo Zenobia Juan Ramón Jiménez de Moguer (Huelva), la exposición El Peso de la Ausencia, un nuevo acto de colaboración de la Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez y la Galería Fernando Serrano, que tiene sus precedentes más significativos en los certámenes de Mail Art.

En este caso, el nexo es el artista y poeta visual Antonio Gómez (Cuenca, 1951) y el argumento, el libro, una elegía al libro que nunca leeremos. La muestra, que permanecerá abierta hasta el próximo 31 de mayo, presenta cinco obras del autor con el título de “Lacrimal”, pertenecientes a la serie El Peso de la Ausencia.

Miguel Ángel Lama escribió para El Peso de la Ausencia: "Antonio Gómez (1951), que es un amante de la palabra y que a fuerza de amarla ha prescindido de ella para muchas de sus creaciones en el terreno de la poesía visual en El peso de la ausencia orienta inmediatamente su intención hacia el universo librarío y la letra impresa; pero ésta no queda ahí, pues el autor, bajo el peso de la ausencia ha seleccionado una porción amplia de aquellos títulos que no ha leído, de esos huecos del conocimiento que nos encaran frente a nuestra limitada naturaleza".

Así mismo, Miguel Ángel Lama afirma que "el peso de la ausencia sugiere el lamento de amor, lo que introduce un matiz enormemente poético en la significación directa como constatación de un vacío de lecturas. Porque también la letra, la palabra, el libro, el vehículo comunicativo acerca a los amantes, o simplemente, es el signo de lo que pesa la ausencia. Busca la esencialidad de la forma sobre la base de un mundo tan a la mano, tan incorporado ya a la vida como la escritura y el libro. ¿Se puede decir más con más?".

La exposición se complementa con la presentación de una serie de EX LIBRIS que el artista ha seleccionado, entre ellos el del rey Juan Carlos I. Antonio Gómez explica lo siguiente sobre ellos: "conocemos como Ex libris al término bibliográfico derivado de la expresión latina que completada con el nombre del propietario, significa "de los libros de". Es como una cédula de identidad en la que consta el nombre del dueño del libro o el de la biblioteca a la que pertenece. Aunque el origen del Ex libris está sujeto a muchas especulaciones y su estudio puede abordarse desde distintos puntos de vista, se puede considerar como antecedentes las tablillas de barro cocido o de loza, sujetas a los antiguos rollos y papiros de los egipcios, asirios, griegos y otros pueblos. El Ex libris, que en sus principios se utilizaba solamente para proclamar la pertenencia de un libro, se convierte en un vehículo de expresión estética y sigue un itinerario evolutivo hasta alcanzar categoría artística. Las técnicas de reproducción suelen ser grabados en todas sus variantes: xilografías, agua fuerte, punta seca, buril en acero o cobre, aguatinta, linóleum, litografías y más tarde fotografías y serigrafías".

También comenta Antonio Gómez que "el verdadero apogeo del arte del Ex libris se da durante los últimos años del siglo XIX y los primeros decenios del XX. El acceso a los libros se generaliza y es la burguesía quien va desarrollando los elementos de composición y los temas que transformarán al Ex libris. Esa hojita o tira de papel que se pega en el reverso de la tapa del libro se convierte en una contraseña muy personal que refleja aspiraciones, gustos y obsesiones. Junto a la supervivencia de los motivos heráldicos el repertorio se amplía, los elementos de composición se van relacionando con aspectos de la personalidad del dueño, a falta de una heráldica heredada, como la mayoría de los lectores carece de escudos y divisas, comienzan a aparecer nuevos temas de índole simbólico, emblemático, relacionados con la profesión, aficiones o preferencias artísticas".

Salvo los poemarios .......del camino (1979) y Caminar por caminar cansa (1998) y las plaquettes poéticas Cierro los ojos para verte mejor (1985) y Entre paréntesis (1990) , el resto de la obra del conquense Antonio Gómez entra en el campo de la poesía experimental y libros objeto. En el año 1998 empieza a trabajar con la Galería Fernando Serrano habiendo realizado en ella las muestras: Lo experimental en lo poético (1998), Verdades a medias (2001), Memorias de futuro (2002) y El peso de la ausencia (2007). Su denso trabajo está repartido en multitud de campos, con publicaciones en numerosos suplementos literarios de prensa, ediciones, grabaciones, obra gráfica, performances, ponencias, talleres y televisión. Su obra está repartida en numerosos museos y colecciones.

 

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