UN INCENDIO CALCINA UNA TALLA DEL SIGLO XVII EN MANAGUA
02/08/2020
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Foto: Javier Ruiz |
La imagen de la Sangre de Cristo, una escultura de al menos 382 años de antigüedad, es el icono cristiano más venerado de toda Nicaragua. Desde 1993 tiene su capilla propia en la Catedral de la Inmaculada Concepción de Managua, donde, según la versión de los operarios que en esos momentos trabajaban en el templo metropolitano, un joven individuo con el rostro semiencapuchado arrojó un cóctel mólotov a las 11:30 horas del pasado viernes 31 de julio, lo que tuvo como consecuencia un fatídico incendio que, pese a la inmediata intervención de los bomberos, llegó a afectar severamente a la hechura cristífera. Esta versión se contradice con la de dos testigos, una vendedora de velas y un feligrés, las dos únicas personas que al parecer se encontraban en esos momentos en la capilla. Según la vendedora, mientras contaba el dinero de sus ventas notó que había fuego en el entorno de la cúpula en que se ubica la imagen de la Sangre de Cristo. Previamente al incendio, no observó a ninguna otra persona ni notó nada sospechoso en el recinto. Por su parte, el feligrés no observó a nadie que hubiese lanzado algún objeto, ni escuchó ninguna explosión. Por su parte, el equipo integrado por policias, bomberos y peritos de criminalística que investigan el siniestro, ha manifestado no haber encontrado rastros de artefactos explosivos en la capilla ni residuos de sustancias inflamables como gasolina o queroseno; solamente un pulverizador de plástico con alcohol, apenas deformado pese a las llamas, al que describen como volátil de y fácil combustión. Según la vendedora de velas, se trata de un atomizador con alcohol líquido que las religiosas le entregan diariamente a fin de que los feligreses lo utilicen para desinfección de sus manos. Asimismo, el equipo de investigación ha descartado que lo sucedido haya sido causado por un cortocicuito o fallo del sistema eléctrico. La vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo Zambrana, se adelantó al dictamen de la unidad especializada de peritos, policía y bomberos, y una hora después del incendio, aseguró que había sido causado por las velas que los feligreses encienden en torno a la imagen de la Sangre de Cristo, lo que provocó que la estructura de aluminio, las telas y las flores que adornaban la capilla se combustionasen. También lamentó la vicepresidenta que haya personas que todavía no entiendan que esas velas hay que ponerlas a cierta distancia de las imágenes para que no se produzcan eventos como este ya que hay que cuidar el patrimonio cultural. |
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Sin embargo, Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, ha rechazado de forma tajante la versión de Murillo y niega la existencia de velas y cortinas en el interior de la capilla. Para Brenes, que tampoco está de acuerdo con las declaraciones del equipo que investiga lo sucedido, hablamos de un "acto terrorista, un acto de amedrentar a la Iglesia en su misión evangelizadora", provocado y planificado con mucha calma ya que el joven encapuchado pasó veinte minutos merodeando por la catedral antes de lanzar el artefacto explosivo que causó el incendio. Brenes conectó este evento con otro ocurrido hace pocos días, en el que un hombre en una camioneta destruyó los portones del templo; también el robo de una verja, que sirvió de via de escape para el causante del fuego. Por último, el arzobispo comentó que este último ataque también está relacionado con otros que, recientemente, han sufrido varios templos y capillas en diferentes zonas de Nicaragua. La versión del arzobispo contradice con lo declarado por los dos testigos en lo referente a las velas, ya que ambos manifestaron que en el interior de la capilla siempre hay un candelabro encendido frente a la cúpula de la imagen de la Sangre de Cristo. Dicho candelabro, según la vendedora de velas, mide sobre un metro de altura, y tiene una veladora que cada mañana, a primera hora, es encendida por un sacristán. El crucificado es una talla anónima en madera policromada del siglo XVII. La piedad popular la ha cubierto de numerosos añadidos: cabellera y pestañas postizas, corona de espinas, perizoma de tela y rutilantes nimbos o resplandores a modo de potencias. Es una imagen de carnaciones morenas con las heridas propias de la Pasión, destacando las llagas del costado, manos y pies, así como las marcas de los flagelos en la espalda y los regueros de sangre que parten de la nariz y la boca y llegan hasta la barba. Su cruz cilíndrica, también de madera, posee tallas de racimos de uva y hojas de acanto que resaltan la simbología eucarística de la figura. Esta representación de Cristo en la cruz llegó a Managua el 4 de julio de 1638 procedente de Guatemala. Desde entonces, ha sido venerada en siete templos distintos de la ciudad, en parte debido a los numerosos terremotos que ha sufrido Managua a lo largo de su historia, caso de los ocurridos en 1844, 1855, 1931 y 1972. A todos ellos había sobrevivido el crucificado sin daño alguno pese a que varios de dichos templos, como Veracruz o San Antonio, quedaron destruidos tras los seísmos. Tanto por ello, como por las numerosas curaciones y prodigios que se le atribuían, fue conocido también como Señor de los Milagros por el pueblo. |
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Foto: Lázaro Gutiérrez |
www.lahornacina.com