EXPOSICIONES EN OSUNA
Pedro Jaime Moreno de Soto (03/10/2018)
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Expiración de Cristo (El Calvario) José de Ribera |
Oración en el Huerto Giovanni Bernardino Azzolino |
La significativa presencia del arte italiano en Osuna y los distintos cauces por los que se materializó durante el Barroco ha sido uno de los capítulos más relevantes en el horizonte cultural de la villa ducal andaluza. Especialmente aquel proveniente de los territorios bajo soberanía hispánica en las regiones del sur de la península y de Roma, con obras de platería, pintura sobre tabla, lienzo y cobre, grabados y principalmente escultura, en alabastro, madera y cera, procedente de talleres napolitanos, romanos y sicilianos, con especial relevancia de los trapaneses. En su mayoría fueron donadas por los duques y, en menor medida, por otras familias de la nobleza, religiosos y devotos. En este sentido, cabe destacar la fuerte vinculación que tuvieron los Girones con Italia, donde participaron en la gobernación de Nápoles, Sicilia y Milán: Pedro Téllez-Girón, I duque de Osuna, fue virrey de Nápoles (1582-1586); Pedro Téllez-Girón, III duque de Osuna, fue virrey de Sicilia (1611-1616) y de Nápoles (1616-1620); Juan Téllez-Girón, IV duque de Osuna, fue virrey de Sicilia (1655-1656); y Gaspar Téllez-Girón, V duque de Osuna, fue gobernador de Milán (1670-1674). Los virreyes, cultivando la magnificencia inherente al oficio de quienes eran los representantes del soberano e imagen de la majestad, siguieron las pautas del mecenazgo real poniendo a los artistas más pujantes al servicio de la corte, pero también de sus palacios y fundaciones religiosas en España. En la mayoría de las veces el paso por los territorios virreinales italianos supuso un profundo cambio en la trayectoria de sus colecciones artísticas, lo que afectaría a sus residencias y patronatos, e incluso a sus devociones personales. En Italia tuvieron ocasión de aumentarlas con la adquisición de una serie de obras de arte que por entonces tenían especial impacto en una clientela noble y acaudalada que, como símbolo de distinción y prestigio, fueron comunes en entornos ricos y cortesanos, que las demandaban para un culto privado o para donaciones. A la postre, todo este elenco de obras en su mayoría se concentraron en la colegiata y en el monasterio mercedario de la Encarnación y Nuestra Señora de Trápana, dos fundaciones cuyo patronato ejercían los duques de Osuna, donde el Patronato de Arte de Osuna y los Amigos de los Museos están organizando dos exposiciones, que se inaugurarán en próximo 26 de octubre, cuyo comisario es Pedro Jaime Moreno de Soto. Ambas se vertebran en torno a dos mujeres: Catalina Enríquez de Ribera e Isabel de Sandoval, III y IV duquesas de Osuna respectivamente. Con ambas exposiciones se viene a dar continuidad a la línea inaugurada hace cuatro años con la exposición A imagen y Semejanza. Escultura de pequeño formato en el patrimonio artístico de Osuna (finales de 2014 a principios de 2015), y dos años más tarde con Fernando Ortiz en el III centenario de su nacimiento y Barros con alma. Alfarería andaluza en la colección Luis Porcuna Jurado, siglos XVI-XX (finales de 2016 a principios de 2017), que fueron un éxito de crítica y público y alcanzaron una considerable resonancia y dimensión en medios escritos y televisivos tanto a nivel autonómico como nacional. En ellas colaboran el Ayuntamiento de Osuna, el Arzobispado de Sevilla, la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Diputación de Sevilla y Cajasur. |
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Custodia Obrador trapanés |
Madonna di Trapani Obrador trapanés |
Nápoles en Osuna.
José de Ribera en el legado artístico de los duques de Osuna
(1618-2018) Cuando los virreyes abandonaron de sus cargos en las cortes territoriales desviaron hacia sus lugares de origen una parte considerable de sus colecciones para decorar sus residencias y patronatos en España. Tal fue lo acontecido con la duquesa Catalina Enríquez de Ribera, esposa del III duque de Osuna, que tras abandonar la capital partenopea, en 1621 dio instrucciones para que se aprestasen carros para ir a Málaga, donde ya se había desembarcado su ropa y hacienda. Entre las pertenencias que arribaron en el puerto malacitano debían ir una decena de lienzos de procedencia italiana que, en su mayoría, habían sido adquiridos durante la estadía en el virreinato de Nápoles. Varios de ellos habían salido de los pinceles de algunos de los pintores que formaban parte del ambiente artístico más pujante que por entonces abastecía a la rica clientela de la ciudad del Vesubio. En aquel acopio se encontraban obras de considerable dimensión como la copia antigua de la "Madonna dell'Impannata", de Rafael Sanzio; una "Inmaculada Concepción" de Giuseppe Cesari; la "Aparición de la Virgen con el Niño a San Jenaro", de Fabrizio Santafede; o la "Oración en el huerto", relacionada con Giovanni Bernardino Azzolini, suegro de Ribera. Por su enorme dimensión, en aquella colección descollaban sobremanera los cinco lienzos realizados por José de Ribera: "El martirio de San Sebastián", "San Jerónimo penitente", "Las lágrimas de San Pedro", "El martirio de San Bartolomé" y la "Expiración de Cristo". La referencia en la que se acota la fecha del envío de la duquesa resulta de interés entre otras cosas ya que durante años se había conjeturado sobre la posibilidad de que Diego Velázquez, con anterioridad a su primer viaje a la corte madrileña en 1622, hubiera conocido los lienzos de José de Ribera que se encuentran en Osuna, que han sido considerados una de las primeras vías de introducción del pleno Barroco pictórico en la metrópolis sevillana. A esta interesante contribución documental posteriormente se han sumado nuevos datos que han permitido arrojar cierta luz sobre los cinco lienzos del pintor de Játiva, en aspectos, algunos polémicos, como la fecha de ejecución; la relación que con la corte virreinal mantuvo el artista valenciano, que aparece en la documentación contable ducal como "pintor de su Excelencia" cuando no había transcurrido todavía un año de la entrada triunfal de Osuna en Nápoles; o el gran protagonismo que en los encargos tuvo la duquesa. Para ella precisamente, José de Ribera habría comenzado a pintar alrededor de abril de 1617 la "imagen de un Christo" ("Expiración de Cristo"), en el que todavía trabajaba en marzo del año siguiente. Según se ha planteado, la obra debió estar acabada para Semana Santa del año 1618. Finalmente, todo aquel legado fue donado por la duquesa a la colegiata de Osuna 13 de abril de 1627. Por ello, en este año que se cumplen 400 años de la ejecución de la obra más emblemática de Ribera conservada en la localidad andaluza, el Patronato de Arte ha organizado la exposición Nápoles en Osuna: José de Ribera en el legado artístico de los duques de Osuna (1618-2018), que se celebra en la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción. La muestra no solo tiene por objeto reflexionar sobre la obra de un artista esencial en la pintura barroca europea, también presenta el interés de mostrarla por primera vez en el contexto traído desde Italia, que se expone ahora por primera vez en un espacio expositivo único que permite apreciar la dimensión del conjunto en su totalidad, a excepción de la décima obra no identificada. Se ofrece además como una ocasión para confrontar el estilo de una serie de artistas coetáneos, entre los que se aprecia un amplio espectro artístico, desde los que se mantuvieron aferrados a determinados postulados retardatarios hasta los que se dejaron impregnar por las nuevas corrientes surgidas en la Italia de momento y, de manera particular, en la capital partenopea. |
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Ecce Homo Obrador siciliano |
Cruz-relicario Obrador trapanés |
Obras del barroco italiano en el monasterio de Nuestra Señora de Trápana En paralelo al caso excepcional protagonizado por la duquesa y su enorme legado, la muestra más contundente del fenómeno de importación en Osuna podemos contemplarla en la exposición Obras del barroco italiano en el monasterio de Nuestra Señora de Trápana, que simultáneamente a la anterior se celebra en el cenobio de mercedarias descalzas de la Encarnación. En su fundación de nuevo tomó especial relevancia el enorme vínculo de los duques con Italia, y más concretamente con Sicilia, lo que propició que una de las devociones de mayor repercusión de la región, la de la Madonna di Trapani, a la que hicieron donaciones Pedro Girón y su esposa Catalina Enríquez de Ribera durante su primer virreinato, se dejara notar en la villa andaluza. En la potenciación de la devoción siciliana resultó fundamental Isabel de Sandoval y Padilla, esposa de Juan Téllez Girón Enríquez de Ribera (1597-1656), que fue nombrado virrey de Sicilia en 1655. En 1626 la duquesa fundó en el antiguo hospital de la Encarnación de la localidad andaluza un monasterio de monjas mercedarias descalzas, que por expreso deseo puso bajo la advocación de Nuestra Señora de Trápana. Además hizo donación de una serie de obras de gran valía, que debió adquirir en Italia, entre ellas una espléndida escultura de la Madonna di Trapani, a las que posteriormente se unieron otras creaciones de la misma procedencia, con las que se compuso un elenco de piezas destacables que convirtieron a la fundación en un particular foco cultural. Esculturas en madera y alabastro del sur de Italia, una magnifica custodia de coral de Trápana, una cruz-relicario romana, o un relicario y una cruz-relicario identificados como piezas salidas de los obradores trapaneses, son algunas de las obras que se muestran en esta exposición. |
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Horarios: martes a domingo, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas; lunes, cerrado.
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