NUEVA OBRA DE JOSÉ MARÍA MOLINA PALAZÓN

Javier Morote Martínez (22/11/2011)


 

Galería de Fotos

 

El joven escultor de Blanca (Murcia) vuelve a dar muestras de su buen hacer escultórico, esta vez con una obra realizada siguiendo la técnica de fundición en bronce a la cera perdida. Como va siendo habitual en este prometedor valor de la joven escuela murciana, nos presenta una concepción plástica que huye de los habituales y tradicionales arquetipos iconográficos que le preceden. Es por ello que nos adentra en una realidad cotidiana que nos impregna de todo el momento que se vivifica y a su vez nos hace interactuar con la obra haciéndonos partícipes de la misma a través de las premisas bajo las que articula su composición.

La idea de la realización de esta obra surge con la intención de homenajear la Semana Santa de Blanca, por su perdurabilidad durante tantos siglos, y en memoria de todos los que aportaron su trabajo para engrandecer este acontecimiento, no solo religioso sino también sociocultural.

A la hora de plantear la composición del monumento, Molina Palazón ha tenido que valorar aspectos formales que obligatoriamente la futura obra debería compendiar para poder reflejar toda su carga emotiva e histórica: en primer lugar, la tradición y transmisión familiar de padres a hijos de esta más que centenaria fiesta, de ahí esa madre nazarena con su pequeña nazarenita niña en brazos que, presa de júbilo y entusiasmo, tiende cariñosamente su tierna manecita dialogante al público contemplativo y expectante del desfile procesional. La empatía escultórica que el escultor blanqueño logra entre este monumento y el espectador contemplativo itínere o estático, va más allá del mero y puro deleite visual, ya que por medio del gesto de la niña en ademán parlante que aupa su madre, conecta con el viandante y lo adentra automáticamente en la escena que todos los años en su época primaveral revive la localidad de Blanca; por otro lado la captación plástica de un nazareno que aunara y representara a todas las hermandades y cofradías integradas en el Cabildo de Semana Santa de Blanca, a la vez que refleja una estampa costumbrista de los desfiles en la particular Semana de Pasión blanqueña; finalmente, el carácter religioso que logra disponiendo una nazarena con su rostro descubierto antes de iniciar el desfile procesional, con un gesto que busca en su consecución una manifiesta búsqueda de silencio espiritual, un silencio que interiorizará cuando descuelgue el capuz que habrá de cubrir su cara.

La obra broncínea aúna dos tipologías escultóricas: la escultura de bulto redondo propiamente dicha, que nos lleva a contemplar la misma desde una variedad infinita de puntos de vista en todo su carácter tridimensional, y el relieve, presente en la ejecución de los bordados de las túnicas y en los medallones.

Su ubicación, por el flujo constante de viandantes, se halla en la Placeta de las Monjas, antesala del Colegio la Milagrosa de Blanca, un particular espacio que brinda una perfecta contemplación tridimensional, y por cuyas proximidades discurren la gran mayoría de procesionales de la Semana de Pasión de esta lírica villa murciana.

 

Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de la obra
y su proceso de ejecución a través del icono que encabeza la noticia.

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com