CALDERÓN Y LA PINTURA

10/05/2023


 

 
 

San Antonio Abad y San Pablo (Diego Velázquez)

 

Organizado conjuntamente por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el Museo Nacional del Prado de Madrid, el itinerario Calderón y la pintura pretende, hasta el 10 de septiembre de 2023, invitar al público a contemplar la pintura barroca de la colección permanente del Prado desde la sutilidad conceptual y estética del dramaturgo y escenógrafo Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681).

Concebido como una intervención en 13 salas de la planta primera del edificio de Villanueva y en la propia Galería Central, el itinerario, comisariado por Albert Arribas y Xavier Albertí, consta de tres niveles expositivos que se complementan entre ellos. Una selección de citas calderonianas, colgadas en las paredes, propone un sugerente diálogo entre la lucidez del escritor y el lenguaje de los pintores barrocos. Al mismo tiempo, una serie de cuadros, comentados en relación al teatro calderoniano, permiten recorrer algunas de las inquietudes más significativas para el escritor y su época, tanto temáticas como formales. Y, para profundizar en ellas, el recorrido se completa con varios textos que contextualizan su pensamiento en relación a la pintura.

Calderón fue un gran amante del arte, y en particular del arte de Velázquez. Además de cultivar ese gusto como coleccionista, al final de su carrera teorizó sobre esa forma de expresión artística en un pleito por impuestos entre el procurador general de Madrid y los pintores de la ciudad, quienes pidieron que Calderón declarara como testigo en su favor por la inclinación que el escritor siempre había tenido hacia la creación pictórica. Además, en su teatro abundan las reflexiones sobre nuestro modo de aprehender la realidad y "cifrarla" en cambiantes discursos mitológicos, filosóficos, teológicos, artísticos o científicos. Pocos autores supieron imbricar tan íntimamente belleza y pensamiento como Calderón. Tras sus conflictos dramáticos suele subyacer el problema de la percepción y la comunicación, e incluso varias de sus obras muestran a pintores en acción, como "El pintor de su deshonra" o "Darlo todo y no dar nada", que retrata la relación de Felipe IV con Velázquez a través de los personajes de Alejandro Magno y el gran pintor Apeles.

En el siglo XVI, los numerosos hallazgos sobre el funcionamiento del cuerpo humano y su "sensible" relación con el mundo aceleraron una revolución filosófica y sociológica que situaría la sensibilidad en el centro de muchas jerarquías de nuevo cuño. El conocimiento empírico se hizo cada vez más metódico, lo que llevó a cuestionar las viejas autoridades. En ese mismo sentido, el teatro de Calderón no cesa de recordarnos que la traducción fue un fenómeno cultural de enorme relevancia para su época, no solo porque contribuyó a revisar los postulados clásicos al releer críticamente las fuentes, sino porque además evidenció la influencia que los procesos interpretativos ejercen sobre la realidad. En cierto modo, las fábulas mitológicas, los dogmas religiosos, las técnicas artesanales o los usos pictóricos, así como la captación de los estímulos a través de los sentidos y el sistema nervioso, traducen lo real desde las limitaciones humanas. Y tener consciencia de ello aboca al individuo a replantearse su identidad y su encaje en el universo.

 

 
 

Vanitas (Andrés Deleito)

 

Si el teatro de Calderón ha ejercido un fuerte influjo sobre grandes artistas posteriores, en buena parte es debido al protagonismo que este autor otorga a la reflexión sobre el conocimiento y sus deficiencias insalvables. Aunque las obras calderonianas a veces tengan una carga dogmática o propagandística, siempre hay en ellas una crítica a las convenciones y al lenguaje, lo cual anticipa sutilmente los profundos cambios que harían tambalear aquellos regímenes que el dramaturgo dice reivindicar. En cierto modo, lo mismo sucedía con el creciente protagonismo de la pincelada en la obra de Velázquez, la corporalidad en la de Rubens o la luz en la de Caravaggio. Mientras que estos pintores se erigieron en cómplices necesarios de su presente político y religioso, el trabajo formal que proponían cuestionaba las doctrinas de su época y anunciaba rupturas posteriores.

En el teatro de Calderón, el mundo es entendido como la proyección de una realidad más amplia, de manera que la vida consiste en un teatralizar perpetuo. Ese enfoque pone de manifiesto la enorme influencia que los creadores pueden ejercer sobre los imaginarios colectivos. Para acceder a la realidad, nuestra inteligencia debe pagar el peaje de los sentidos y las formas de representación. Para construir la memoria colectiva, la mediación artística resulta inevitable. En el Barroco, el hecho de saberse seres corporales caracterizados por su caducidad no invalidó la conciencia metafísica, pero los acelerados cambios que trajo consigo la nueva comprensión del cuerpo acabaron por problematizar la dimensión simbólica de lo humano. Como muestran las obras de Calderón, la época reflexionó ampliamente sobre la felicidad y el modo de trascender los límites temporales, en un contexto en el que se estaban replanteando los mecanismos de "validación" simbólica de la existencia.

Para reconocer la complejidad intelectual de las obras de Calderón, debemos entender también que la Reforma y la Contrarreforma no fueron fenómenos homogéneos ni exactamente antagónicos. De hecho, el sincretismo con la cultura clásica y el redescubrimiento del cristianismo primitivo dinamizaron los discursos teológicos a lo largo de toda Europa, creando unas bases comunes para desarrollar el pensamiento científico contemporáneo. La cosmovisión occidental estaba cambiando tras el desembarco europeo en América. Así, algunos de los centros que habían sustentado las antiguas jerarquías fueron desplazados, ya cambio se revitalizaron otros ámbitos hasta entonces periféricos, que ganaron legitimidad para negociar sus intereses. A la par que la navegación daba acceso a "nuevas" realidades, las técnicas modernas se lanzaron a "descubrir" los cuerpos humanos, celestes y terrestres, lo cual impulsó un creciente materialismo que acabaría destronando los viejos idealismos.

 

 
 

Cristo crucificado con un pintor (Francisco de Zurbarán)

 

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