ARTEMISIA GENTILESCHI EN LA NATIONAL GALLERY DE LONDRES

08/07/2020


 

 
 
Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría

 

En la Europa del siglo XVII, en un momento en que las mujeres artistas no eran aceptadas fácilmente, la pintora Artemisia Gentileschi (Roma, 1593 - Nápoles, hacia 1654) fue una excepción. Ella desafió convenciones y expectativas para convertirse en una de las mejores y más exitosas figuras artísticas de su tiempo.

Artemisia pintó temas que, tradicionalmente, estaban reservados a los artistas masculinos y para las miradas masculinas, transformando sirvientas mansas en valientes conspiradoras y víctimas en supervivientes.

Pospuesta hasta nuevo aviso debido al COVID-19, la muestra Artemisia de la National Gallery de Londres, la primera gran exposición importante de su obra en Reino Unido, mostrará al público sus pinturas más conocidas, incluidas dos versiones de su icónica y visceralmente violenta Judit decapitando a Holofernes, así como sus autorretratos, heroínas de la historia y la Biblia, y cartas personales recientemente descubiertas.

Artemisia seguirá los pasos de la artista desde Roma a Florencia, Venecia, Nápoles y Londres. Los visitantes podrán escuchar su voz a través de sus cartas y ver el mundo a través de sus ojos.

Nacida en Roma en 1593, Artemisia fue criada por su padre, el pintor Orazio Gentileschi. Ella aprendió junto a sus tres hermanos en el taller paterno, donde demostró ser la más talentosa de todos. Con 17 años fue violada por el pintor Agostino Tassi. Tras el infame juicio 1612, en el que fue sometida a extenuantes interrogatorios y torturas, Tassi fue declarado culpable, pero nunca se le hizo cumplir su castigo. La historia de su violación ha definido la forma en que los historiadores de arte hablan de Artemisia, especialmente las escenas explícitamente violentas de sus obras en las que una poderosa heroína es la principal protagonista. No obstante, si bien la identidad personal de Artemisia está estrechamente entrelazada con su producción artística, hay muchas otras experiencias que moldearon su vida y su arte.

Después del juicio, Artemisia se casó con un artista florentino poco conocido y se fue de Roma a Florencia. Allí tuvo cinco hijos y se estableció como una artista independiente, convirtiéndose, en 1616, en la primera mujer en ser miembro de la Academia de las Artes del Dibujo.

Artemisia regresó a Roma en 1620 convertida ya en una artista muy solicitada con una "casa llena de cardenales y príncipes que querían obras de ella". Seguía las maneras de Caravaggio y, al igual que sus homólogos masculinos, abordaba grandes temas históricos y bíblicos, con un estilo propio y definido.

Los últimos 25 años de su vida los pasó en Nápoles, donde abrió un exitoso taller, un logro extraordinario para una mujer de su época, sobre todo considerando que no estaba empleada permanentemente en una corte real, ni disfrutaba de la protección de un marido rico, poderoso o influyente.

En su Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría (imagen superior), se muestra como la mártir del siglo IV que fue condenada a muerte por el emperador Majencio. La santa estaba destinada a morir por la acción en su cuerpo de unas ruedas giratorias tachonadas con púas de hierro. Salvada por la intervención celestial, fue decapitada más tarde, pero el instrumento de su tortura, una rueda rota, se convirtió en su atributo más común a la hora de representarla en el arte. Artemisia eligió deliberadamente usar su propia imagen para la mártir y representa a Santa Catalina como una mujer determinada y empoderada después de su rescate divino.

 

 
 
Susana y los viejos

 

Como hemos apuntado, Artemisia se hizo famosa pintando mujeres poderosas, pasionales y vulnerables, caso de Susana. En Susana y los viejos, aporta una nueva perspectiva femenina a la historia apócrifa del Antiguo Testamento sobre la virtuosa Susana, que es espiada mientras se baña en su jardín. Artemisia se enfoca en la modestia y la evidente angustia de la heroína al ser sorprendida por los dos viejos lujuriosos. El intento fallido de Susana de alejarse y ocultar su desnudez solo parece atraer aún más a los ancianos, y a nosotros, como espectadores. Artemisia hizo cambios en la composición mientras pintaba, introduciendo más espacio alrededor de la cabeza de Susana para enfatizar su aislamiento y vulnerabilidad.

Otros apócrifos del Antiguo Testamento cuentan cómo Judit, una viuda judía, salvó la ciudad de Betulia de los asirios al matar a su general, Holofernes. Vestida con sus mejores ropas, entró en el campamento enemigo y, después de cenar con Holofernes en su tienda, esperó a que se durmiera antes de cortarle la cabeza. En Judit y su sirvienta, Artemisia imagina las secuelas de este acto violento, con Judit y su criada temerosas de ser descubiertas y preparándose para escapar. La espada de gran tamaño de Holofernes descansa sobre el hombro de Judit. La proximidad de su espada a su cuello expuesto es un recordatorio de lo que acaba de suceder.

Con Cleopatra, muestra a la reina egipcia del siglo I a.C. reclinada en su dormitorio, suicidándose tras conocer la muerte de su amante Marco Antonio. El poeta Plutarco cuenta cómo Cleopatra fue mordida por un áspid escondido en una canasta; de hecho, en el cuadro se puede ver a la serpiente deslizándose a su lado. Artemisia pinta a Cleopatra sucumbiendo a su mordisco venenoso: su cabeza descansa lánguidamente sobre su mano, su piel está mortalmente pálida y sus labios se vuelven azules. En el fondo, las dos criadas de Cleopatra irrumpen en la habitación, justo a tiempo para ver a su reina exhalando su último aliento.

La historia de Lucrecia, su violación por parte de Sexto Tarquinio y su posterior suicidio para proteger su honor está tomada del poeta romano Livio. No es difícil imaginar, siguiendo su propia experiencia de violencia sexual, que Artemisia hubiera sentido una empatía particular por esta heroína. La composición muy recortada de su obra Lucrecia nos acerca incómodamente a los momentos finales del personaje. Los labios abiertos y el ceño fruncido de la heroína transmiten su sensación de angustia y determinación. Artemisia presenta a Lucrecia no como una víctima, sino como una mujer a cargo de su propio destino.

En el libro apócrifo de Ester, la heroína judía recién casada se presenta ante su esposo Asuero, rey de Persia, para suplicarle que revoque una decisión de que todos los judíos que viven en Persia deben ser masacrados. Aparecer ante el rey sin ser convocado era castigado con la muerte y Ester, que ayunó durante tres días y se debilitó considerablemente, se desmayó en su presencia. En lugar de ser castigada, Ester logró anular el decreto y, por lo tanto, se la vio como un símbolo de coraje femenino. En Ester ante Asuero una obra que está entre las composiciones más ambiciosas del artista, Artemisia representa el momento culminante de la narración.

 

 
 
Judit y su sirvienta

 

Segura y decidida, apasionada y a veces vulnerable, la voz de Artemisia se hace realidad por primera vez a través del juicio por su violación que condenó al pintor Agostino Tassi. El testimonio de Artemisia, de 18 años, nos ha llegado en forma de una transcripción de las actuaciones del juicio (conservado en el Archivio di Stato en Roma). Además de describir la agresión sexual, Artemisia afirma repetidamente que está diciendo la verdad y para probar la veracidad de su declaración, es torturada usando el "sibille" (cuerdas envueltas alrededor de los dedos y apretadas). A medida que los cordones se tensan, se registra que dice:

 

"He dicho la verdad y siempre lo haré, porque es verdad y estoy aquí para confirmarla cuando sea necesario".

 

Luego, volviéndose hacia Tassi, que le había prometido falsamente su matrimonio, Artemisia ironiza:

 

"Este es el anillo que me das y estas son tus promesas".

 

A partir de estas palabras que nos han llegado, ya podemos apreciar el espíritu, la resistencia y la fuerza de carácter de Artemisia; rasgos que también emergen de las cartas que escribió más tarde en la vida.

En 2011, se descubrió un grupo de cartas escritas por Artemisia y su esposo Pierantonio Stiattesi al amante de ella, el florentino Francesco Maria Maringhi. Enviadas cuando los amantes vivían en diferentes ciudades, Artemisia en Roma, Maringhi en Florencia, las misivas ofrecen un vistazo a los pensamientos y sentimientos más íntimos de Artemisia. Artemisia aprendió a leer y escribir en Florencia. En el juicio de 1612 afirmó ser analfabeta (o, al menos, apenas sabía leer y no sabía escribir). Los errores gramaticales y la ortografía fonética en la escritura de Artemisia simplemente se suman al fuerte carácter que emerge de sus cartas.

La pasión de Artemisia no solo se dirige a Maringhi, se comunica por ejemplo con igual celo sobre la muerte de su hijo Cristofano, de cuatro años y medio. Su personalidad nos obliga a ajustar cualquier preconcepción que pudiéramos tener de ella como víctima; por el contrario, en su correspondencia vemos a una mujer ingeniosa y apasionada, decidida a controlar su propio destino y ganar el respeto que se merece.

 

 
 
Cleopatra

 

La historia de amor de Artemisia y Maringhi probablemente comenzó hacia 1618: la primera carta en la que Artemisia se dirige a él con ternura ("mio carisimo core") probablemente data de esta época. En estas cartas privadas a Maringhi, Artemisia describe su estado mental y su apariencia. En una, ella describe haber engordado considerablemente, alegando que él apenas la reconocería y comparando su transformación física con las "Metamorfosis" de Ovidio (por lo tanto, aludiendo juguetonamente a sus enlaces amorosos).

Su referencia a Ovidio es solo una de las numerosas citas en sus cartas, revelando que Artemisia es mucho más culta de lo que se había pensado. Las referencias a Petrarca y Ludovico Ariosto, poetas del Renacimiento, sugieren que estaba familiarizada con tales escritos, aunque probablemente a través de recitaciones o de la palabra hablada, en lugar de haber leído estos textos de primera mano.

La personalidad ardiente y la vulnerabilidad de Artemisia también aparecen en sus cartas: en una, escrita solo cinco días después de la muerte de su hijo, Artemisia le dice a Maringhi que la fortuna le ha dado la espalda. Angustiada por el dolor, afirma que sus desgracias son mucho mayores que las de él y continúa reprochándole a su amante la brevedad de sus cartas, que ella interpreta como signo de afecto decreciente.

Después de un período relativamente intenso pero breve de intercambio de cartas privadas entre 1618 y 2020, se hace el silencio. Solo volvemos a ponernos en contacto con la voz de Artemisia en las décadas de 1630 y 1640, una vez afincada en Nápoles, donde permaneció hasta el final de su vida a excepción de un breve viaje a Londres. Las cartas que sobreviven a partir de este período son muy diferentes: la mayoría se dictan a escribas o secretarias y muchos originales ya no existen, conociéndose solo a través de transcripciones.

Las cartas napolitanas se refieren principalmente a asuntos profesionales y están dirigidas a contactos y clientes como el anticuario Cassiano dal Pozzo, el astrónomo Galileo Galilei o el coleccionista siciliano Antonio Ruffo. Ella habla de pagos, encargos y pinturas que se envían a toda Europa mientras intenta buscar empleo permanente en otro lugar, pues se queja amargamente de la vida en Nápoles, del alto costo de la vida y de sus dificultades financieras. Sin embargo, la carrera de Artemisia prosperó y, como sabemos, dirigió un próspero taller en Nápoles en el que su único vástago sobreviviente, su hija Prudenzia, presumiblemente se formó.

 

 
 
Lucrecia

 

En sus cartas enviadas desde Nápoles Artemisia hace algunas de sus declaraciones más audaces, afirmando su posición como una profesional seria. En 1649, mientras defiende el precio que está cobrando por una ambiciosa obra que contiene ocho figuras, dos perros, un paisaje y agua, le asegura al coleccionista Ruffo que:

 

"conmigo Tu Ilustre Señoría no perderá y encontrarás el espíritu de César en el alma de una mujer".

 

Se determinó que Artemisia era considerada igual a cualquier artista masculino y, aunque reconoce las ideas preconcebidas sobre el momento en que "el nombre de una mujer plantea dudas hasta que se ve su trabajo", le asegura que sus obras "hablarán por sí mismas". Pocos meses después, proclamó al mismo mecenas:

 

"Le mostraré a Su Ilustre Señoría lo que una mujer puede hacer".

 

Tenemos que conformarnos con fragmentos (testimonios en el juicio por violación, comunicación privada con su amante, cartas a clientes y clientes) para escuchar la voz de Artemisia Gentileschi. Y, sin embargo, 400 años después, sus palabras suenan fuertes y verdaderas, evocando una imagen de una mujer ferozmente independiente que, a pesar de las limitaciones de género que sufrían las mujeres de su época, estaba decidida a encontrar el éxito y tomar el control de sus asuntos personales y profesionales.

 

 
 
Ester ante Asuero

 

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