La talla elegida, realizada en madera de cedro dorada, estofada y policromada, es de bulto redondo, concebida para ser vista de manera perpendicular, ya que va colocada en la hornacina derecha de la capilla bautismal donde reside la Hermandad de las Tres Caídas, en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Huelva.
La escultura mide 64 x 135 cm, y la peana sobre la que se asienta 60 x 110 cm. En su composición han colaborado el taller Orfebrería San Juan, el taller Orfebrería Jesús Domínguez y Antonio Jesús del Castillo, integrante del taller de bordados Santa Bárbara.
El Apóstol Santiago que dicha cofradía ha elegido solía denominarse en la antigüedad Santiago "Matamoros", ya que aparecían moriscos bajo los cascos del caballo blanco, en alusión a lo acontecido el 23 de mayo -fecha en la que la Cofradía de las Tres Caídas le rinde culto-, cuando se consumó la pérdida de la batalla por los musulmanes gracias a la intercesión del Apóstol en la Batalla de Clavijo:
"Corría el siglo IX y la península ibérica se hallaba en su mayor parte bajo el dominio musulmán. Desde finales del siglo anterior, los reyes cristianos de Asturias estaban obligados a pagar un tributo a los emires árabes consistente en cien Doncellas como pago por una ayuda prestada. En el año 844, el rey Ramiro I de Asturias no realiza el pago del tributo de forma correcta y el emir Abderramán II decide enviar un ejército para castigar a los cristianos que han incumplido sus pagos. El rey Ramiro sale con su ejército a enfrentarse contra los musulmanes y el contacto se produce cerca de Nájera y Albelda, en lo que hoy es La Rioja. El ejército musulmán supera en número a los cristianos y éstos, al verse rodeados, se refugian en el monte Lanturce, también llamado Collado de Clavijo, atrincherándose para pasar la noche e intentar hacerse fuertes para evitar ser destruidos totalmente. Durante la noche, el rey Ramiro soñó con el Apóstol Santiago, el cual le animó para que combatiese al día siguiente, asegurándoles su intervención. Al día siguiente, 23 de mayo de 844 se aparece en plena batalla el Apóstol con una cruz roja en forma de espada. Al grito de "Que Dios nos ayude y Santiago" los musulmanes de Abderramán II fueron totalmente derrotados.
En agradecimiento de esta ayuda y para implorar la protección del Apóstol Santiago sobre España, el rey Ramiro I se comprometió para sí y para sus descendientes con el Voto de Santiago, consistente en un voto sagrado y solemne que comprometía a abonar las primicias de las cosechas de cada año y el equivalente al gasto de un caballero en combate para la diócesis de Santiago. Este voto fue abolido por las cortes de Cádiz en 1812, casi 1000 años después de los hechos que lo inspiraron.
Hasta aquí la leyenda tomada como realidad histórica por muchos españoles, pero los hechos reales son bien distintos. La batalla de Clavijo como tal probablemente no existió, el Apóstol Santiago no se le apareció al rey Ramiro, y por supuesto, el emir Abderramán no salió de Córdoba para cobrar un tributo impagado por los asturianos. No existen referencias a la batalla hasta el siglo XIII, en el cuál, el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez relata la batalla. Los historiadores modernos no se ponen de acuerdo en los orígenes de la leyenda, si bien parece que hubo una batalla en la zona en el año 860 entre el rey Ordoño I de Asturias y el Banu Qasi Muza, gobernador de aquellas tierras. Pero incluso estos datos son puestos en duda por otros historiadores, que indican la existencia de una batalla en el año 851 u 852 entre los gascones y Qasi Muza, que la tradición atribuyó posteriormente a Ordoño I. Es más, es incluso posible la existencia de las dos batallas (851 y 860).
De toda esta maraña de nombres, fechas e hipótesis hay que destacar una consecuencia clara: la importancia que tomó la figura del Apóstol Santiago en la Reconquista y por extensión a toda la Historia militar de España.
La leyenda bien pudo nacer como una forma de justificar los votos que los fieles debían pagar al Apóstol Santiago y que irían a engrosar las arcas de la diócesis de Santiago de Compostela, pero el efecto fue mucho mayor. Antes de las batallas se rezaba a Santiago implorando su ayuda, los soldados se lanzaban a la batalla con el grito de "¡Santiago!" tal y como reza el Poema de Mío Cid (Los moros gritan ¡Mahoma! y los cristianos ¡Santiago!). Se aparece antes de batallas decisivas (Simancas, Coimbra, etcétera) y es el encargado de coronar a algunos reyes de Castilla.
En esta época tiene su origen la figura de Santiago Matamoros o Santiago Caballero. Una iconografía que representa al apóstol montado sobre un caballo, vestido con armadura y blandiendo una espada. Esta representación va ganando terreno frente a otras, quedando patente su papel militar y señorial y convirtiéndose en símbolo del caballero feudal, modelo social de la época.
De esta forma, el Apóstol Santiago se convierte en el estandarte de la Reconquista cristiana frente al Islam en la península Ibérica, extendiéndose su devoción hacia el sur al mismo tiempo que los ejércitos cristianos se adentraban más en tierras de Al-Ándalus".
Era la primera vez que el escultor rondeño, afincado en Sevilla, llevaba a cabo esta iconografía, pero en nada se ha notado gracias a su iniciativa y a la gran ilusión que mostró desde que los promotores de la obra (Comisión Santiago Apóstol y Hermandad de las Tres Caídas de Huelva) le presentaron el proyecto. El problema era la figura del caballo, siempre difícil de representar, pero gracias a grandes bosquejos realizados en la Real Maestranza de Caballería de su ciudad natal, el autor ha conseguido darle la prestancia y el empaque necesarios. El encargo también fue encargado debido a la gran calidad que dicha Comisión observo en las imágenes de pequeño tamaño realizadas por Pérez Rojas, plenas de minuciosidad y expresividad.
El planteamiento es el de un hombre a caballo en actitud de ofrecimiento. Al modificarse sustancialmente la tradicional iconografía de Santiago "Matamoros", podría resultar extraña (por los elementos suprimidos) una disposición tremendamente agitada tanto del caballo como del santo.
Nuestra propuesta partió de un conjunto en movimiento: el caballo andando y el santo victorioso en actitud próxima al espectador. Por ello Santiago aparece subido a horcajadas, girando el torso y la cabeza para dotar de cercanía el gesto pretendido. Los brazos, extendido el derecho, tendiendo la mano, y el izquierdo sujetando la bandera con la cruz. Las piernas, recogida la derecha y extendida la izquierda, jugando también con el paso del caballo.
El santo luce manto anudado en el pecho y desplegado hacia atrás por la propia inercia de la marcha, cayendo por ambos flancos del animal. Posee también túnica amarrada a la cintura que cae hasta las rodillas, permitiendo ver el estudio anatómico de las piernas y la composición de la montura. El caballo se muestra poderoso e itinerante, con una ligereza que representa el momento del paso.
En la policromía se ha empleado la técnica del estofado, dotándolo de una riqueza mayor. La túnica es carmesí y el manto azul pavo. Las decoraciones empleadas son vegetales, florales y geométricas, enmarcadas con una cenefa en el perímetro que las dota de mayor orden. Las decoraciones no solo se extienden por las ropas sino también por las botas del apóstol o la silla del caballo. Los colores utilizados son brillantes y vivos, mezclando los cálidos (rojos, naranjas e incluso el oro) con otros fríos como celeste, violeta, etcétera.
Destacamos por último la encarnadura mate y suave, propia del artista, resaltando el color rosáceo de las mejillas.
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