NUEVA OBRA DE JUAN ALBERTO PÉREZ ROJAS

01/04/2025


 

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El nuevo conjunto escultórico de la Sagrada Familia (65 cm, colección particular de Marbella) realizado por el escultor Juan Alberto Pérez Rojas, simboliza, de manera singular, la unidad y el amor familiar en la tradición cristiana. A menudo, se les representa en escenas cotidianas, como en el hogar, enfatizando su vida familiar y su papel en la historia de la salvación. En nuestro caso, el autor ha configurado el conjunto de manera serena y delicada. Esta iconografía ha sido un tema recurrente en la escultura a lo largo de la historia del arte, y se ha representado de diversas maneras en diferentes estilos y épocas. La expresión escultórica de este conjunto retoma esta tradición y la actualiza para la devoción particular, clientela que ha atesorado valiosas obras de arte y que ha fungido como mecenas de las artes y protectores de artistas a lo largo de la historia.

La composición del conjunto se articula en torno a la ternura que derrocha el gesto de la Virgen María sosteniendo cariñosamente al niño Jesús dormido. San José acompaña la escena y contempla el delicado momento. La escultura de la Virgen se muestra rotunda, reposada en clásico contraposto sobre su pierna izquierda, adelantando la derecha. Sobre sus brazos, acuna al Divino Infante que yace dormido, reposando su bracito derecho sobre su barriga y dejando caer el izquierdo, representando la naturalidad en el gesto. Esto contrasta con su futura misión como Salvador, recordando a los fieles que Dios se hizo humano y experimentó la fragilidad de la vida.

María es representada con un manto azul verdoso, simbolizando su pureza y su papel como madre de Dios. El autor lo ha dispuesto cubriendo los hombros y quedando recogido en ambos brazos, lo que determina un rítmico juego de líneas que nos llevan al centro atención de la pieza, el niño Jesús y la mirada de su madre. La túnica, de color rosáceo, en alusión a la ternura y compasión que expresa la composición. La cabeza, en delicadísimo gesto, se inclina hacia su izquierda, y con entornada mirada, contempla a su Hijo dormido. Luce velo, de color marfil, prenda con una rica simbología en la tradición cristiana. Generalmente, se asocia con la modestia, la pureza y la protección. El velo representa la humildad de la santísima Virgen y su papel como madre de Jesús, expresando su dedicación y entrega.

La figura de san José, por su parte, aparece como protector de la familia. Con delicadeza arropa a la Virgen con su brazo derecho mientras sujeta con la mano izquierda la vara florida. La bella testa, muestra unas facciones varoniles, representado en su plenitud de fuerza, reforzando el papel custodio de Jesús y de María. La representación de san José con una vara florida es un símbolo muy significativo en la iconografía cristiana. La vara florida representa la pureza y la fertilidad, y está asociada con la elección de san José como esposo de la Virgen María. Esta imagen resalta su papel como protector y guía de la Sagrada Familia. Además, la floración de la vara puede interpretarse como un signo de la gracia divina y la bendición que recibió al ser el padre adoptivo de Jesús. Es una plasmación hermosa que refleja tanto su virtudes como su importancia en la tradición cristiana.

Los ropajes han sido dispuestos de manera que cae el manto sobre su hombro izquierdo, estando el otro extremo recogido en la cintura y dejando libre su brazo derecho que facilita el gesto de arropar a la Virgen. Los colores empleados por el escultor en los ropajes de san José nos remiten a la iconografía tradicional cristiana y tienen significados simbólicos que reflejan su papel como figura central en la Sagrada Familia y su carácter. La túnica, en color ocre terroso suele representar la humildad y la sencillez de vida como carpintero. El manto, verde, manifestando la esperanza y la renovación. Para el forro del manto ha optado por el morado, signo de realeza y autoridad que resalta su papel como el protector y custodio.

La ornamentación realizada por el artista en ambas esculturas le aporta una elegancia al conjunto que enriquece y refuerza el simbolismo de la escena. Los dibujos de rocalla, han sido dispuestos de manera elegante, alternando tornapuntas en "c" y "s", coronados en muchas ocasiones con rocalla que simboliza la belleza de la naturaleza y la creación divina. La incorporación de estos elementos naturales que se introdujeron en el siglo XVIII, buscan reflejar la grandeza de la obra de Dios.

Las formas onduladas y fluidas de la rocalla contribuyen a vivificar la escena, representando el movimiento y la vida, evocando la idea de que la creación está en constante cambio y evolución.

Los complementos de orfebrería, particularmente el nimbo de san José, refuerza la estética del conjunto al componerse con recursos ornamentales como los empleados en los ropajes. La Virgen luce un sencillo aro con doce estrellas como un símbolo de su pureza y su papel como Reina del Cielo. En la tradición católica, se asocian con los doce apóstoles, las doce tribus de Israel, lo que refuerza su importancia en la historia de la salvación. En el libro del Apocalipsis, se menciona a una mujer vestida de sol con una corona de doce estrellas, lo que ha llevado a muchos a ver en esta imagen una representación de María.

En conclusión, este nuevo conjunto escultórico retoma toda la tradición escultórica, la actualiza y aporta la particular visión del artista en esta iconografía que muestra su buen hacer en el arte de la imaginería.

 

Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de la obra a través del icono que encabeza la noticia.

 

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