JUAN DE JUANES. PIEZA INVITADA EN EL MUSEO CATEDRAL DE SANTIAGO

07/07/2022


 

 

Desde el pasado lunes, 4 de julio, puede contemplarse en el Museo Catedral de Santiago la obra pictórica Santiago peregrino de Juan de Juanes, gracias a una cesión temporal por parte del Museo de las Peregrinaciones y de Santiago. Se trata de una obra muy reconocida, de enorme calidad, realizada en el siglo XVI, y que reproduce un modelo iconográfico muy difundido en el mundo jacobeo, como es el Apóstol Santiago ataviado como peregrino, con los atributos típicos, como el bordón o la concha de vieira.

La obra, realizada en óleo sobre tabla, procede de la iglesia del Convento de la Corona de Jesús de los religiosos recoletos de San Francisco de Valencia, lugar para el que fue encargada en 1563. Estaba colocada sobre la mesa del altar de San Joaquín. Con la desamortización pasaría a manos particulares, hasta que en 1974 fue restaurado y enviado al Museo de las Peregrinaciones y de Santiago.

Juan de Juanes (apodo de Vicente Juan Macip Navarro) concibió la obra como una imagen destinada a despertar los sentimientos de los fieles. Al igual que el resto de sus creaciones, el cuadro crea una compasiva relación con el santo, al que representa con mirada ensimismada, de cierta melancolía, en un rostro tierno, de agradable belleza. Todo orientado a contribuir a crear un clima de devoción en el espectador.

La obra Santiago peregrino permanecerá cedida en el museo catedralicio hasta el próximo mes de octubre. A cambio, el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago expondrá temporalmente el conocido como "retablo Goodyear" (imagen inferior), magnífica pieza realizada en el siglo XV, en alabastro y madera, que fue una ofrenda de peregrinación de John Goodyear, párroco en la isla británica de Wight. Formará parte de la exposición Chacona. A canción de Santiago.

Este óleo sobre tabla (50 x 76 cm) es una representación idealizada del Apóstol Santiago de tres cuartos con atributos de peregrino sobre un fondo neutro. La figura parece recortada sobre el fondo, lo que incrementa su monumentalidad. Presenta características técnicas estilísticas puestas de manifiesto por el autor en otras obras conservadas, destacando el excelente dibujo subyacente que demuestra las habilidades del pintor.

El santo viste la característica túnica verde sobre la que luce un envolvente manto de intenso color rojo. Cabello largo organizado en rizos y barba bífida enmarcan un rostro de mirada ensimismada, dulce y serena que denota una tristeza de ánimo. Cubre la cabeza con un amplio sombrero de ala levantada decorada en la parte frontal con una concha de vieira rodeada de sendos bordoncillos cruzados en aspa. Con la mano derecha sostiene el bordón con pomo y gancho y con la izquierda el libro cerrado.

El rostro es similar a los empleados por el autor en otras imágenes como las del Salvador Eucarístico y a las de los profetas Daniel y Malaquías del Museo de Bellas Artes de Valencia, un esquema que parte, al mismo tiempo, del Cristo de la Última Cena del Museo del Prado. En el que respeta a la factura, decir que el acabado del tratamiento de los cabellos acostumbraban a hacerlo sus hijas, quienes también trabajaban en su taller.

El fondo de esta obra no presenta paisaje alguno, al contrario de otras obras anteriores en las que es habitual la presencia de arquitecturas clásicas o renacentistas de la época. Asimismo, los tonos empleados en la pintura son los característicos de la última etapa de este artista, más luminosos y cálidos que en las épocas anteriores. 

 

 

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