NI CAUTIVOS NI DESARMADOS

22/06/2016


 

 

La Universitat de València (UV) inauguró ayer la exposición Ni cautivos ni desarmados: arte, memoria y dolor versus política (o violencia) en/desde (la España del) siglo XX (en las colecciones 9915 y Martínez Guerricabeitia). Un título contundente, largo y sonoro, a modo de soflama o pasquín, para trascender del arte social al político con la mirada puesta en la colección Martínez Guerricabeitia.

Comisariada por el crítico de arte Alfonso de la Torre, reúne unas 40 piezas entre pinturas, dibujos, esculturas, fotografías y vídeos. Se exhibe en la Sala Martínez Guerricabeitia del Centre Cultural La Nau (Carrer de la Universitat, 2) hasta el 2 de octubre y aglutina obra de unos 15 coleccionistas privados de arte contemporáneo pertenecientes a la Asociación 9915, además de la colección Martínez Guerricabeitia de la UV.

Ni cautivos ni desarmados es una exposición que habla de la pervivencia de la violencia y del dolor como uno de los asuntos del arte, algo que queda manifiesto en su título casi propagandístico, que responde al último parte de guerra del general Francisco Franco: "A día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo". Con el título Ni cautivos ni desarmados sus responsables han evocado aquel arte político.

Ni cautivos ni desarmados mira hacia la Colección Martínez Guerricabeitia -gran parte de ella puede verse hasta el 28 de agosto en el Centro Cultural Bancaja de Valencia-, pero lo hace invocando un arte más complejo que el conocido como "arte social", el de aquella época, el franquismo, orientándolo a un arte homólogo del siglo XXI, donde la violencia, el dolor y el horror son todavía protagonistas de la sociedad, la política y la cultura.

Esta muestra, por tanto, extrae el arte del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia, el del franquismo, y pasa a ser una reflexión más intensa sobre la violencia y el horror. Así, la exposición Ni cautivos ni desarmados se divide en cuatro capítulos:

 

Silencio (y no)-Ir y venir
Parte del cuadro de la mordaza de la pintora Juana Francés. Esta obra junto con cuadros de Darío Villalba, de Antonio Saura (el grito ante el abandono en una crucifixión), de Santiago Ydáñez, de Concha Jerez (textos censurados), de Yoan Capote (la tortura) y de Joan Fontcuberta (Guantánamo: concebido mediante el trabajo con Google), además de la fotografía del Desembarco de Normandía de Eduardo Nave, subrayan el dolor y reflexionan en torno a su atracción, tema transversal en el arte de todos los tiempos.

Historias
Simeón Sáiz Ruiz relata en una pintura una batalla de Sarajevo, a la que se llega a través de la prensa, representada sobre un mosaico de 30 fotografías de Nunes Ferreira con los titulares más impactantes y crueles de la historia del periodismo universal. De Eugenio Ampudia se puede contemplar también una fotografía de la serie Dónde dormir, con la que el autor invita a la gente a dormir en zonas simbólicas. En este caso, el escenario es el Museo del Prado: en la pared, Los fusilamientos del 3 de Mayo, de Goya; y en el suelo, una persona descansa inerte bajo el lienzo, en una postura paralela a la de los fusilados del lienzo (imagen superior). El asesinato de Andy Warhol, de Kepa Garraza, o un carboncillo de Rinus Van de Velde completan el apartado.

Capricho español
Tercer episodio de la muestra compuesto exclusivamente por fotografía. Cerca de 20 fotógrafos, fotoperiodistas y artistas muestran parte de su trabajo, el cual forma parte ahora de colecciones privadas dentro de 9915. Es el caso de una de las seis copias originales de Muerte de un miliciano, de Robert Capa, dentro de la colección privada Himalaya. Catalá Roca, García Alix, Cristina García Rodero (Agencia Magnum), Ramón Masats (con los seminaristas jugando a fútbol), Francisco Ontañón, Carlos Saura, Equipo Realidad... son algunos de los nombres que firman las imágenes con las que Alfonso de la Torre pretende narrar la crónica de la España franquista, entre los años 50 y 80.

Eterno retorno y ahora
Fotografía, pintura, dibujo, escultura y vídeo se dan la mano para mostrar el horror de la guerra desde los años 70 hasta el 2000. Los puntos de vigilancia en zonas estratégicas constantes de la lucha americana, de Carlos Garaicoa; el bombardeo de Teherán, titulado por Miguel Aguirre como La noche estrellada; el bombardeo de Guernica, de Eduardo Arroyo; El espectador, de Equipo Crónica (imagen inferior), representación del censor del franquismo; Rafael Canogar y la censura, etcétera. Y como colofón de la muestra, un cuadro de Víctor Mira que muestra a la España sorda abriéndose hacia un fin desesperanzado, y dos vídeos de animación, uno de Sergio Belinchón y otro de Ruth Gómez, donde se defiende la lucha por la vida.

 

Ni cautivos ni desarmados es una reflexión sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista. Museos y centros artísticos dedican ahora su esfuerzo a este asunto, como el Guggenheim o del Museo Nacional de Arte Moderno en París con la exposición Arte y guerra, que se exhibió hace un par de años; la Fundación Juan March, que acaba de clausurar Lo nunca visto, sobre la relación entre la guerra y el arte; la Fundació Tàpies, que expone Documentos de acción; o el Museo Picasso, que inaugurará en octubre una nueva muestra en torno a esta temática con el título Cubismo y guerra.

Organizada por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad, a través de la Col·lecció Martínez Guerricabeitia de la Fundació General de la Universitat de València, con la participación de la Asociación 9915 y la colaboración de Banco Santander y Heineken España S.A., la exposición se completa con un servicio de visitas guiadas gratuitas que se pueden reservar a través del correo visites.guiades@uv.es o el teléfono 963.864.922, así como uno de actividades didácticas, también gratuito, a través de activitatspmg@fundacio.es y 677.027.357.

 

 

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