HISTORIA DE LA MODA EN LAS COLECCIONES DE GRABADOS ESPAÑOLES
02/07/2012
La historia de la indumentaria, y más en concreto la del traje y el tejido, transcurre paralela a la del ser humano, su cultura y su pensamiento. No en vano se dice que cuando alguien está pensando o maquinando algo, está tramando o urdiendo, es decir, manejando la trama o la urdimbre para entrelazar ecuadores con meridianos, o sea perchadas con cárcolas. El primer acto con el que un recién nacido entra a formar parte de la civilización a la que va a pertenecer es el de ser ataviado con gorro, ropones, faldones y mantillas. Y así seguirá hasta la muerte en que, antes de volver a la tierra, será amortajado para que al menos vaya cubierto con un sudario al encuentro con Atropos, la parca que va a cortar el hilo de su vida. Desde los tiempos más remotos, una de las actividades que relacionaron al ser humano con la naturaleza que le rodeaba, fue la de buscar elementos que le sirvieran para cubrirse. Primero, con pieles de los animales a los que mataba para alimentarse. Después con productos obtenidos de la tierra y elaborados con un proceso más o menos largo y costoso. De la necesidad hizo virtud y comenzó a mejorar el talle y los colores. Aprendió a coser y ensamblar las partes de los vestidos, así como a teñir y abatanar para mejorar el aspecto y la suavidad de los materiales empleados. Todo ello combinado con otros factores que le servían para personalizar sus gustos o para integrarle en sociedades gremiales. Lo que es cierto es que, hasta tiempos relativamente recientes, el traje se diferenciaba según la actividad de los individuos. No vestía igual un pastor que un arriero, ni un estudiante que un artesano. Es verdad que las prendas que usaban solían cubrir de igual manera la parte superior y la inferior del cuerpo pero un jubón no era lo mismo que un coleto y un calzón tampoco era lo mismo que unas bragas. De ese modo se fueron generando nombres diferentes para prendas diversas que, finalmente, terminaron por ser propias a determinados oficios y sirvieron para identificarlos. La exposición Historia de la Moda en las Colecciones de los Grabados Españoles, organizada por la Fundación Joaquín Díaz, pretende ofrecer un rápido viaje por la moda -inquieta y pasajera- y su correspondencia en las colecciones de trajes españoles, principalmente las aparecidas entre los siglos XVIII y XX. La indumentaria es, sin duda, un medio de comunicación. A través de ella mostramos nuestro carácter, nuestro estatus, nuestro deseo de relacionarnos con lo demás y por tanto necesita de un lenguaje propio y especialmente expresivo. En la medida que se sabe usar ese lenguaje la transmisión es más nítida y certera. De los aspectos técnicos y de los diseños, por lo general, se ocupaban especialistas -sastres y sastras, modistos y modistas y últimamente diseñadores- pero en la forma de vestir, en los complementos y particularmente en los colores, la última palabra la tenía el propio usuario, que relacionaba sensaciones estéticas con emociones. La literatura y la poesía han servido, habitualmente, para recordar esa relación sirviendo a los creadores para reforzar las formas de expresión gracias a la sugerencia de prendas determinadas, de tejidos, de materiales y de colores. Los grabadores, desde el siglo XVI, se preocuparon del individuo y de sus atuendos, ya fuese como protagonista de la estampación, ya como complemento (del paisaje, de la cartografía, de un monumento -para servir de medida-, de determinadas particularidades -físicas, étnicas, raciales-, de los oficios, de una situación...). A veces, los comentarios al pie nos sirven para completar detalles o referir a un contexto lo que se ve. Los bocadillos de los comics son una herencia de esos pies de grabado o de esas filacterias que añadían una frase o un párrafo al dibujo. En el cartel de la exposición Historia de la Moda en las Colecciones de los Grabados Españoles, por ejemplo, se habla de la "novedad" para dar gusto al público, se busca una referencia para comparar -en Suecia son más moderados en los atavíos- y se habla del sentido práctico del atuendo, ya que se puede usar en diferentes circunstancias. Habla de sombreros "a la chamberga" (del mariscal francés Schomberg en la guerra franco española del siglo XVII y del regimiento creado en tiempo de la minoría de edad de Carlos II, que llevaba un sombrero blando y de ala ancha) y a la "maragata" y termina diciendo que las lugareñas, menestralas y serranas tienen sus vestidos propios que conservan "nuestra bella antigüedad". Cruz Cano decía que todas las estampas, sobre todo los peinados, se mostraban en el supuesto de que "la invención de la moda no es agena de nuestro estilo propio, aunque lo sea de nuestra propia desconfianza". Se veía obligado, a pesar de su preferencia por lo tradicional, a hablar de las novedades impuestas de la moda. La palabra moda, en realidad, significa "modo" y "manera", pero con el sentido de lo que se vestía como novedad se impuso desde Francia, donde la palabra "mode" por la ambigüedad de su terminación se hizo femenina. |
Hasta el 26 de agosto de 2012 en la Sala Municipal del Teatro Calderón de Valladolid
(Calle Angustias, nº 1) Horario: martes a domingo, de 12:00 a 14:00 y de 18:30 a 21:30 horas.
www.lahornacina.com