EL DIABLO, TAL VEZ. EL MUNDO DE LOS BRUEGHEL

01/12/2018


 

 
 

San Antonio apaleado por los demonios

Diego Rodríguez y Leonardo Carrión
1553-1559
Madera policromada
Museo Nacional de Escultura

 

La tentación, el pecado y el diablo. Este es "hilo rojo" de la exposición El Diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel. Un mundo que los pintores flamencos y, especialmente, maestros como los Brueghel, pusieron en pie con energía expresiva, virulencia y una imaginación sin límites. Y que, en un juego de espejos entre el siglo XVI y el XXI, hoy se ve reanimado por el artista belga Antoine Roegiers. Sus escenarios perversos y enloquecidos nos inquietan porque parecen esconder un enigma indescifrable, pero despiertan nuestra simpatía porque intuimos en sus imágenes narrativas una libertad deliciosamente moderna. El auge que alcanzó la temática de la tentación y la culpa era indisociable de las astucias del diablo, una poderosa figura del imaginario de la época. Pero Satán no solo actúa como el "jefe de orquesta" de la transgresión moral. En estos siglos trágicos, con una Europa definitiva rota por la división entre cristianos, el Demonio era un enemigo útil que reforzaba la identidad colectiva, servía para favorecer el control de los comportamientos y explicaba por qué el mundo se despeñaba por el abismo del Mal. Y encarnaba, además, el lado oscuro del individuo moderno: los fantasmas, sueños, amenazas, angustias, del mundo interior de cada uno de nosotros.

Entre 1460 y 1610, la tentación de San Antonio conquista las artes plásticas. La representación de las privaciones del santo y sus visiones diabólicas llegó a ser un artículo muy solicitado en la sociedad flamenca, ansiosa por preservarse de la condena al infierno, un temor colectivo e individual que había cobrado un nuevo auge. Las dos grandes invenciones de estos pintores nórdicos fueron, en primer lugar, el paisaje: la ubicación de este tormento diabólico en medio de grutas, bosques, ciudades y castillos en el horizonte. No es el paisaje "heroico" de los italianos. Es una naturaleza incendiada, negra, llena de energía errática y salvaje, infectada por las fuerzas metafísicas del mal. La segunda gran invención fue el carácter fantasmal y quimérico de la tentación, que se encarna en mutantes demoniacos vagamente antropomorfos, enloquecidos o seductores, en homúnculos repugnantes con signos de brutalidad, de estupidez, de malicia, que embarullan los reinos de la naturaleza: la roca de rostro humano, el pájaro-soldado, el reptil volante y, en fin, toda suerte de "disparates". No hay jerarquías y no sabemos dónde dirigir la mirada. Pronto comprendemos que la necesidad occidental de interpretar ha de ser sustituida por el placer de ver.

El enigmático Brueghel vivió en una Flandes convulsa, cuando la Cristiandad se desangraba partida en dos, en medio de guerras, miserias y furia universal. Atormentadas y pesimistas, las gentes veían abrirse bajo sus pies un abismo infernal donde el demonio, cada vez más encarnizado, y la obsesión por el pecado se agrandaban, en virtud de la creciente autoridad de la Iglesia y los procesos de culpabilización individual. Esta serie fue la que dio al joven Brueghel su celebridad de gran dibujante. El Diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel nos presenta su mundo embaucador y laberíntico en el que siempre ronda el Maligno. En decenas de microescenas, hombres, animales, demonios y criaturas de pesadilla, son mostrados, en un enredo corpóreo, desde arriba, en cuclillas, enmarañados, en posturas acrobáticas, reptantes, rodeados de centenares de cosas y detalles. No podemos despegar la vista. Pero Brueghel no juzga; es un notario que levanta acta del desenfreno humano: estupidez, avaricia, crimen, glotonería, procacidad, envidias y muy poca bondad. Es un mundo doloroso, pero también lúdico, donde asoma el transgresor aliento de la cultura popular, fundada sobre la «carnavalización» del mundo y la risa, como compensación a la obediencia del orden establecido.

 

 
 

La ira

Pieter Brueghel el Viejo
Grabador: Pieter van der Heyden / Editor: Hieronymus Cock
1558
Estampa
22,7 x 29,5 cm
Biblioteca Nacional de España

 

El magnetismo visual de la tradición flamenca conserva todo su brío nutriendo la imaginación de hoy. La experimentación que combina el lenguaje digital junto con herramientas de los viejos maestros como el dibujo, dan en la obra de un joven artista del siglo XXI como es Antoine Roegiers frutos artísticos de una fertilidad poética tan sutilmente subversiva como lo fue en su tiempo la obra de los Brueghel. Seducido por la libertad y la modernidad del maestro, Roegiers se desliza en la piel de su ilustre predecesor, con el que comparte la finura en el detalle, cierta inclinación a la perversidad, el gusto por la extrañeza y una visión maliciosa del comportamiento humano. Su método creativo tiene mucho de artesanal. Con impecable maestría técnica, Roegiers redibuja por separado arquitecturas, personajes y geografías, como en un rompecabezas, despiezando los miembros del cuerpo, variando el punto de vista y aislando los elementos del paisaje, que le permitirán luego describir los destinos de esa miríada de seres híbridos, solitarios y perdidos.

Empujados por un soplo poético e inquietante, los extraños protagonistas de los pecados se ponen en movimiento. La gran locura flamenca cobra vida. Roegiers explora un gran hallazgo compositivo de las estampas bruegelianas: la simultaneidad de miniacontecimientos, ese patchwork de microrrelatos que ocupan el paisaje y que forman un "milhojas" de escenas superpuestas. Es como si, centenares de años después, Brueghel viese satisfecho un anhelo entonces inalcanzable: abandonar la inmovilidad visual del grabado y contarnos los secretos y las intenciones de cada trama, completar las historias, hacer un efecto de zoom sobre el panorama. El Diablo, tal vez. El mundo de los Brueghel muestra cómo, en un movimiento repetitivo y fascinante, el decorado se anima: de una "nada vacía" surgen encapuchados o figuras que avanzan a gatas; cabezas-patas que recorren bosques; una misteriosa soldadesca que corre en pos de algo, caracoles y orugas que se arrastran sobre el terreno o se lanzan por el aire sobre su presa. El artista hace entrar al espectador en el interior de los dibujos para pasearle más allá de donde le había llevado Bruegel. Le convierte en un ávido voyeur.

El Museo Nacional de Escultura ha editado, con motivo de este evento, un catálogo y ha programado una serie de actividades: conciertos, cine, talleres, visitas guiadas y cursos, como complemento de esta exposición. Un recorrido que combina el lenguaje digital junto con herramientas de los viejos maestros como el dibujo. Obras del Museo del Prado, la Biblioteca Nacional de España y el Museo Lázaro Galdiano completan la muestra.

 

 
 

Demonio

Anónimo
Siglo XVIII
Madera policromada
Museo Nacional de Escultura

 

Del 1 de diciembre de 2018 al 3 de marzo de 2019 en el Museo Nacional de Escultura (Palacio de Villena. Calle Cadenas de San Gregorio 2, Valladolid). Horarios: martes a sábado, de 11:00 a 14:00 y de 16:30 a 19:30 horas; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00 horas; lunes, cerrado.

 

 
 

La desidia

Antoine Roegiers
2011
Tinta sobre papel
Dibujo preparatorio para el film "Los 7 pecados capitales, según Pieter Brueghel"
Cortesía de Pas - Chaudoir Collection

 

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