INTERVENCIONES EN LA BASÍLICA DEL PILAR DE ZARAGOZA
11/01/2023
El estudio encargado por el Cabildo Metropolitano sobre el estado de las cornisas de la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar confirma daños que obligarán a intervenir en las cuatro torres del templo. El análisis piedra a piedra de los vídeos tomados con drones, en el que se sigue trabajando, ha revelado "muchas más cosas de las que se veían a simple vista", según avanza Guillermo Jariod, técnico de la basílica. En un principio se creía que el problema afectaba únicamente a una o dos torres, pero finalmente se ha visto que no es así. De acuerdo con el deán del Cabildo, Joaquín Aguilar, solo de la más cercana al Ayuntamiento -vallada desde septiembre de 2022- se habrían conseguido más de 1.200 imágenes. "La situación, en algunos puntos, es muy delicada. Hay partes en las que la cornisa está muy desgastada", reconoció Aguilar. El propio Ayuntamiento de Zaragoza actuó semanas antes de las Fiestas del Pilar de forma subsidiaria como medida de prevención y seguridad colocando una valla de un color similar al del templo que no se retirará hasta que no existan "unas garantías absolutas", según confirmaron ya a finales de 2022 desde el área de Urbanismo. También urgió al Cabildo a revisar todas las fachadas, como actualmente se está haciendo y, tras una revisión, retiró una pieza de alrededor de 40 kilos -que previsiblemente volverá a ser colocada en el proceso de restauración-, además de todos aquellos elementos susceptibles de caer al suelo. Para conseguir una imagen completa del templo se han hecho dos vuelos con drones con ayuda de los bomberos, una operación a más de 30 metros de altura que requirió del permiso del Ministerio del Interior, que tuvo que dividirse en dos días a consecuencia de la niebla y que dejó decenas de gigas de valiosa información. El primero se efectuó el pasado 8 de diciembre y el segundo, días antes de terminar el año. Esta técnica, que obligó a cortar por unas horas parte de los accesos a la basílica, ha permitido conocer el estado de las torres como nunca antes, haciendo posible una "radiografía" al detalle de cada uno de los puntos de interés. A falta de terminar el estudio, se cree que serán necesarias "al menos media docena de actuaciones diferentes" para reparar todos los desperfectos. "Hay piedras que están afectadas por la climatología y otras en las que el problema viene de los anclajes de la piedra y el paramento de ladrillo. Al ser metálicos van perdiendo sus propiedades; se expanden y se dilatan y eso también provoca fracturas", expresó Jariod. Las sucesivas caídas de cascotes y areniscas -primero en la torre de Santa Leonor y después en la más cercana al Consistorio- no presagiaban nada bueno. Aunque en principio se habló de episodios aislados, Ayuntamiento e Iglesia no tardaron en ponerse en alerta, ya que, desde esa altura, cualquier elemento, por pequeño que fuera, podía terminar provocando daños de gravedad. La intención es utilizar un tratamiento que ya se aplicó a la catedral de Sevilla y a la de León y que consiste en solidificar: "en lugar de echar algo encima, se utilizarían productos que "crearían cuerpo" y evitarían los desprendimientos", ha afirmado el deán Aguilar. Por el momento no hay fecha para empezar las obras, aunque el propio deán confirma que "se está trabajando intensamente", ya que, al tratarse de un Bien de Interés Cultural (BIC), cualquier actuación requerirá del visto bueno de la comisión provincial de Patrimonio del Gobierno de Aragón, cuestión que terminará marcando los plazos. Se cree, en todo caso, que las labores podrían llevar meses, ya que se trata de un trabajo en altura sujeto a las inclemencias del tiempo. "En poco tiempo esperamos tener establecido el tratamiento para cada piedra. Entonces sabremos dónde y cómo habrá que montar los andamios", agregó Jariod. Desde el Cabildo ven imposible precisar por ahora qué presupuesto será necesario para adecuar las cornisas. Ello se resolverá una vez que se conozcan con exactitud todos los puntos de intervención, pendientes del informe definitivo. La exposición al fuerte cierzo del Valle del Ebro, las altísimas temperaturas que se alcanzan en verano -con máximas de más de 40 grados que son cada vez más habituales- y el frío del invierno -con unas mínimas cercanas o inferiores a los 0 grados-, explicarían, en buena medida, los achaques que sufre el templo. Todos estos elementos, indican los expertos, han hecho que la arenisca esté en exfoliación, lo que hace que haya fragmentos que se desprendan con mayor facilidad. Se trata de una realidad que puede verse a simple vista, como se aprecia en la imagen superior que acompaña a esta información. Esta no será, en todo caso, la primera vez que se tenga que intervenir en las torres, ya que en el año 2007 tuvo que actuarse en la más antigua -la de Santiago-, lo que requirió de una inversión de dos millones y medio de euros. |
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Foto: Pichi Gardel |
Por otro lado, el retablo mayor del templo metropolitano está siendo sometido a un proceso de limpieza con el fin de eliminar el polvo y el deterioro que provoca el paso del tiempo, reafirmar los barnices y arreglar algunos detalles que provocó la bomba que explotó en la basílica en 2013, según han confirmado fuentes eclesiales a través del rotativo Heraldo de Aragón. Para todo lo anterior ha sido necesario colocar unos andamios. La tarea que afrontarán los especialistas está destinada a que el monumental conjunto luzca con todavía más esplendor, cinco siglos después de su instalación. Precisamente, en 1993 se inició un proceso parecido de restauración del retablo en el que se extrajeron "decenas de kilos de polvo" y en el que se consolidaron algunos de sus elementos, con un presupuesto de 50 millones de pesetas (300.000 euros). El retablo del altar mayor de la basílica del Pilar de Zaragoza (imagen superior e inferior) es una obra escultórica realizada por Damián Forment entre 1509 y 1518. Está dedicado a la Asunción de la Virgen. El estilo de la arquitectura del retablo es gótico final, si bien las escenas figurativas muestran características plenamente renacentistas. La construcción del retablo fue una de las últimas actuaciones que se llevaron a cabo en la antigua iglesia del Pilar, llamada por entonces de Santa María, tras sufrir graves daños en un incendio el año 1434 ó 1435 que destruyó la primitiva capilla de la Virgen. Durante todo el siglo XV se emprendió una completa reconstrucción del templo gótico-mudéjar que se extendió hasta 1515, año en que se dan por concluidas las obras una vez que el retablo del altar mayor estaba prácticamente terminado. El Cabildo Metropolitano de Zaragoza contrató con Forment el banco o predela del retablo mayor que ocuparía la cabecera de la Colegiata de Santa María el primero de mayo de 1509, con la exigencia de que fuera tan bueno y mejor que el de La Seo. En 1511, casi acabado el banco, Forment contrataría también el resto del retablo, con tres escenas monumentales en sus calles: la Asunción en el centro, el Natalicio de la Virgen a su derecha y la Presentación de Jesús en el Templo a su izquierda. Finalmente, en 1515, Forment delega los trabajos del resto de la decoración arquitectónica en los maestros Francisco de Troya, Martín Jordán, Juan de Cullurúa, Juan de Lizalde, Juan de Salas y Miguel de Arabe entre otros. Acabó de asentarse el retablo en 1518. |
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