PENSAMIENTOS DEL PASADO

Sergio Jesús Parra Medina (10/04/2021)


 

 
 

Obra de la fotografía: Jesús Nazareno (Manuel Téllez)

 

Tendemos a escribir la historia del presente casi sin tiempo de analizar lo ocurrido.

En este mundo saturado -y contaminado- de información, apreciamos la acción en proceso. Nuestra forma de comunicarnos y de contar la vida es un cuento vivo donde todo el mundo puede o merece ser protagonista, una vez se han democratizado los medios tras facilitarse la técnica y universalizar o minimizar el lenguaje.

La propia historia está cambiando en cuanto a que la nueva historia será diferente. El siglo XXI marcará en la humanidad una "visión del pasado sin pasado" porque estamos grabando con plena consciencia de futuro a la vez que actuamos efímeramente, usando y tirando. La moda se antepone así misma cuando la tendencia es consumir al instante, mientras lo único o auténtico se clona en detrimento de la esencia original de la creación.

Frente a ello, el deseo primigenio de eternidad difícilmente encontrará un espacio donde provocar ecos hacia nuestros sucesores, aquellos que comprenderán la vida quizás sin entenderla porque, probablemente, dejaron de cuestionarla o porque asimilaron que nuestra especie camina inexorablemente en el tiempo a la autodestrucción. La inteligencia y el potencial tecnológico superará la antigua idea del Juicio Final, y en este evolucionar tan manipulado por el poder y dirigido por la ciencia puede que el hombre se convierta, definitivamente, en Dios, y el planeta en un Olimpo de demonios cuya meta será, paradójicamente, la conquista del cielo.

Por eso pienso que es vital conservar y amar nuestro patrimonio histórico, la música y la poesía, ya que es la única fuente que quiso embellecernos y perdurar para siempre, una memoria que ha de sentirse, palparse y buscarse en su lugar correspondiente, en la naturaleza y el entorno artificial que, inocentemente, aprendió de ésta. Ante la memoria virtual y el dominio de la superficialidad recordaremos que vivimos, pero no tanto, el significado de nuestras vidas.

Si dejamos de sentir tales sentimientos, abandonando lo auténtico y el valor de lo eterno, ¿de qué servirá o habrá servido el arte cuando la sociedad se deshumanice completamente?

 

 
 

Obra de la fotografía: Jesús Nazareno (Manuel Téllez)

 

Nota: La Hornacina no se responsabiliza ni necesariamente comparte las opiniones vertidas por sus colaboradores en la Web.

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com