LOS VALORES ARTÍSTICOS EN EL MUNDO COFRADE
Antonio Zambudio Moreno (07/01/2017)
Los historiadores del arte quizá pequemos de puristas, de perfeccionistas, buscando siempre la idea no sólo de belleza, sino de lo sublime, de lo pintoresco, de lo original, en suma, características plásticas enmarcadas en una dialéctica que cuando menos ofrezca unas pautas y grafías de evidente entidad artística. Por ello, tal vez resultemos demasiado exigentes, severos en la valoración crítica, tendiendo en ocasiones, por qué no, a la excesiva búsqueda de un perfeccionamiento formal que tal vez no exista o resulte un recuerdo de lo pretérito. Aún con todo, es obvio que dentro de unos parámetros más o menos posibles, debemos exigir, por nuestra formación académica basada en un deleite por la estética, unos mínimos de entidad creativa, calidades formales y de acabado en la resolución de cualquier obra. Por ello, en ocasiones, muchos de nosotros echamos de menos cierto gusto artístico dentro de determinadas entidades, asociaciones e instituciones cuya cuestión referida debería ser uno de sus máximos preceptos, cuyo caso más determinante y manifiesto son las hermandades y cofradías de Semana Santa. Dentro de estas agrupaciones, es público y notorio que el objetivo fundamental de su existencia es la catequización basada en la exhibición pedagógica y religiosa de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Por consiguiente, lo que se plasma dentro del cortejo procesional, máximo exponente expresivo y público de dichas entidades, debe estar acompañado de unos mínimos de calidad en la representación plástica en cuanto a exorno, adorno y elaboración de ese aparato ya no sólo decorativo, sino formativo, encaminado a originar en el espectador cierta sensación de trascendencia y por qué no decirlo, de conversión cristiana. En base a esto, queda claro que cuando un cortejo procesional se desarrolla basándose en ciertos postulados de suficiente nivel artístico y estético, pueden atraer más la atención del contemplador, del fiel, originando mayor cercanía y apego, creando efectos devocionales y emocionales que resulten certeros a la hora de obtener el objetivo previsto: la conversión. Lamentablemente, la búsqueda por la belleza plástica, por la entidad creativa, por la calidad artística, en determinadas ciudades o puntos de la "geografía cofrade" y cada vez en mayor medida, es algo muy escaso. Prueba de ello son las nuevas aportaciones de distintas cofradías en lo que respecta a este mundo de las artes y artesanías que deben configurar la estética, el carácter, la forma y el símbolo de distinción de sus desfiles. Esto es algo que está actualmente acaeciendo fundamentalmente en ciudades del sureste peninsular, de larga tradición escultórica y plástica gracias a artistas como Nicolás de Bussy, Francisco Salzillo, algunos de los artífices de su escuela como José Sánchez Lozano, el genial y original creador Juan González Moreno, José Planes Peñalver o José Antonio Hernández Navarro, más las grandes aportaciones de artistas de enorme trascendencia escultórica a nivel nacional en los parámetros de la imaginería moderna como Mariano Benlliure, José Capuz Mamano o Federico Collaut Valera. Lamentablemente, en una época en la cual disponemos de mayor información que nunca con instrumentos de examen e indagación como Internet y las redes sociales, se tiende a realizar encargos de baja entidad, de escaso valor, de poca enjundia, que para nada pueden exaltar y vanagloriar las procesiones y el mensaje que éstas intentan transmitir. No existe, por parte de muchos directivos, la ambición suficiente, el gusto necesario, el deseo manifiesto, de elaborar obras que respondan a un mínimo de decoro y calidad. Muy al contrario que en Andalucía, en el Sureste Peninsular, por parte de dichos directivos, no hay deseo de innovar, de crear nuevos programas escultóricos, por ejemplo, de sutileza plástica. No son capaces de mirar más allá, de buscar fuera de su ámbito más cercano, cayendo en un localismo ciertamente cateto. Todo ello, hace, por ejemplo, que una cofradía de la provincia de Albacete cuyo nombre omitiré, sea capaz de encargar a un mero artesano sin formación, un trono para portar una imagen del gran Mariano Benlliure y defienda su postura con acciones no muy plausibles e intolerantes, o que otra entidad pasionaria de una cercana ciudad muy importante a nivel procesionista, sustituya este mismo año, una pieza mediocre por otra que, en ningún caso, va a ofrecer mayor contenido estético. Todas estas opciones, que lamentablemente están siendo muy frecuentes en los últimos años, no fortalecen en nada a la Semana Santa ni la favorecen en sus objetivos. Por ello, es preciso que se lleve a efecto una labor de presión hacia este tipo de posturas que son tremendamente perjudiciales para las celebraciones pasionarias, y más teniendo en cuenta que afortunadamente, hoy día, existe un elenco de artistas y artesanos de enorme nivel que están a un simple clic de poder ser evaluados, observados y contactados. ¿Será mucho pedir? Esperemos que no, si bien, los comportamientos observados en los últimos tiempos no permiten ser muy optimista. |
Fotografía de George Contreras
Nota: La Hornacina no se responsabiliza ni necesariamente comparte las opiniones vertidas por sus colaboradores en la web. Antonio Zambudio Moreno
es Graduado en Historia del Arte por la UNED, Máster en Educación y Museos por la Universidad de Murcia (UMU) y Profesor de Historia del Arte en el Centro Asociado de la UNED en Cartagena. |
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