EL ORGULLO SE HIZO VERGÜENZA EN BELGRADO
Carmen de Tortosa
El ser humano es intolerante y agresivo por naturaleza. Vaya argumento nos dan... Pero muy bien, muy bien, porque me va a permitir soltar algo que me corroe hace tiempo por dentro... ¡Qué se vaya entonces la ley de la naturaleza a hacer gárgaras, señores! Y es que bajo ninguna de las maneras podemos seguir permitiendo que alguien niegue el derecho a una persona, homosexual, heterosexual, a vivir como le venga en gana. Jamás llegaré a entender (joder, qué mal siglo XXI) la postura de algunos: si no te gusta una cosa, otros por ello no pueden ejercer un derecho fundamental, como es su forma de ver la sexualidad. Ningún sistema debe olvidar un derecho tan importante como es la dignidad de una persona, sea del sexo, raza o credo que sea. Yo como mujer que aboga por el desarrollo de la libertad individual, no pienso ejercer la intolerancia, por mucho que vaya en mi naturaleza, con quien vive como quiere sin perjudicar a nadie y con quien busca su felicidad sin hacer daño ajeno. Nadie puede coartar un derecho tan natural como la vida misma. Y que conste que les habla una que aprendió después de haber sido intolerante, algo por lo que hoy siento vergüenza. No sería del todo sincera (ni lúcida) si no reconociera que la gente se ha olvidado un tanto del porqué del desfile del Orgullo Gay, algo que hoy no se sabe muy bien para qué sirve por la sencilla razón de que se han confundido un poco sus motivos: se desfila para protestar contra la discriminación, contra el encierro que los ultraconservadores desean para los homosexuales (parecido al del último premiado con el Nobel de la Paz; al que el gobierno de China, rabioso por un nombramiento que quiso impedir pero no pudo, le está secuestrando a su esposa y a sus amistades como retorcida venganza) y para recordar a la gente las proclamas necesarias para obtener respeto e igualdad. Hay que volver a la esencia del desfile o al menos tratar de no quedarse únicamente en la parafernalia que lo envuelve. Si en Serbia, en España o en cualquier país (a pesar de sus muchos intolerantes, no quiero ir muy de guerrera con los países del Este de Europa porque algunos de ellos como Polonia están entre los que peor lo han pasado del mundo, y queda aún mucho que trabajar y concienciar por allí) los detractores de las protestas de un colectivo están fritos con ellas... pues tendréis que aguantaros, amigos, y guardaros las palizas, las cuerdas y las piedras. También yo estoy harta de los intolerantes machistas y no voy dando hostias por ahí, aunque se las merezcan con todas las de la ley. Poco protestan los homosexuales, entre otros grupos, después de las injusticias que se cometen gratuitamente contra ellos. Algún día se avergonzará este mundo "presuntamente" civilizado (se lleva la "presunción" ahora con el Caso Malaya) de su antigua intolerancia como yo también me avergoncé de la mía en su momento. |