BRODERSKAB

Xavier Vidal


 

 

La Europa del siglo XX se ha construido sobre el horror y la hipocresía. La necesidad de aceptar (que no olvidar) las atrocidades de dos grandes guerras y la incertidumbre de los tiempos que vendrán, ha dado una sociedad llena de contradicciones. El mapa actual dibuja los trazos de la globalización, la inmigración y la variedad cultural.

En el filme danés Broderskab encontramos a un joven indeciso, recién salido de la escuela militar, que en un momento inestable de su vida recibe el impacto, cede a la fascinación banal e inmoral de un grupo neonazi. La iconografía de antiguos regímenes y las acciones brutales de dictaduras reconocibles, pero no aceptables, pasan a formar parte de su día a día, primero con miedo, luego convirtiéndose en el centro de atención de sus "amigos".

En esta historia de contenido político, que podría haber sido la versión danesa de El Creyente, American History X o La Ola, se incluye una trama de romance homosexual entre los protagonistas de este grupo radical. Y es aquí cuando Broderskab nos involucra a todos: el miedo, la frustración por ser diferentes lleva a muchos a esconderse en los discursos que, paradójicamente, atentan contra su propia naturaleza.

El ideario nazi, que en su día fue utilizado para llevar a cabo la persecución y ejecución de los homosexuales en Alemania, es el mismo en el que se resguardan dos homosexuales reprimidos. Con eso, Broderskab viene a decirnos que no hemos avanzado demasiado: sigue habiendo una tensión entre quiénes somos y quiénes queremos ser, muchos luchan contra sus propios intereses tirando piedras contra su propio tejado y eso nos sigue llevando a pequeñas guerras que podrían traducirse el día de mañana en los holocaustos del futuro.

Broderskab está protagonizada por dos hijos de toda la estigmatización y silencio del mundo gay que se esconden en un entorno de "machos". Pero la película va más allá y habla de las relaciones humanas en general, también las de poder; así, los dos chicos trabajan y viven en la casa del jefe neonazi, cual sistema feudal en pleno siglo XXI.

El cine danés parece muy interesado en investigar la violencia que sacude la nueva Europa; tanto en Broderskab, ganadora del Festival de Roma, como En Un Mundo Mejor, Oscar a la mejor película de habla no inglesa. No proponen soluciones, pero son suficientemente maduras para hurgar en los posibles porqués. Una película dura, intensa, imprescindible para, si no entender, sí al menos ser conscientes del mundo en el que vivimos.

 

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