ANTONIO DUBÉ DE LUQUE. GENERACIÓN PERDIDA

Jesús Abades (07/11/2019)


 

 

En el mismo año y con una diferencia de apenas dos meses, se nos han ido los fundadores de una generación de escultores e imagineros andaluces. Una generación irrepetible por cuanto tuvo de autodidacta, mediática y duradera, pues durante muchos años, trabajando apenas sin competencia y antes de la intercomunicativa irrupción de Internet, se hicieron ver y oír con bastante contundencia, tanto en televisión, prensa y radio, como en los templos y las hermandades de medio mundo, a los que nutrieron abundantemente de obras.

Con la desaparición de Antonio Dubé de Luque, se pierde no solo a un artista reconocido internacionalmente, sino también a un símbolo de la Sevilla cofrade más tradicional, del que aprendieron más de treinta escultores, algunos de ellos actualmente casi con tanta repercusión como su maestro. Alejado de las vanguardias, el trabajo de Dubé nunca se apartó de la figuración, interpretando las figuras sagradas con unos nuevos modelos que crearon adeptos y detractores a partes iguales, como les sucede a la mayoría de los creadores, pero a los que en ningún caso se les discutió una impronta personal e inconfundible.

Como ser tradicional no significa ser convencional, en la obra de Dubé siempre hemos observado una ambición más innovadora de la que puede parecer a primera vista. En su trabajo escultórico, por ejemplo, no hay más que ver el cautivador semblante de la Virgen de la Aurora para su Sevilla natal, el expresivo grupo del Resucitado de Gerena (Sevilla), el espíritu malagueño de la titular de Jesús el Rico, los ojos azules de la también sevillana Virgen de la Consolación o el grupo escultórico del Bautismo de Jesús para Cuenca, quizás su mejor obra con San Juan concebido como dosel de Cristo, para comprender que el Dubé imaginero era mucho más que reversionar a clásicos tan socorridos como Martínez Montañés, Pedro Roldán o Montes de Oca.

Aun así, no pocas veces escuché decir que Dubé de Luque era mejor pintor que escultor, algo curioso teniendo en cuenta que, pese a su prolífica producción pictórica, la repercusión que tenía en comparación con su labor imaginera era, salvo excepciones, bastante escasa. Personalmente, siempre lamenté que nunca tuviese tiempo de organizar una exposición monográfica de pintura, ya que la riqueza y variedad de la misma, con sacras, retratos, paisajes, bodegones, flores, mitos, etcétera, no tenía nada que envidiar a su producción escultórica. Ya no podrá ser en vida, no vayamos a perder las "buenas costumbres" en España. Y creo recordar ahora que tampoco las esculturas de Dubé han sido objeto de una muestra acorde con la importancia de su trayectoria.

Lo que siempre recordaré es la entrevista que le hicimos hace unos años en su estudio de Alfarería. Mientras fumaba un cigarrillo tras otro, en seria competición con el otro director de este portal, contaba anécdotas, ponía muchos puntos sobre las íes en relación con sus facetas artísticas, entre las que también se incluía una formación como orfebre con el cordobés García Armenta, e insistía en la importancia del estudio para conseguir el resultado deseado, algo que el Dubé escultor no había aprendido ni en las academias ni en los talleres de otros escultores, sino equivocándose por sí mismo muchas veces y corrigiéndose otras tantas hasta obtenerlo.

La última vez que estuvimos en ese entrañable estudio de Triana, a raíz de la entrevista que le realizamos a uno de sus hijos, el también escultor Antonio Jesús Dubé Herdugo, no pudimos verlo. Estaba de médicos y ya enfermo. Fue el 25 de septiembre, aunque la entrevista salió publicada diez días más tarde. Antonio Jesús se sentó en el mismo sitio donde entrevistamos a su padre. Por supuesto, habló mucho de él. Entre una cosa y otra, Dubé de Luque estaba ausente pero al mismo tiempo muy presente.

Dubé Herdugo debía mucho a Dubé de Luque, pero no cabe duda que también hubo un antes y un después para Dubé de Luque con la dedicación profesional de Dubé Herdugo. Fuera de micro en esa última entrevista, tratamos con el hijo de las enormes habilidades que tenía el padre como proyectista, así como de una de mis obras preferidas de Dubé de Luque: el famoso lienzo de Sor Ángela de la Cruz que a punto estuvo de sufrir un percance irreversible de última hora debido a una tormenta, un suceso tan peculiar como la experiencia mística que dijo sufrir al proyectar y tallar el Resucitado de Gerena. Tan peculiar también como el hecho de haberse marchado en la resaca de la festividad de la santa sevillana. A lo mejor es que estaba emplazado para ello.

 

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