TORRE DE HUMILDAD

Jesús Abades


 

 

Fue el maestro Terenci Moix quien me enseñó a mirar a este tipo de cantantes sin los prejuicios que conlleva el simbolismo adoptado por la copla durante los tiempos en los que España vivió una siniestra dictadura que una tribu igual de siniestra se empeña todavía en tratar con indulgencia.

Esos prejuicios no solo se esfumaron la primera vez que la conocí, sino que desde entonces Marifé de Triana fue un ejemplo a seguir a nivel humano, sobre todo por ejercer la humildad como síntoma inequívoco de su grandeza artística y personal. Quizás hasta pecó de ser demasiado cercana, pues la soberbia a veces provoca el reconocimiento inmediato; mientras que a duras penas el humilde a rajatabla se ve recompensando con el sitio que merece. Pese a que hoy suene insólito, Marifé bregó bastante frente al "ipso facto" del que gozaron otras colegas a las que solo les faltó la escoba para ponerse a volar de lo brujas que eran.

Como bien dijo la visionaria Paloma Chamorro, es casi una norma, con poquísimas excepciones, que, cuanto más grande es un artista, más sencillo y más se deshace en atenciones con los demás; sin embargo, si te enfrentas con uno de cuarta fila, todo son exigencias, pretensiones y similares. Con Marifé se cumplía de sobra lo primero. No hay más que ver las sinceras muestras de cariño tras su partida, lejos de las performances de tanatorio que tanto gustan a los insoportables botafumeiros post-mortem.

De ella se dice que es la actriz de la copla. Yo añadiría que fue la intelectual de la copla, pues su cultura, su amor por el arte en general y su afán por saber y por aprender nunca tuvieron límites. Pero era tan discreta y tan enemiga del alarde propio (que no del ajeno), que muchos solo percibían al tratarla su exquisita educación.

Quizás por ello y por su elegancia natural, Marifé de Triana se ha ido con una dignidad rara de encontrar en estos tiempos, y más entre las folclóricas, muchas de ellas empeñadas de una forma u otra en cargarse su prestigio. Sirva este mediocre retazo para alabar esa dignidad; no solo cuando la fama la rodea, también cuando se cultiva desde el anonimato, y especialmente cuando es ignorada, algo mucho más frecuente en los casos anónimos que en los famosos. Los que seguimos aquí, lo hacemos cada vez más invadidos por ríos sin agua y flores sin olor. Algunas flores incluso son carnívoras y su tufo es repugnante de lo corruptas que están.

 

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