LA IMAGINERÍA ACTUAL, ¿ARTE O INDUSTRIA?

Sergio Parra Medina


 

 

Son muchas veces las que me pregunto, tras ver como se “tallan” las imágenes de manera industrial, hasta dónde reside el valor de la imaginería actual como valor artístico y escultórico. Comprendo que las nuevas tecnologías deben beneficiar la producción en general, pero cuando hablamos de ARTE... ¿Acaso no deberíamos hablar de un producto exclusivo, realizado mediante el pulso del ser humano, a través del cual se perciban sentimientos, vibraciones incluyendo la huella del creador? 

Hoy día, resulta “muy fácil” tallar una imagen: basta con un modelado a pequeña escala para que una máquina haga el proceso de ampliación y un artesano relimpie la escultura, dejándola lista para que un ayudante estuque y lije y un especialista estofe y policrome.

De esta manera, nos encontramos con “esculturas” que osan hacerle frente a nuestras más preciadas imágenes. La verdad es que este procedimiento supone un adelanto para los maestros consagrados que han demostrado que igual de bien lo van a hacer con máquinas que sin máquinas, y un salvavidas para aquellos “escultores” que, por carencia de conocimientos y aptitudes, no han logrado una talla escultórica como Dios manda. 

Que conste que estoy totalmente de acuerdo con estos “benditos” adelantos, pero no creo en su abuso y en su utilización como mero fin técnico y modo de crear de un artista. Pero, la cosa es harta comprensible si la miramos desde el punto de vista de los negocios, pues hoy día quién va a tallar como lo hacían hace siglos, con lo poco que se valora el arte.

Sólo sé que me gustaría que no se perdiera el arte en la imaginería, y hoy mismo hay que agradecer a los maestros escultores-imagineros (sí, esos mismos que nos vienen a la mente) que sigan enseñándonos como se talla una imagen, o cómo se consigue una verdadera obra de arte, aunque se auxilien de pantógrafos, porque al final se acaba viendo la mano del maestro, sino que se lo pregunten al magnífico e impresionante misterio del Traslado al Sepulcro de San Marta... ¡Eso sí que es arte!

 

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