LOS DEMONIOS DEL GENIO
Jesús Abades
A falta de playstations, telebasura o champions leagues, la máxima diversión pública en la Florencia del año 1477 consistía en acudir a las ejecuciones de paganos que, gratuitamente, ofrecían los depravados Medici a sus parroquianos. Sin embargo, el joven Leonardo no considera que ahorcar a los "herejes" sea una forma edificante de enriquecer su intelecto y decide compartir cachimba con uno de esos hijos de Mitra, reviviendo de paso traumas infantiles que creía enterrados mientras escucha en plena fumeta la consigna de la logia: "Soy un hijo de la tierra y del cielo estrellado. Tengo sed, dadme de beber de la fuente de la memoria". Sobre esta premisa comienza, más o menos, una de las apuestas televisivas más ambiciosas de los últimos años, que en nuestro país ha comenzado a emitir Fox: retrato de un genio de esos que solo se dan cada mil años, biografía del Bruce Wayne de su época, de un superhéroe del renacimiento... así define -y redefine- el creador de la primera película sobre Leonardo -David S. Goyer, autor de Blade y co-autor (se nota) de Batman Begins y las dos entregas de El Caballero Oscuro-, a Da Vinci's Demons, serie tan dada al subidón como sus anteriores producciones cinematográficas... y apenas con más sensibilidad artística que todas ellas. Agarrándose a un equipo inglés para intentar ennoblecer el show, Da Vinci's Demons no llega ni por asomo al biopic reflexivo y bien documentado que merece uno de los padres del arte -vistos los gustos actuales, hubiera fracasado en ese camino, pues marginados están ya los paladines que educaron al público con Elizabeth R o Yo, Claudio-, ni siquiera alcanza el encanto de un romántico que, fantasiosamente, retrata los mitos del pasado. Lo único que consigue es distraer con buen presupuesto, siguiendo la estela del Anonymous que rodó hace unos años Roland Emmerich sobre la figura de Shakespeare; pero, aun no siendo aburrida como ésta, empeora más el espectáculo, pues ni las interpretaciones son tan buenas, ni la ambientación tan acertada ni la dirección tan voluntariosa, y eso que hablar de Emmerich es hablar también de Independence Day. Una observación detenida de la serie, que tendrá segunda temporada para 2014, nos lleva a otra conclusión, quizás sospechada por algunos: que Leonardo, eterno aspirante a aeronauta e ingeniero militar, lo que inventó realmente fue la máquina del tiempo; por eso, estuvo ahora entre nosotros -sí, sí, en esta España vapuleada que precisa su propio Mayo del 68- y visitó la benemérita, se machacó en gimnasios de periferia, le contó a su amada Lucrezia los nuevo diseños de Hannibal Laguna e hizo buen acopio de chutes sintéticos que histerizaron de por vida sus chulescos gestos, ajenos del todo a la simpatía del espectador. Pese al naufragio, creo que debo acabar con cierta indulgencia pues valentía no le falta a esta troupe empeñada en que Leonardo -tan complejo como enigmático- pose para la posteridad a través de la televisión. No cabe duda tampoco que Da Vinci's Demons es mejor que Spartacus y Juego de Tronos, y eso que es tan gratuita como ellas en su juego de sangre, sudor y sexo. Seguramente, su mayor problema sea que se toma en serio -a diferencia de su equivalente español, Águila Roja, cuyo mayor mérito es su tono autochistoso-, por eso véanla sin más bajo un prisma kleenex -mirar, disfrutar y olvidar-, porque buscar más allá de su facilón argumento sería como querer encontrar el sfumato visual de Haneke en los tatuajes donchos del propio Goyer. |
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