EL PATRIMONIO COFRADE Y LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA

Francisco Javier Ruiz Ramos (21/03/2015)


 

 

El mundo cofrade se mueve y no para de evolucionar conforme a unos límites bien definidos. A veces parece que a una velocidad vertiginosa y, otras veces, se observan actitudes que sorprenden por resultar casi impropias del siglo en el que estamos y que, de esta forma, nos demuestran que ese movimiento resulta muy desigual, pudiendo incluso ser contraproducente para las mismas cofradías en un momento dado.

La protección y salvaguarda del patrimonio que atesoran las cofradías no es algo baladí. Hay una expresión bien conocida que dice que "no se puede proteger lo que no se conoce". Y no le falta razón. Cada vez más, las nuevas juntas directivas de nuestras hermandades, donde la savia nueva se derrama con ideas e iniciativas renovadas, van siendo más conscientes de la auténtica responsabilidad que tienen ya no solo con la Iglesia y en el ámbito estrictamente religioso, algo que por otro lado debe resultar esencial, sino con el legado que se les confía y cuyo valor sobrepasa el meramente económico -que tampoco es nada desdeñable- para adentrarse en el ámbito espiritual y de los sentimientos más íntimos de cada cofrade.

Creo que esto que exponemos y que es algo que cualquier cofrade entiende como un elemento de sentido común, no encuentra su correspondencia en el sentido más pragmático.

Por mi experiencia como cofrade, y también profesional, he tenido la oportunidad de ver como este patrimonio de las cofradías, que es el principal valor de las mismas después de los/las cofrades, no es conocido ni valorado en su justa medida y, como consecuencia, pocas veces tampoco tiene un tratamiento, en lo referente a su manipulación, acertado. En ningún momento quiero poner en cuestión el cariño, el amor y el respeto que, tantas y tantas personas que han tenido acceso al mismo, han puesto en su cuidado. Un cuidado, un cariño y un amor que, sin embargo, no resulta suficiente -por diversas razones que cansarían al paciente lector de exponerlas aquí-, para que el mismo se mantenga a lo largo del tiempo con las mayores garantías que permitan su conservación. Conservar, pues, se convierte en un planteamiento esencial y de suma importancia para los bienes que con tanto esfuerzo se han ido adquiriendo por parte de nuestras hermandades.

El problema se agrava cuando este patrimonio llega a un estado de deterioro tal que no queda otra solución más que intervenir. Es lo que lo que los especialistas llamamos "conservación curativa", comúnmente conocida como restauración. Una intervención que siempre ha de ser realizadas por especialistas cualificados y facultados para ello. Sin embargo existen fórmulas que, lejos de ser novedosas, son capaces por sí mismas de evitar en un alto porcentaje de los casos la solución extrema de la restauración. Modos de actuación que, planificados y bajo la supervisión de especialistas capacitados, esquivan estas actuaciones, en cierto modo agresivas, en el patrimonio. Hablamos de la conservación preventiva.

 

 

Como ya he apuntado no se trata de una idea nueva. La conservación preventiva es un método de trabajo que pretende controlar el deterioro de las obras de arte antes de que se produzca. El aplicar criterios de conservación basados en los principios de respeto a la autenticidad, así como el desarrollo y la aplicación de técnicas de análisis cada vez más sofisticadas con el objetivo de determinar las causas del deterioro, han tenido como consecuencia que, por un lado, se constate que el origen del deterioro, en la mayoría de los casos, es debido a factores externos o como consecuencia de la falta de mantenimiento. De igual manera, se viene a poner de relieve que la aplicación exclusiva de tratamientos de restauración no es suficiente para alcanzar un nivel aceptable de conservación. Por tanto, el hecho de que no sea posible conservar el patrimonio única y exclusivamente con criterios curativos (restauración), ha propiciado un cambio de estrategia en los últimos años que ya se han adoptado por las instituciones y que, a su vez, está sirviendo como ejemplo en el ámbito del coleccionismo privado o, como en el caso que nos ocupa, perfectamente aplicable al mundo cofrade.

Considerando la conservación preventiva como una estrategia basada en un método de trabajo sistemático que tiene por objetivo evitar o minimizar el deterioro mediante el seguimiento y control de los riesgos de deterioro que afectan o pueden afectar a un objeto, una colección, etc., parece claro que hay que incidir en los factores causantes del deterioro tales como las condiciones ambientales, incluidas la inclemencias meteorológicas durante un desfile, los temas relacionados con la seguridad (robo o vandalismo), factores de gran poder destructor (inundaciones, incendio, plagas...), amén de otro grupo de factores ligados a la manipulación de los objetos tales como golpes accidentales, vibraciones, etcétera.

Como profesional de la Historia del Arte, recomiendo encarecidamente a las Cofradías y Hermandades la elaboración de un Plan de Conservación Preventiva elaborado y coordinado por un profesional del ramo. Es una inversión cada vez más necesaria en tanto que supone un compromiso real con valores indelebles de las mismas cofradías y hermandades. La conservación de su patrimonio, el respeto a este y el hecho de ser conscientes de que nos somos más que meros portadores que hemos de transmitirlo a las generaciones futuras en las mejores condiciones, implica realizar el esfuerzo y asumir ese compromiso desde la firme convicción de ser lo mejor para todo un colectivo intergeneracional como es el colectivo de una cofradía o hermandad.

Quiero también apuntar en estas líneas y, en este mismo sentido, la necesidad de tener inventariado de una manera profesional nuestro patrimonio y asegurado el mismo convenientemente.

Esto, algo que puede parecer una obviedad o incluso insustancial, adquiere una dimensión relevante cuando el infortunio, del que nadie estamos libres, hace acto de aparición. Por citar algún caso reciente me referiré a la triste y lamentable pérdida sufrida por la Ilustre y Pontificia Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno -la más antigua de Palma del Río (Córdoba)- el pasado mes de diciembre de 2014, cuando un incendio hizo que pereciese su titular mariana de Pío Mollar (1942); o al sufrido en la Casa de Hermandad del Huerto de la malagueña localidad de Ronda el 5 de febrero de este mismo año. Un incendio que asoló dicha casa de hermandad perdiéndose decenas de túnicas de la virgen y el techo del paso de palio. Un valioso patrimonio que, si no está tasado correctamente por profesionales y contemplado en las pólizas suscritas con las compañías aseguradoras, posiblemente cause una importante merma económica a las hermandades amén de la insustituible pérdida en lo referente al valor histórico o sentimental.

En definitiva exhorto a las Hermandades y Cofradías a realizar labores activas, coordinadas por profesionales en la materia, de conservación preventiva en lo referente a su patrimonio elaborando, como no puede ser de otra forma, un Plan de Conservación que contemple a todos sus bienes patrimoniales cuya ejecución venga a actuar como garante en la consecución de los objetivos expuestos más arriba.

 

 

Nota: Francisco Javier Ruiz Ramos es Historiador del Arte. La Hornacina no se responsabiliza
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