SÍ, ES REAL
Emilio José Pinar Peñafiel (26/03/2020)
Luis se acostó a las 23:30 horas, siempre tenía la misma costumbre. Tras el aseo personal, le gustaba tumbarse en la cama y leer un rato, cogió esta costumbre de pequeño, cuando en su casa la hora de acostarse, era justo después de que saliera Casimiro en la tele. En su mesita de noche había varios libros, pero ese día, sin saber bien por qué, eligió "La Peste" de Albert Camus. Se adentró en sus hojas, leía la desesperación de una ciudad ante una epidemia, la peste, que hacía que los habitantes fueran de un lado para otro, sumidos en muchos casos en la desesperación y el desamparo. Sin darse cuenta quedó profundamente dormido. No podría decir cuánto tiempo había pasado, pero no podía creer lo que estaba sucediendo. Estaba convencido que esto era parte de su sueño, no podía ser real. Lo había oído de otros países, pero en España eso no podía estar pasando. Se autoconvenció, estoy durmiendo, se dijo a sí mismo. El sonido del avance informativo le sobresaltó, el presidente del Gobierno estaba decretando el Estado de Alarma. Y ahora qué, se preguntó. Las dudas, no solo en él sino en toda la población, iban apareciendo a cada palabra del presidente Pedro Sánchez. Es real, no era un sueño, pensó Luis. España estaba siendo atacada por un virus, una minúscula forma de vida, que nos la iba a cambiar a todos. Para sus adentros pensó, ¿será consecuencia del poco respeto que tenemos por el mundo en el que vivimos? Estamos a acostumbrados a exprimir a la naturaleza, a usarla en nuestro beneficio, y hoy es la misma naturaleza la que impone su fuerza sobre nosotros, los "dueños" del mundo, para confinarnos entre las paredes de nuestros hogares. Esa naturaleza que explotamos para nuestra comodidad, hoy nos hace esclavos de televisiones, libros, sofás... El individualismo que imperaba en estas primeras decenas del siglo, en las que no éramos capaces de conocer ni el nombre del vecino del cuarto, se está viendo reemplazado por un sentimiento de comunidad, de pertenencia, que se desarrolla cada noche, a las 20:00 horas, en nuestros balcones. Luis, hoy y cada día a esa misma hora, saluda a sus vecinos de calle, desde su balcón sí, pero los saluda. Ya no importa quiénes son, ni de dónde. Esta pequeña forma de vida que amenaza las nuestras, hace que se sienta orgulloso de sus vecinos, de su barrio, del panadero que cada mañana, pertrechado de guantes, bata y mascarilla, sube la persiana de su negocio, o de los barrenderos que cada día desinfectan las papeleras, los bancos y las entradas y salidas de supermercados, farmacias y tiendas de barrio. Ellos sí son héroes, pensó. Cada tarde se sienta en su sillón, ve las noticias y sufre, como todos y cada uno de los habitantes de este país llamado España. Miles de muertos, decenas de miles de infectados, valientes sanitarios que en un cuerpo a cuerpo encarnizado, combaten contra el virus. Oye las noticias de las residencias de mayores, personas con discapacidad, y comparte la angustia y el miedo de los técnicos y personal de atención directa, que desde un trabajo callado y discreto también luchan para que el bichito se quede lejos de su centro, y ve con tristeza a muchos de nuestros mayores sucumbiendo al maldito virus. Luis se levanta del sillón, cabreado, con todos y con nadie. Primero es el Gobierno el objeto de sus críticas, pero luego se da cuenta que no se puede hacer más. Se toman las medidas, se combate, se planifica... Claro que faltan recursos. ¿Cuántas veces hemos vivido una pandemia? Nunca, se responde a sí mismo, no se puede predecir lo que no se sabe cómo va a evolucionar. Ve los debates televisados, entra en redes sociales, lee comentarios en grupos de WhatsApp y no puede salir de su asombro... ¿Realmente es el ser humano tan vil, como para en estos momentos hacer críticas, en muchos casos inhumanas, atacando el trabajo de los que desde la administración, y da igual la que sea, nacional, regional o local, se están ocupando de que esta pandemia nos afecte lo menos posible? No puede salir de su asombro. Es triste ver la bajeza humana, es triste el afán destructivo de personas en las que el odio exacerbado les lleva a criticar las medidas que se están poniendo en marcha y las que no se ponen. Luis, sentado en su sillón, mira por los cristales de su balcón y lanza un suspiro... Sería tan fácil que todos remáramos en la misma dirección, piensa para sí mismo. Sin darse cuenta se queda durmiendo en el sillón. Un fuerte ruido le sobresalta, son sirenas. Mira la tele y ve que España está siendo azotada por una pandemia, el COVID-19, se asoma al balcón para ver de dónde proceden las sirenas. Son las 20:00 horas. Una patrulla de la policía local, otra de la policía nacional, guardia civil, protección civil y ambulancias. Todas pasan por debajo de su balcón recibiendo los aplausos de cientos de personas que están asomadas a los mismos. Mira a su alrededor. Su esperanza de que todo hubiera sido un sueño se desvanece. Es real, todo lo que ha pensado es real. Luis es positivo por naturaleza y está seguro que tras esta amenaza saldremos fortalecidos, habremos aprendido la lección y dejaremos atrás la individualidad, el egoísmo y la destrucción del entorno natural que nos rodea. Pero por ahora esto sí que es un sueño. |