IV CENTENARIO DEL SEÑOR DE PASIÓN

José Carlos Pérez Morales (30/09/2015)


 

 

Sevilla está de enhorabuena en estos días ya que se está conmemorando el IV centenario de la hechura de uno de los Nazarenos con más devoción en la ciudad: Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Entre el 25 de septiembre y el 11 de octubre de 2015 se van al celebrar multitud de actos por este singular aniversario. En la sede de la Fundación Cajasol se impartirán conferencias de los temas más variopintos teniendo como denominador común el simulacro y su autor, el vanagloriado Juan Martínez Montañés. Arte, sociedad o literatura se abordarán desde un prisma muy concreto y una finalidad especifica: ilustrar al vulgo todo lo que rodeaba al escultor, su vida cotidiana y costumbres, su proceso de ejecución, así como el modo de verlo, sentirlo y rendirle culto.

Del mismo modo, la sede de la hermandad de la que es titular este Nazareno, la insigne iglesia colegial del Divino Salvador, se viste de gala para albergarlo y mostrarlo de un modo más especial, aún si cabe. Besapiés y misa de acción de gracias serán un digno colofón tras el momento cumbre de la escenificación de "La noche oscura del alma" de San Juan de la Cruz.

Es verdaderamente satisfactorio observar el amplio programa de actos y culto organizados para tal fin. No obstante me surge una duda: ¿Qué es lo que estamos conmemorando? Se plantea el cuarto aniversario de le hechura de la obra de mano de Martínez Montañés y posiblemente nos estemos olvidando de lo más importante, la solidez del fundamento de los datos que celebramos.

Hasta el día de hoy no existe un contrato que certifique la autoría del maestro de Alcalá la Real en cuanto a la imagen de Pasión. Es más, se manejan conjeturas acerca del origen de la misma cuando la cofradía radicaba en la Merced. El único dato fehaciente que demuestra la existencia de la obra es un documento paralelo que la acredita en un tiempo anterior a enero de 1619, momento en el cual a Blas Hernández Bello se le requiere realice una corona de espinas tal y como la ostenta este Nazareno. Cierto es que el testimonio de fray Juan Guerrero puede ser esclarecedor y que la posible cercanía del escultor a través del prior del convento mercedario, fray Juan de Salcedo y Sandoval, es cuanto menos convincente. Sin embargo, no dejan de ser unas hipótesis que nos esforzamos en confeccionar, quizás sin darnos cuenta, que el mejor legado del que podemos disponer lo tenemos ante nuestros ojos, la propia imagen.

Por ello, estas líneas no pretenden, ni muchísimo menos, criticar o poner en tela de juicio el buen quehacer de la cofradía y las entidades colaboradoras en la organización de los actos y charlas, las cuales imparten profesionales de la más alta cualificación y especialización en los temas a tratar. Solo incidir que las tradiciones, datos paralelos o propuestas no deben de tomarse como axiomas, quien quiera que sea el que las formule. No olvidemos que fue el historiador sevillano José Hernández Díaz quien dató la imagen entre 1610 y 1615, conociendo que el único dato documental era en mencionado de 1619. Incluso otro investigador, Celestino López Martínez, tanteó la posibilidad de un compromiso privado entre la corporación y el artista, un contrato verbal. Bien es cierto que, a veces, nos cerramos a creer en la existencia perpetua e indeleble del dato escrito, de una confirmación que quizás nunca llegara a existir.

En resumen, por un lado aplaudo tan ejemplar iniciativa cultural con el fin de conocer mejor nuestro patrimonio pero, por el otro, incido simplemente en el pensamiento del porqué de las cosas, la motivación o la base de nuestros actos. Ajenos a cualquier debate sobre autorías, relaciones y parangones, pues no es este el caso aunque nos encante tal controversia, hemos de plantearnos y preguntarnos qué es lo que realmente estamos conmemorando.

 

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