LA LEY ANTITABACO
A FAVOR (María Madrid) Todos los ciudadanos somos libres de suicidarnos cuando nos apetezca, pero no tenemos el derecho de causar daño o de matar a los demás con nuestros actos. Si fumando en un lugar cerrado, con nuestro humo, terminamos provocando la muerte de otros seres humanos, no podemos decir o pensar que la cosa no tiene importancia. En cada uno de todos los países, cada año, mueren varios cientos de personas que no han fumado nunca y fallecen por ser fumadores pasivos. A esas personas las han "asesinado", de hecho, los fumadores. Si un grupo de personas (fumadoras) quiere hacer una fiesta en un lugar cerrado y, de paso, fumar, la ley se lo permite; pero también les dice que, en ese caso, no podrán tener ningún empleado en la fiesta. Ello se hace únicamente para evitar otro eventual futuro asesinado como fumador pasivo en el caso de que los organizadores de dichas fiestas (fumadores) se nieguen a salir fuera del recinto a fumar. Llevo días oyendo toda una sarta de tonterías por todas partes. Reflexionemos: está muy bien que no se pueda fumar a las puertas de hospitales ni de colegios; había gente bruta y desconsiderada que fumaban delante de las mismas, lo que hacía que el humo terminara entrando en el recinto. Si la gente no fuese tan egoísta o incivilizada, estos detalles no harían falta ponerlos en una ley, pero como resulta que en España nos estamos volviendo cada día más incivilizados y egoístas pues hacen falta leyes que nos digan cómo comportarnos correctamente. Y a esos que claman por su libertad, les repito que nadie les prohíbe suicidarse cuando quieran. No se preocupen, que, si así lo quieren, los demás no les vamos a llorar. Pero también les recuerdo que nada, absolutamente nada ni en nombre de nada les da ningún derecho a causar daño o a matar a nadie, y ustedes con sus cigarrillos, hacen daño y matan. Así que dejen de llorar como niños malcriados pidiendo libertad para seguir siendo malcriados. A ver si la gente se hace un poco más responsable y adulta de una vez con esta nueva ley. Ah, y los que tienen hijos y fuman dentro de sus casas... Mejor me callo lo que pienso de ellos, mejor me lo callo. Por cierto, los fumadores jamás me han respetado a mí, nunca me han preguntado si me molestaba el humo y he vivido siempre rodeada de fumadores: en casa, en el trabajo... El tema es a mi modo de ver de tipo cultural. En este país, si no nos endurecen las leyes parece que no aprendemos. Han tenido que subir el importe de las multas y quitar puntos del carnet, por ejemplo, para que no haya tanto accidente de coche, somos incapaces de levantar el pie del acelerador por nuestra cuenta... Para terminar recomiendo a todos que intenten dejar de fumar. Yo he podido hacerlo y soy hoy feliz sin depender del tabaco: me quedo de sobremesa cuando me apetece, me tomo una copa de vino o un café sin que provoquen ganas de fumar. ¡Qué liberación! Y les informo que fumaba dos paquetes diarios cuando dejé de fumar, y que he fumado muchos años de mi vida. Hoy he recuperado mi olfato (tardé varios años en recuperarlo) y la comida me sabe de otro modo. Estoy encantada. Dejar de fumar, según mi experiencia personal, equivale a sufrir tres meses bastante malos, pero si uno se empeña se pasan más rápido de lo que piensa; luego vienen tres meses no muy buenos, pues aunque ya han pasado los primeros, a ratos a uno le entran enormes ganas de fumar (yo resolví esto tomando vasos de agua cada vez que me entraban ganas de fumar, lo que al mismo tiempo es muy bueno para la salud). Y se acabó. Al cabo de seis meses uno se siente muy contento por haber llegado a estar seis meses sin fumar. A continuación vienen otros seis meses digamos que de consolidación, de ese dejar de fumar e ir con cuidado de no caer y volver a fumar. Es una pequeña batalla, pero pequeña y por lo tanto fácilmente ganable. Y ahí ya ha pasado un año. Les aseguro que después de un año sin fumar, uno ya es totalmente un ser totalmente libre del tabaco. Y si de repente al cabo de unos años, un día, a uno le entran ganas de fumar, pues repito mi recomendación: un vaso de agua y las ganas se pasan. ¡Qué maravilla es tener olfato de nuevo! |
EN CONTRA (Jesús Abades) Lo que están haciendo con el tabaco es una tomadura de pelo, no me explico cómo sólo algunos y no todos los hosteleros no se han puesto de acuerdo y han plantado cara a esta ley, pues esto es peor que una dictadura. Ahora resulta que el alcohol, mucho más dañino que el tabaco e incluso la cocaína según recientes y fiables estudios -tanto por los efectos de su consumo como por los efectos colaterales que el alcohol conlleva (accidentes, trifulcas, maltratos, etcétera)- es sólo objeto de tímidas advertencias que aconsejan un trasiego responsable (¿?). Aunque sea fumador, jamás diré que fumar sea un hábito saludable -hay también estudios de prestigio que confirman efectos beneficiosos para el stress y la regulación de la presión arterial en caso de consumo esporádico, pero paso de ellos- y la figura del no fumador me merece gran respeto -la mayoría de los que conozco han sido muy tolerantes en su momento y ahora son muy solidarios con un apoyo que llega hasta la compañía en la puerta de un establecimiento, cuando uno se queda indefenso frente al acecho de la pulmonía-; jamás fumé en espacios muy cerrados de cualquier tipo ni tampoco en espacios cerrados de hospitales, escuelas o similares cuando eso no solamente no se prohibía, sino que hasta estaba bien visto. Con estos propósitos -y con la esencia- de la nueva ley estoy completamente de acuerdo, pero soy contrario a sus formas y a sus incongruencias. Qué hay también de los alquitranes que vierten en las carreteras, y de toda la porquería que comemos y respiramos, especialmente en zonas altamente contaminadas. Mucha gente muere por el tabaco, también es cierto, pero cuánta gente que no ha fumado -ni tampoco bebido- en toda su vida muere de cáncer o de cualquier otra terrible enfermedad cuya causa también se relaciona con el tabaco. Lo siento, pero desde mi parecer la han tomado con los fumadores. Y todo esto, además de un tufo a nazismo que atonta -esas acusaciones anónimas- no es más que una cortina de humo para distraernos de cosas muchas más importantes que se podrían estar debatiendo a nivel económico y laboral, todas ellas mucho más perjudiciales que el tabaco. Si a uno le molesta el humo, se aparta o se apaga el cigarro -en mi caso, nunca he tenido problema con ello si me lo han pedido- y se acabó. Prueben a decirle a uno que lleve cuatro copas de más que deje de beber, verán que respuesta más graciosa y solidaria. Y eso por no hablar de la existencia de un alcohólico en una familia, algo realmente terrible porque siempre conlleva ruina y sufrimiento a la familia que le toque. Qué prohíban los anuncios de alcohol igual que hace muchísimo tiempo prohibieron los del tabaco, cosa que tampoco censuré. El siguiente paso de todo este despropósito sería el cierre de las tabacaleras, y así no fumamos, o bien que hagan tan ilegal el tabaco como las drogas. De hecho, los drogadictos campan ya más libremente que los fumadores. Pero claro, supongo que eso no interesará pues estamos pagando impuestos por nosotros los fumadores, por los no fumadores y por los ex fumadores. Si se dejara de fumar, la sanidad social de España -antaño una de las mejores del mundo, ahora una ONG cada vez más venida a menos por el desempleo y los chupópteros aborígenes y foráneos-, que hace mucho que en gran parte se sostiene gracias al tabaco, caería en el abismo. También son de recibo las quejas que exigen tratamientos para dejar de fumar gratis, ente otras cosas porque se pagan muchos impuestos cuando se compra tabaco y, en segundo lugar, porque a los drogadictos les sale gratis el proceso de desintoxicación, cosa que a todos nos parece magnífico y humanitario, pero cuando se compra droga no se pagan impuestos, ni IVA, ni nada, se paga por una mierda que mata y es mucho más peligrosa que el tabaco, aunque tengamos que oír que su adicción es mayor e incomparable con las drogas. Ya puestos, podrían poner en estas fechas unos cubículos en la calle, tipo casetas de playa de los años 20 pero con calefacción -llámenles narcosalas si así lo prefieren- para que los fumadores que estemos en un restaurante, bar de copas, cafetería, etcétera, podamos salir a fumar un cigarrillo sin pillar una neumonía. Y a todo esto -lo siento, soy muy ignorante y no paro de hacer preguntas-, si se prohíbe fumar en los bares, ¿por qué estos venden tabaco? ¿Y las gasolineras? Si denuncian a los fumadores que encienden un cigarrillo a cincuenta metros de un centro de salud y a cien metros de un parque infantil, ¿tienen las personas que vivan delante de dichos espacios prohibido fumar en su propio balcón y/o terraza? Si existen en nuestro país, aproximadamente, 245.000 bares, sólo bares, y está previsto que la mitad de estos echen el cierre, ¿acabaremos como Grecia? Y si dicen que esta ley apoya el botellón, ¿la gente estará obligada a hacer botellón delante de los bares por decreto ley? Si no fuera fumador con conciencia -fumador aborregado me llaman los más rebeldes y yo me callo- y los no fumadores, insisto, me mereciesen el mayor de los respetos, no dudaría en declararme públicamente desobediente ante este desatino. No seré yo desde luego el que critique a las personas y a los establecimientos que así lo hagan. |
www.lahornacina.com