DE WERTGÜENZA AJENA
Jesús Abades
Desde la entrevista que le hizo Público el pasado año, en la que dejó claro que el cambio de rumbo tomado por El País (el de papel) no era el adecuado, noté en Maruja Torres un desencanto que se ha venido confirmando en sus columnas posteriores y, sobre todo, en su postura sobre el ERE a los compañeros de un diario que necesita revisar sus principios. Una postura lógica, por otra parte, porque solo los que somos del gremio (y que me perdone el resto, pero es así) sabemos el alcance del escozor ante ese trago y el calvario que está llevando esta profesión nuestra, la que más puestos de trabajo ha perdido en los últimos años. De su decisión me enteré el mismo día del anuncio de la miserable LOMCE (día olvidable, desde luego), un producto de un no menos miserable ministro que, al igual que la catalana LEC, como bien me instruyó un gran sabio de la educación española, no es más que una simple jugada dentro de la estrategia para hacer retroceder las conquistas sociales de las clases subalternas que se consiguieron en la segunda mitad del siglo pasado. En definitiva, se trata de hacer que la escuela pública sea subsidiaria de las empresas de enseñanza privadas; el lenguaje con el que se visten puede ser diferente, pero el fondo es el mismo. Volviendo a Maruja Torres, hoy la admirada compañera cuenta "con pelos y señales" en su blog otra muestra más del descenso a la nada que nos invade en la información. Estoy de acuerdo con que el señorito Cebrián y el químico Moreno no hacen más que devaluar un medio antes plural, abierto, ameno, serio, sensato, respetuoso y contrastado, y hoy cada vez más abierto a menear el rabo según las órdenes de "arriba"; o sea, banqueros, empresarios y políticos (la mayoría quemados y podridos), como hacen los libelos de la caverna. No interesan las palabras críticas de Maruja Torres, nueva víctima de la libertad de expresión en nuestro país. En cualquier caso, ha dado una dosis de honestidad difícil de ver hoy día. Algunos la dimos también hace unos años (o eso nos dicen), y aunque seguimos pagando el pato por ello (y lo que nos queda), yo al menos tengo muy claro que lo volvería hacer mil veces más. Espero que la popularidad que conlleva la decisión en su caso sirva para que algunos se ahoguen en un baño de coherencia y que se abran muchas mentes al estilo de la suya o la del recientemente fallecido José Luis Sampedro, siempre igual de claro y certero ante la ignominia. |
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