EL MARTIRIO DE SAN SEBASTIÁN (IV)
JACOBUS AGNESIUS

Con información de Sergio Cabaco y Jesús Abades


 

 

La figura está considerada la obra maestra de Jacobus Agnesius, uno de los escultores especializados en la talla del marfil más importantes y singulares del siglo XVII. Exhibe todas las características de su virtuosa técnica: desde la precisión anatómica y los pliegues ondulantes de las telas, hasta el meticuloso labrado de los filamentos del cabello y los dientes individualmente delineados. Con su innovadora postura retorcida y su expresión profundamente angustiada, definida por la boca abierta y los globos oculares vueltos al cráneo, el San Sebastián de Agnesius personifica la preocupación del Barroco por el drama y las emociones humanas.

Hasta el reciente redescubrimiento de un Calvario firmado en el reverso del perizoma del Cristo, la obra de Agnesius era conocida principalmente por el San Sebastián y por un grupo de marfil del Martirio de San Bartolomé que se conserva en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi y muestra la firma "1638 / Jacobus Agnesius / Caluensis Sculp". Los estudiosos sugieren que el término "Caluensis" podría referirse a la ciudad suaba de Calw, en el suroeste de Alemania, o a uno de los pueblos italianos o franceses llamado Calvi. La historiadora Eike Schmidt, biógrafa de Agnesius, afirma que el escultor hablaba una lengua romance, aunque no excluye la posibilidad de que fuese un alemán que trabajase en Italia o Francia. Schmidt también ha señalado hace poco la existencia de una familia de escultores corsos con el apellido Agnesi, activos en Génova en la segunda mitad del siglo XVII. Tentativamente sugiere que Jacobus (o Jacopo) pudiera tener relación con esta familia, y señala similitudes con las obras de talladores de marfil italianos como Domenico Bissoni.

Schmidt enumera un corpus de obras conocido de Agnesius formado por tan solo seis piezas, todas ellas de un tamaño inusualmente grande para tratarse de marfil. El San Sebastián mide 64 cm de altura, y actualmente, tras ser subastado en 2011, se encuentra en una colección privada de Nueva York. El Cristo del mencionado Calvario guarda estrecha relación con el santo, exhibiendo la misma expresión facial agonizante.

Jacobus Agnesius aspiró a captar con este marfil el espíritu de modelos artísticos anteriores, especialmente del Laocoonte y del grupo de Apolo y Dafne esculpido por Bernini. Agnesius incluso exagera la tortuosa deformación del cuerpo, de ahí que el brazo izquierdo del San Sebastián haya sido arrancado de la cavidad del hombro, y la caja torácica se desgarre por el peso y la tensión de un cuerpo que lucha contra sus ataduras. Casi no hay comparación para una representación tan precisa de la anatomía humana en las estatuillas de marfil. Incluso en las de bronce, hay pocas que muestran una observación tan cuidadosa. Dado este grado de precisión, es posible que, como Leonardo o Miguel Ángel, nuestro artista diseccionara cadáveres en el curso de su formación artística. Además, debido a la frecuencia de torturas y ejecuciones públicas en la Europa barroca, especialmente durante la Guerra de los Treinta Años, Agnesius pudo haber visto cuerpos destrozados y rotos como el de su San Sebastián, y utilizó este conocimiento al labrar la figura. El resultado es una obra de extraordinaria fuerza y potencia, cuyo encargo se debió a un importante cliente, lo que se confirma en el gran tamaño de un material exótico, importado y bastante caro.

Como varios de sus contemporáneos, caso del Maestro de las Furias, Leonhard Kern y Georg Petel, Agnesius contribuyó a hacer de la escultura de marfil uno de los medios artísticos más codiciados y emblemáticos del siglo XVII. De hecho, otro San Sebastián del llamado Maestro de las Furias que se custodia en el Metropolitan de Nueva York (imagen inferior) muestra numerosos puntos de contacto con el de Agnesius, cuya obra ha sido también comparada con la de Adam Lenckhardt.

El rasgo más distintivo de Agnesius, que lo aparta de todos los demás escultores de marfil de su tiempo, es que no se limita a buscar la anatomía extrema, el rostro sufriente y el texturizado lineal de unas telas fuertemente envueltas al cuerpo; por el contrario, inventa poses únicas, muy forzadas y retorcidas, colocando a sus figuras en una tensión sin precedentes, y ofreciendo vistas sorprendentes e inesperadas desde todos los lados y ángulos imaginables. Ello sucede en el San Sebastián, en origen atado a un árbol de madera o metal que no se conserva.

 

 

FUENTES

SCHMIDT, Eike. Beauty Bound and Power Unleashed: Jacobus Agnesius and the Quest for Expression in Baroque Ivory Sculpture, New York, Strada, 2011, pp. 23, 36 y 52-56.  

 

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