MITOS GRECORROMANOS EN EL ARTE (Y XV)
DIANA Y ACTEÓN

Sergio Cabaco y Jesús Abades


 

 

El Mito

Diana (Artemisa, en griego) era una diosa solitaria y poco sociable. Era tan celosa de su propia belleza que fulminaba a todos aquellos que fijasen la vista en su rostro sin su consentimiento.

Cierto día, la hermosa virgen, cansada de las fatigas de la caza (Diana pasaba el tiempo cazando fieras), se sumergió en un pequeño lago de las montañas para refrescarse cuando se acercó el joven Acteón, que quería calmar su sed en la fuente que alimentaba el lago, y, sin querer, vio a Diana en el baño. La diosa, indignada, convirtió al pobre Acteón en un ciervo, que fue inmediatamente despedazado por la jauría de perros que siempre precedía las correrías de la diosa, la cual contempló impasible, junto a las Ninfas, la muerte de Acteón.

La desdeñosa Diana se enamoró, sin embargo, de Orión, un joven cazador de gran belleza; pero esta vez fue Apolo, hermano de la reina de las florestas y las montañas, quien impidió el matrimonio de la casta diosa.

Cierto día, Apolo y Diana se encontraron en una playa. Muy lejos, en el mar, se divisaba un puntito negro que se aproximaba. Tras retar Apolo a su hermana a acertar con sus flechas a aquel puntito, Diana disparó su arco y acertó de llenó. Sin embargo, el punto no era otra cosa que la cabeza de su amado Orión. La estratagema de Apolo, que quería desembarazarse de éste, había tenido completo éxito. Diana, desesperada por haber matado a Orión, suplicó a Júpiter que el joven fuese transformado en una constelación celeste.

Y así vemos, en las noches claras, cómo cruza Orión el cielo. Va de caza y, si se calla el viento, oímos ladrar su jauría, mientras Diana, diosa de la pálida luz lunar, le sigue y las estrellas se esconden tímidas a su paso.

 

El Autor

El cuadro se titula Diana Sorprendida en el Baño por Acteón y se conserva en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Fue pintado en el año 1836 por el pintor parisino Jean-Baptiste Camille Corot (1796-1875), experto en paisajes y considerado el precursor de la corriente impresionista francesa del siglo XIX.

Cierto es que el estilo de Corot (especialmente la recreación de sus paisajes, como el de la obra que nos ocupa, perteneciente a su primera etapa) caló hondo entre la nueva generación pictórica formada por artistas como Morisot, Boudin, Lépine o Pissarro (algunos de ellos, discípulos del propio Corot), si bien su rica y variada obra, siempre fiel a la tradición neoclásica, en la cual se había formado, afectó a todas las corrientes de su tiempo.

 

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