MIGUEL HERNÁNDEZ
Rogelio Abad Mora
Miguel Hernández, al que tradicionalmente se ha venido encuadrando en la Generación del 36, es realmente con la Generación del 27 con la que mantiene una mayor proximidad, lo que indudablemente influyó de una manera muy destacada en su obra literaria, es el autor considerado como uno de los poetas y dramaturgos de mayor relevancia dentro de la literatura española del siglo XX. Nace en Orihuela (Alicante), el 30 de octubre de 1910, segundo hijo varón de una humilde familia compuesta por el matrimonio y cuatro hijos: Vicente, Elvira, Miguel y Encarnación. El padre, Miguel Hernández Sánchez, se dedicaba a la cría y pastoreo de cabras, y la madre, Concepción Gilabert Giner, al cuidado de la casa. La infancia de Miguel transcurre entre juegos y trabajo ya que, aunque a los cinco años es escolarizado, desde los siete ayudará a su hermano Vicente en las tareas del pastoreo para así aprender el oficio. Entre los ocho y los once años de edad, recibe educación de primera enseñanza en las Escuelas del Ave María, destacando por su extraordinario talento, y ya, a los doce años, empieza a estudiar bachiller como "alumno de bolsillo pobre" en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela, regentado por los Padres Jesuitas, donde también estudia el que será su gran e inseparable amigo, Ramón Sijé. Es en este tiempo cuando aparece en él su gran interés por el estudio y la lectura que le acompañó siempre. A los quince años de edad, Miguel tiene que abandonar los estudios debido a la grave situación económica por la que atraviesa su familia, dedicándose exclusivamente al pastoreo; no obstante, llenará sus monótonas horas mientras cuida su rebaño de cabras con la lectura de numerosos libros de autores como Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla y Rubén Darío, entre otros, que despiertan en él su interés por la poesía, comenzando así a escribir sencillos versos que constituyen sus primeros experimentos poéticos y siendo su principal fuente de inspiración el entorno en que se desenvuelve: la huerta, la montaña, las cabras, el río, etcétera. Por estos años, Miguel Hernández inicia amistad con el canónigo de la Catedral de Orihuela, Luis Almarcha, quien orienta sus lecturas y pone a disposición del joven libros de los grandes autores del Siglo de Oro, como Cervantes, Lope, Calderón, Góngora, San Juan de la Cruz, etcétera, lo que hace que descubra a los principales escritores clásicos de la lengua española y otros modernos como Juan Ramón Jiménez o Manuel Machado y todos ellos se convierten en modelos para el poeta. Igualmente, los libros serán también los principales maestros de su formación autodidacta. Sus visitas a la Biblioteca del Círculo de Bellas Artes son frecuentes. Empieza a formar un improvisado grupo literario, el llamado "Grupo Orihuela", con otros jóvenes de inquietudes literarias similares, entre los que se encuentran los hermanos Fenoll, Carlos y Efrén, cuya panadería se convierte en lugar de tertulia, y su ya gran amigo Ramón Sijé, que estudia derecho en la Universidad de Murcia y que le orientará en sus lecturas de los clásicos y de poesía religiosa, corrigiendo a su vez sus primeros escritos. Ya a los veinte años, Miguel Hernández comienza a publicar sus primeros poemas en algunos de los diarios de la provincia, como "El Pueblo de Orihuela", "La Verdad" o "El Día" de Alicante. Se trata de una poesía mimética en la que el autor busca su propia identidad y donde sus versos aparecen combinados libremente o siguiendo las formas tradicionales de la poesía popular compuesta en arte menor combinando romancillos, octosílabos, endechas, redondillas, cuartetas, etcétera. En 1931, con 21 años, realiza su primer viaje a Madrid, gracias a que sus amigos le compran el billete. En Madrid tomará contacto con un ambiente literario más avanzado. En ese momento, la Generación del 27 está en pleno apogeo, lo que hace que el poeta se sienta atraído y deslumbrado por las actitudes literarias de aquel grupo de poetas ya consagrados, a la vez que ha logrado tomarle el puso a los gustos literarios de la capital. Sin embargo, al no encontrar el apoyo que necesita, a los pocos meses regresa de nuevo a Orihuela. De vuelta a su tierra, Miguel Hernández abandona el oficio de pastor y comienza a trabajar en una notaría. Continúa con su quehacer poético y literario y se lanza a la búsqueda de la belleza como fin último de la poesía. Compone su primer libro, Perito en Lunas, ejemplo claro de su tenaz lucha con la palabra y con la síntesis y asombroso comienzo poético, en donde la metáfora y la imagen establecen las mejores relaciones entre la realidad y la palabra. Continúa con sus intensas lecturas y escribe El Silbo Vulnerado, nuevo libro de poesía. Miguel participa entonces en frecuentes veladas poéticas públicas en las que expone y recita sus propios poemas, como el de su Elegía Media del Toro en Alicante. La prensa local se hará eco del evento, calificándolo de gran éxito y alabando las cualidades literarias del poeta. |
En 1934, Miguel Hernández realiza un segundo viaje a Madrid, lo que supone un cierto triunfo para el poeta ya que la revista "Cruz y Raya" le publica su auto sacramental Quien te ha Visto y Sombra de lo que Eras. Comienza a relacionarse con otros poetas, como Alberti, Rosales, Bergamín, Aleixandre y Neruda. Regresa a Orihuela en verano y en Septiembre formaliza su noviazgo con Josefina Manresa, joven modista andaluza que trabaja en un pequeño taller de costura. En noviembre del mismo año, Miguel vuelve a Madrid, es nombrado colaborador en las "Misiones Pedagógicas" del Gobierno de la República y, más tarde, comienza a trabajar como redactor en la enciclopedia Los Toros de José María Cossío. Colabora activamente en "Revista de Occidente" y en "Caballo Verde". Publica sus libros Vecinos de la Muerte y El Rayo que no Cesa, este último muy volcado en el plano sentimental y cuyos poemas amorosos más encendidos son para su amada Josefina, a la que seguirá cantando como novia, esposa y madre en los libros siguientes. En Madrid, su círculo de amigos, especialmente Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, lo inician en el surrealismo y le sugieren formas poéticas revolucionarias y poesía comprometida con ideología de izquierdas, con lo que, a partir de aquí, sus poemas manifiestan claramente un compromiso político con las clases sociales más desfavorecidas. Escribe y publica el drama Los Hijos de la Piedra, dedicado a los mineros de Asturias. A partir de aquí, el poeta toma partido claramente por la causa de los oprimidos. En diciembre de 1935, muere su fraternal amigo Ramón Sijé, al que le dedica una emocionante Elegía que pasará a la historia de la literatura como modelo poético. Al estallar la Guerra Civil, el poeta toma partido con entereza y entusiasmo por la causa de la República. Se publica su Elegía a Ramón Sijé, se edita su libro de poemas El Rayo que no Cesa y escribe la obra teatral El Labrador de Más Aire. Por otro lado, se incorpora como voluntario al V Regimiento del Ejército Popular de la República y es nombrado Comisario de Cultura. En plena Guerra Civil marcha a su Orihuela natal para casarse, el 9 de marzo de 1937, con Josefina Manresa, aunque a los pocos días marcha al frente de Jaén. En verano de ese año asiste al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Valencia. Escribe el drama Pastor de la Muerte y numerosos poemas recogidos más tarde en su obra Viento del Pueblo, verdadero ejemplo de poesía revolucionaria y combatiente. En diciembre de 1937 nacerá su primer hijo, Manuel Ramón, que muere a los pocos meses, y al que le dedicará el poema "Hijo de la Luz y de la Sombra" de su libro Cancionero y Romancero de Ausencias. En enero de 1939 nace su segundo hijo, Manuel Miguel, al que más tarde le dedicará las famosas Nanas de la Cebolla. En abril de 1939 acaba la guerra, y Miguel, después de viajar a Orihuela, intenta escapar a Portugal pero se lo impide la policía portuguesa, que lo entrega a la Guardia Civil fronteriza, siendo encarcelado en la localidad onubense de Rosal de la Frontera. A continuación, es encerrado en la cárcel de Sevilla, pasando más tarde a la de Madrid, de la cual sale en septiembre de ese año sin haber sido procesado ni juzgado. Miguel Hernández vuelve a Orihuela, al calor de la familia, pero allí es delatado y vuelto a detener. Es juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940; no obstante, se le conmuta esta pena por la de 30 años de prisión. Pasa a la prisión de Palencia y luego al penal de Ocaña. Más tarde es trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante en donde enfermará, primero de bronquitis y luego de tifus, que se le complicará con tuberculosis. Entre fuertes hemorragias y golpes de tos, Miguel muere el 28 de marzo de 1942 a los 31 años. Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante el 30 de marzo de ese mismo año. Miguel Hernández representa mejor que nadie al poeta comprometido con su tiempo. Una buena parte de su poesía es poesía militante; poesía valiente; poesía arriesgada. Hoy, en el año que se cumple el Primer Centenario de su nacimiento, nos unimos desde aquí, con esta breve reseña biográfica, al homenaje que todos los miembros de Itimad queremos ofrecer al hombre cuya vida y cuya obra, apasionada en ocasiones hasta la desesperación, serena en otras hasta el desaliento, pero humana y verdadera siempre, hicieron de él el símbolo y el ejemplo que encarnan a la poesía como instrumento para libertad y la plenitud para el ser humano. |
Nota de La Hornacina: Fotografías del monumento al poeta, un busto en bronce sobre pedestal de granito realizado por Alberto Germán Franco e inaugurado el 12 de junio de 2010 en Rosal de la Frontera (Huelva). Escrito publicado en Aldaba, nº 11, 2010, Asociación Artístico Literaria "Itimad", Sevilla, pp. 78-81. |
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