ANTONIO MARTÍN FERNÁNDEZ

Mariano Sánchez Pantoja


 

 

Un mes de noviembre del año 1927, no podía nacer en otra calle de Sevilla, nada menos que en la que lleva por nombre Lumbreras, el que habría de dar luz y esplendor a muchos de las imágenes más devocionales de Andalucía. Con tan sólo 14 años empieza a trabajar en la fábrica de muebles de Loscertales.

 

"No conocía nada de talla, me gustaba el trabajo y sobre todo dibujar, aunque la talla de muebles me aburría un poco, he de reconocer que en la fábrica de muebles aprendí a manejar y a conocer los usos y los diferentes tipos de gubias, todo los días pasaba por la puerta del taller del Maestro tallista Luís Jiménez, y me quedaba asombrado viendo como se trabajaba en otros tipos de creación y de talla en madera".

 

A la edad de 16 años, entró a formar parte del taller del maestro Luis Jiménez, en la calle Pizarro, y permaneció en él hasta que terminó el servicio militar. Colaboró en la realización de muchos trabajos para la Semana Santa, aunque el que más recuerda es el paso procesional de la Cofradía de la Sagrada Lanzada.

Con Antonio Vega trabaja en el paso procesional del Cristo de la Victoria, de la Cofradía del Porvenir en Sevilla, también interviene en el altar de cultos para la Virgen de la Concepción de la Hermandad del Silencio de Sevilla. Durante este tiempo, estudia en la Escuela de Artes y Oficios, teniendo como maestros, entre otros, a Cantalero y Santiago Martínez, autor del diseño del paso procesional de la Virgen de la Soledad de San Lorenzo, con el que perfecciona sus dotes para el dibujo artístico.

 

"Tuve que ir aprendiendo a hacer dibujos y diseños propios, pues para hacer un gran proyecto de un paso o de un retablo, es necesario saber crear cosas originales y nuevas".

 

Con 24 años se establece por cuenta propia, primero en la plaza del Sacrificio, posteriormente en la calle Mallol, después en calle Inocentes y al fin en calle Castellar, en el corralón pleno de artesanos de todas las materias: ebanistas, carpinteros, doradores, escultores, orfebres, etcétera.

 

"Mi oficio es de tallista, lo que ocurre es que además de tallar bien, es necesario ser un buen dibujante, un buen diseñador, un buen proyectista, para así crear cosas de auténtico arte y que digan algo al que las contemple".

 

Presenta su primer gran trabajo a la hermandad de Santa Genoveva, del barrio del Tiro de Línea en Sevilla, que en los primeros años 50 del siglo XX estaba recién fundada y, para su sorpresa, a pesar de competir con afamados tallistas, la Hermandad le encarga el paso procesional del Cristo Cautivo, por lo que dicho trabajo conserva el honor de ser el primer trabajo completamente diseñado y tallado íntegramente en su taller.

Así mismo, a la vez que el encargo para la Hermandad de Santa Genoveva, realiza el paso procesional de Jesús Nazareno de La Algaba (Sevilla). Ambas cofradías están orgullosas de estos primeros trabajos de Antonio Martín. Para la Hermandad del Cautivo de Santa Genoveva también realiza la Cruz de Guía. En la actualidad, dicha pieza pertenece a la Cofradía de Jesús Despojado de sus Vestiduras de Sevilla.

 

 

 

También realiza el paso procesional del Cristo Cautivo de Écija (Sevilla), en el año 1954, siendo el primer encargo de los seis que realizaría para la Semana Santa de la llamada "ciudad de las torres". A finales de los 50 realiza la reforma del canasto del paso procesional del Cristo de Burgos, de la cofradía sevillana del mismo nombre, añadiéndole las cartelas de las esquinas y del centro de los laterales.

En 1960, afronta la reforma y ampliación de un antiguo canastillo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Écija, al que añade unos magníficos respiraderos. Un año después, recibe el encargo de hacer el altar de cultos de la Cofradía de San Benito de Sevilla, ubicada en la parroquia del mismo nombre, el cual inicia el comienzo de una colaboración que le llevará a realizar dos de los mejores pasos procesionales de su producción artística y el modelo de inspiración a seguir en multitud de encargos: el paso del Santísimo Cristo de la Sangre y el Paso de Misterio de la Presentación al Pueblo. Esta hermandad hispalense es la que posee más obras del talento creador de Antonio Martín, siendo nombrado Cofrade Honorario.

 

"Yo miro a los antiguos retablos de las iglesias, a las obras de Pedro Duque Cornejo, Bernardo Simón de Pineda, Cayetano de Acosta, me gusta especialmente la Iglesia de San Luis de los Franceses, donde todo es calidad y buen hacer en la composición y en el proyecto de los altares y en general en toda su ornamentación… esos son mis gustos y en donde me inspiro".

 

A mediados de los 60, amplía el canasto del paso procesional del Cristo de las Siete Palabras, del templo sevillano de San Vicente, y reforma los respiraderos del mismo. En 1965, termina para Écija su tercer encargo, el paso del Crucificado de la Cofradía de la Yedra. En 1967, realiza el altar de cultos del Cristo de Burgos, en la iglesia hispalense de San Pedro de Sevilla, además del mencionado paso de la Presentación al Pueblo de la Cofradía de San Benito de Sevilla, causando una gran expectación por la monumentalidad del trabajo.

A continuación, realiza las andas del Cristo de la Sangre de dicha hermandad, obteniendo la misma aceptación unánime. Coetáneo a estos trabajos es el paso del Cristo de la Sangre de Écija, terminado en color caoba. En 1969 inicia el paso procesional de otra de las grandes devociones de Écija: el Señor de la Salud, de la Iglesia de San Gil, que lo termina en su color de madera oscura con unos interesantes hachones en las esquinas.

 

"No me gusta el término "neobarroco", creo que le quita sentido. Yo defino lo que hago como Arte Barroco del siglo XVII, que se hace en el siglo XX".

 

Entre los años 1970 y 1972, trabaja en un diseño del orfebre Cayetano González sobre el paso procesional del Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad de la Hiniesta de Sevilla, aunque él lo interpreta en algunos aspectos, realizando por primera vez un paso de líneas rectas, de estilo renacentista, aunque con elementos barroquizantes. En estos años realiza las maniguetas del paso procesional del Cristo del Amor, de la Iglesia del Salvador (Sevilla) y amplía el canasto del paso procesional del Cristo de las Cinco Llagas, perteneciente a la hermandad del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad, realizando los actuales respiraderos.

Un nuevo estilo aviva la creación de nuestro maestro: el gótico, plasmado en los respiraderos del paso de palio de Nuestra Señora del Buen fin, de la Hermandad de la Sagrada Lanzada (Sevilla), añadiéndole este elemento al canastillo, que ya figuraba en dicho palio, obra de Luis Jiménez, y consiguiendo un conjunto en extremo original y novedoso, perfectamente encajado en un paso de palio de coherente diseño. El estilo gótico continúa en el canasto y moldurón del paso procesional del Cristo de la Misericordia, titular de la hermandad de Santa Cruz (Sevilla). Aunque siguiendo las trazas de un antiguo paso de dicho Cristo, consigue un resultado magnífico en este trabajo; así mismo, reproduce uno de los respiraderos laterales del paso en el mismo estilo gótico.

De 1973 es el encargo para la Hermandad de las Cigarreras de Sevilla, para la que también talla las cartelas, sustituidas posteriormente por otras del escultor e imaginero hispalense José Antonio Navarro Arteaga. Ese año trabaja en otro paso de líneas rectas, de inspiración renacentista: el del Cristo de la Expiración de Écija.

 

"Yo trabajo solo, aunque me ayudan un par de oficiales, y además lo hago a mano, no tengo máquinas porque no me gustan".

 

En 1975, realiza, para Sevilla, el paso procesional en color madera, con cartelas doradas, de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, así como el gran trono de Jesús del Rescate de Málaga, siendo su primera obra en esta ciudad, iniciándose una relación artística que le llevará a poseer cuatro tronos de los mejores que procesionan en la Semana Santa malagueña. En 1976, realiza un pequeño paso procesional con una magnífica peana para la imagen de San Juan Evangelista, de la Cofradía de Luz y Aguas de Cádiz y en 1977 el gran paso procesional del Crucificado de las Aguas de la misma hermandad gaditana. También realiza una delicada obra, con acabado en su color, para el portentoso grupo escultórico de la Quinta Angustia de Utrera (Sevilla).

Hacia 1979 diseña un paso procesional para el Nazareno trianero de la Cofradía de la O, pero al no poder afrontar la corporación dicho encargo, a través del empresario Carreras, de la calle Feria, amigo personal de Antonio Martín y cofrade del Señor de la Salud (Cofradía de los Gitanos), es ofrecido a esta hermandad, que lo aprueba, convirtiéndose en una de las obras cumbres de la producción artística de su taller. En el año 1980, realiza un sobrio paso para el Cristo de la Vera Cruz, de honda devoción en la localidad sevillana de Guillena, y recibe el encargo de hacer el paso procesional del Señor de las Penas, de la Hermandad sevillana de la Estrella, a quien también le diseña y talla el altar de cultos que se instala en la capilla de esta imagen mariana.

De nuevo Málaga llama a las puertas de su taller para otro genial encargo: el paso de la Virgen de Gracia, que lo concibe gótico, de una forma absolutamente magistral, siendo causa de admiración en todo el mundo cofrade de Málaga. También amplía el canasto del paso procesional del Señor de la Sagrada Oración en el Huerto, de la hermandad sevillana de Montesión, obra realizada a finales de los 50 por Manuel Guzmán Bejarano, añadiendo las esquinas y realizando, junto a Antonio Vega, los respiraderos. Entre los años 80 y mediados de los 90, realiza el trono del Cristo de la Agonía de la cofradía malagueña de San Julián (Las Penas), en estilo barroco.

 

 

 

Jerez de la Frontera es ahora la ciudad que requiere el esfuerzo creador de Antonio Martín, realizando en torno a 1982, en madera en su color, con las cartelas y los hachones conjugando la madera y la orfebrería en plata, el paso procesional del Cristo de la Defensión y, cuatro años más tarde, otra de sus monumentales obras, de valiente y ondulado canasto y espléndidos respiraderos, el paso para el Señor de la Sentencia y Humildad, de la Cofradía de la Yedra, de honda raigambre y devoción popular en Jerez, obra que se termina en 1989. En 1987 ultima el paso del Cristo de los Afligidos de Utrera (Sevilla), aunque en este intervendrán otros autores.

En 1989 comienza a trabajar en el retablo del Santuario de Nuestra Señora del Rocío, en Almonte (Huelva), obra cumbre del diseño, la talla y el dorado del siglo XX, tarea que le llevará casi 20 años de su vida profesional. Este trabajo es el más grandioso ejemplo y resumen de la gran obra de un artista de primer nivel y comparable a los grandes maestros del Barroco Andaluz.

En 1990 realiza el paso procesional del Señor Azotado de Sanlúcar la Mayor (Sevilla). En el año 1992, de nuevo Málaga le encarga un magnífico trono para el Nazareno de los Pasos, de la Cofradía del Nuestra Señora del Rocío, con diseño de Jesús Castellanos, hecho singular en la trayectoria de Antonio Martín, ya que pocas veces talló un paso que no fuera de diseño propio. Así mismo, realiza otro paso procesional para la Cofradía del Cristo del Perdón, de Jerez de la Frontera.

El año 1993 realiza otra de sus grandes obras: el paso rocalla del Cristo de la Vera Cruz de Cádiz, inspirado en el retablo y en elementos decorativos del Convento de San Francisco de la capital gaditana. Para la localidad gaditana de San Fernando lleva a cabo el paso procesional del Señor de los Afligidos y María Santísima de la Amargura, las cuales forman un misterio singular en la iconografía de la Semana Santa de Andalucía que representa el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la Amargura, camino del Monte Calvario.

La ciudad de Córdoba, en el año 1997, va a tener una gran muestra del ingenio creador del taller de Antonio Martín a través del encargo realizado por la Cofradía de la Coronación de Espinas. Martín concibe un original diseño barroco con elementos rococó, alcanzando una magnificencia maravillosa.

 

"En estos últimos años han aparecido nuevos profesionales, pero al mismo tiempo, parece que la talla está decayendo, porque, en muchos de esos talleres nuevos, se está metiendo maquinaria, con lo que se pierde el valor de lo artesano y no se gana en calidad".

 

A partir de 2000 realiza sus tres últimos encargos: el paso para la cofradía gaditana del Cristo de la Misericordia, del barrio de la Viña, que se estrena y termina todavía sin dorar en 2005; una obra renacentista para la Cofradía del Monte Calvario de Málaga, inspirada en el retablo de la capilla del Sagrario de la Catedral malagueña, y su última obra, también de 2005, el imponente paso procesional del Señor de la Oración en el Huerto de los Olivos, para la cofradía del mismo nombre en Granada, que de esta forma pasa a tener una de las mejores muestras del trabajo de Martín. Su gran último encargo procesional y del que se sentía especialmente orgulloso.

 

"He echado en este encargo, de Granada, todo lo que se, lo he trabajado con gusto... y mucho cariño... el escándalo que formaría este paso en la Campana".

 

A lo largo de su vida profesional, Antonio Martín, fallecido el 1 de enero de 2010, ha tenido pocos colaboradores en su taller, lo más, de vez en cuando, uno o dos oficiales. A la dinastía Bailac (padre e hijo) sí ha estado unido profesionalmente. Los dos han sabido interpretar magistralmente las ideas volumétricas de nuestro querido maestro, han elegido las mejores maderas, y han dado esa forma que subyace en el trabajo de talla de Martín; esa elegancia y limpieza cuando las líneas son rectas, esa valentía sinuosa cuando se aplicaba el barroco, la floritura y el detallismo cuando el trabajo era gótico, y el preciosismo minucioso con la rocalla.

Siempre, en todas sus obras ha predominado la novedad, ha privado lo original sobre la mera réplica, el ingenio sobre lo ya conocido, de forma que los trabajos nacidos del binomio Bailac-Martín son perfectos en su profundidad de ebanistería y esplendorosos en su epidermis lígnea tallada.

Los grandes escultores coetáneos a Antonio Martín han completado los programas iconográficos de sus obras, sus respiraderos, capillas, cartelas y canastos. Todos ellos están llenos de trabajos que en su día realizaron Francisco Buiza, Augusto Morillas, Luis Ortega Bru, una larga colaboración con Manuel Carmona, y más recientemente con José Antonio Navarro Arteaga y Luis González Rey. Todo esto hace que el conjunto de su obra sea absolutamente de una magnitud artística difícil de superar. El trabajo de un genio de la madera, un esplendido dibujante y diseñador, un mágico proyectista y un maestro de maestros.

 

 

Fotos: Cofradía del Huerto de Granada, Roberto Villarrica, Alejandro Cerezo, Manuel Ganivet y Jordi Fluxá Bru

 

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