PIERRE-AUGUSTE RENOIR
Pierre-Auguste Renoir nació el 25 de Febrero de 1841 en Limoges, Francia, hijo de un sastre que se trasladó a París con su familia cuando el pintor era un niño. Renoir comenzó su carrera en el año 1854 como aprendiz de pintor de porcelana en un taller. Durante estos primeros años recibió lecciones de dibujo, trabajó como pintor aficionado y copió algunas pinturas del Museo del Louvre. En 1861 entró en el estudio de Charles Gleyre, un pintor de renombre, donde conoció a Claude Monet, Frédéric Bazille y Alfred Sisley; durante los años siguientes estudió en la École des Beaux-Arts. En 1870, tras participar en la guerra franco- prusiana, Renoir volvió a París, donde continuó trabajando mano a mano con artistas de vanguardia cuyo vínculo nacía del común desencanto frente a la pintura academicista imperante. Renoir se rodeó de mujeres en vida y reflejó a través del pincel la delicadeza, la sensibilidad y la voluptuosidad de las figuras. Si se tiene en cuenta el conjunto de su obra, es preciso señalar -tal y como ya hicieron muchos críticos contemporáneos al artista- que se erigió como el pintor de la mujer. A lo largo de su dilatada carrera, Renoir pintó a su esposa, a sus amantes, a sus amigas. También a modelos profesionales, a muchachas de la calle, a actrices y a grandes burguesas. En los comienzos artísticos, en el impresionismo de la década de 1870, en la vuelta a la tradición y a la pintura de artistas como Ingres de 1880, y en la inspiración de Rubens de los últimos años; la mujer siempre fue el principal tema de inspiración del artista, eterno objeto de seducción y viva encarnación del arte. |
Renoir es una de las figuras clave del Impresionismo, movimiento artístico en el que colabora durante las primeras exposiciones organizadas en la década de 1870. Expuso dos pinturas en el Salon des Réfusés (Salón de los Rechazados) de 1873, y al año siguiente, él y sus compañeros se unieron para organizar la primera exposición de los llamados "Artistas Independientes", grupo al que pronto se conoció como los impresionistas. Alrededor de 1880, el pintor experimenta una crisis artística que le lleva a cuestionar, y finalmente abandonar, los postulados impresionistas. En palabras del propio Renoir: "había ido hasta el extremo del impresionismo y llegué a la conclusión de que no sabía pintar ni dibujar". Su viaje a Italia entre los años 1881 y 1882 supone un punto de inflexión en su carrera. La contemplación de los maestros italianos marca profundamente su obra y, especialmente, Rafael, Ingres y los pintores venecianos de siglo XVI. El trabajo de Renoir evoluciona entonces gracias a una búsqueda continua de lo que él consideraba la pintura auténtica, así como a través del conflicto constante entre la preponderancia del dibujo o del color y de la pintura al aire libre o en el estudio. Conviene señalar que a pesar de lo anterior, Renoir siguió siendo una figura clave del movimiento impresionista durante el resto de su carrera, y participó en cuatro de las ocho exposiciones del grupo. Asimismo, aunque se le conoce más por sus representaciones femeninas, también pintó otros temas como paisajes, retratos y bodegones, los cuales se repiten en la evolución estilística que siguió su arte durante más de cuarenta años de carrera. A pesar de que Renoir tuvo un éxito modesto al comienzo de su trayectoria artística como pintor de retratos, a finales de la década de 1870 fue atrayendo cada vez más a una clientela adinerada. En el año 1900, la reputación de Renoir como gran pintor entre público y crítica estaba firmemente establecida. |
En las primeras grandes composiciones, como Baile en el Moulin de la Galette (1876), el pintor refleja los juegos de seducción de sus contemporáneos y actualiza en tiempos de la III República las fiestas galantes de Watteau, aunque las figuras masculinas pierden protagonismo para dar paso a un mundo femenino. Renoir crea una imagen original, reconocible, que define y reinventa el ideal de mujer de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Algunas de las protagonistas son amigas de Renoir y pintadas en Montmartre. Este periodo se caracteriza porque sus retratos se alejan del academicismo y forjan la imagen de la parisina moderna. A partir de la década de 1880, Renoir se empieza a centrar en el tema del desnudo femenino y refleja en sus lienzos su admiración por la obra de Ingres, Rafael, Tiziano o Veronés. Como casi toda la pintura del artista francés, sus desnudos están imbuidos de una sensualidad que no desaparece en esa vuelta al clasicismo. Obra clave de este momento es Mujer desnuda en un paisaje (1883), realizado al año siguiente de su vuelta de Italia. El firme trazo del dibujo y el estudio clásico del desnudo muestran ya la superación de la técnica impresionista que contrasta con el tratamiento abocetado del paisaje en el que se sitúa la figura. La fusión entre mujer y naturaleza, planteada ya en dicha obra, será uno de los asuntos predilectos por Renoir. El artista, a pesar de ser conocido como pintor de figuras, se interesó por el paisaje a lo largo de toda su carrera y manifestó a través de este género sus investigaciones e inquietudes en torno a la pintura al aire libre. A partir de 1885, año en el que nace su hijo Pierre, la imagen de la mujer adquiere un carácter particular en escenas relacionadas con la maternidad y la infancia. En estas obras, el tratamiento que Renoir confiere a la mujer se transforma y genera escenas más íntimas, familiares y atemporales, influidas seguramente por el nacimiento de sus hijos. Un claro ejemplo lo vemos en Maternidad (1885), en la que presenta a Aline, mujer del pintor, alejada del bullicio de la capital, amamantando a su hijo Pierre en un amoroso abrazo. |
A lo largo de la década de 1890, el gusto de Renoir por los asuntos íntimos y domésticos, tan en boga en la pintura de fines del siglo XIX, se refleja también en sus pinturas realizadas en torno a la toilette o al aseo de la mujer, como Mujer desnuda acostada (Gabrielle). El espectador adquiere el papel de voyeur e invade un momento de intimidad femenina en el que el desnudo vuelve a ser el protagonista. En sus últimos años Renoir recrea la atemporalidad de una Arcadia en la que bañistas y ninfas son las figuras principales de sus composiciones y en donde conviven clasicismo y modernidad en una suerte de tensión. El desnudo femenino al aire libre es un tema de larga tradición en el arte occidental, un asunto clásico recuperado por Renoir y otros pintores del cambio de siglo, que convierten esa mirada al pasado en un aspecto definitorio de su modernidad artística. En 1918, cuando Renoir pinta Las bañistas, tiene 78 años. Hasta este momento vemos cómo el pintor ha sido un gran representante del impresionismo au plein-air, ha participado en las exposiciones junto con Monet, Degas, Sisley o Pisarro, ha sido condecorado con la Legión de Honor, ha expuesto en el Salón Oficial y ha colaborado en la IX Bienal de Venecia junto al maestro Courbet. En su pintura, donde sigue predominando el motivo femenino, Renoir pasó de reflejar los avatares de la vida moderna a representar una mujer atemporal que, en nombre del clasicismo, se funde con la naturaleza. |
Hasta el 8 de enero de 2017 puede visitarse en la sala de
exposiciones Fundación MAPFRE Casa Garriga i Nogués (Calle Diputació 250, Barcelona)
Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos
d'Orsay y de l'Orangerie. La muestra incluye unas 70 piezas y presenta una
evolución de la obra de Renoir desde un punto de vista nuevo, basado en las distintas
interpretaciones de la imagen femenina a través de su producción artística.
El proyecto desvela cómo la representación de la figura femenina se desarrolla de
forma paralela a la trayectoria artística del pintor francés y, de este modo, el espectador asume
una visión completa de la evolución del ideario femenino: el protagonismo que tiene la
parisina moderna en sus lienzos impresionistas, la visión más intimista de la imagen
maternal y la belleza intemporal del desnudo integrado en la naturaleza, tan
característico de sus últimos años. La propuesta que representa esta exposición encierra, además, un significado catalán
muy especial: hace prácticamente un siglo, el 23 de abril de 1917, se inauguraba en el
Palacio de Bellas Artes de la capital catalana una muestra que, bajo el título
Exposición de arte francés y promovida por Ramón Casas, Santiago Rusiñol y otros
artistas catalanes, presentaba en Barcelona casi 1.500 obras de los grandes artistas
franceses de entonces: Cèzanne, Degas, Manet, Monet, Morisot, Pisarro Puvis de
Chavannes, Renoir y Sisley. La finalidad del evento era mostrar la importancia del arte
francés surgido desde el último tercio del siglo XIX. Entre las obras que la exposición
incluía de Renoir -"acaso el mejor representado de los impresionistas"- destacaba "el
portentoso Moulin de la Galette que no puede contemplarse sin sentir escalofríos de
un deleite casi angustioso", comentaba el periodista José Francés en La Esfera al
hacerse eco de la exposición.
Finalmente, Casas, Rusiñol y otros artistas responsables de la muestra fueron
condecorados por el gobierno francés como muestra de gratitud.
Cien años después, Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d'Orsay y de l'Orangerie devuelve a Barcelona la oportunidad de
contemplar de nuevo este icono del movimiento impresionista y de la pintura de
nuestro tiempo en general.
Aprovechando este retorno del Bal du Moulin de la Galette, la muestra también rinde
homenaje a los pintores catalanes que vivieron y trabajaron en París a finales del siglo
XIX, que también llevaron a sus lienzos aquel mítico rincón de Montmartre y cuyas
obras, sobre todo, fueron una aportación esencial en la renovación que en aquellos
años experimentó el panorama artístico nacional. Con este motivo se han incluido
obras de Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Carles Casagemas y Manuel Feliú de Lemus, cedidas por otros coleccionistas e instituciones que han querido así sumarse
generosamente a este proyecto, pensado específicamente para Barcelona. Horario: lunes, de 14:00 a 20:00 horas; martes a sábado, de 10:00 a 20:00 horas; domingos y festivos, de 11:00 a 19:00 horas. |
www.lahornacina.com