VAN EYCK. UNA REVOLUCIÓN ÓPTICA

30/01/2020


 

 

Introducción

En 2020, el Museo de Bellas Artes de Gante rinde homenaje a Jan van Eyck con la exposición Van Eyck. Una revolución óptica (Van Eyck. Een optische revolutie). La muestra podrá verse del 1 de febrero al 30 de abril, en horario de 09:30 a 17:30 horas (martes a viernes) y de 10:00 a 18:00 horas (sábados y domingos).

A nivel mundial solo se conservan una veintena de obras de Van Eyck. Más de la mitad viajarán de manera excepcional a Gante para ser expuestas junto a otras de sus contemporáneos. La exposición también mostrará una visión sobre los Países Bajos durante la baja Edad Media como núcleo creativo para artistas y artesanos, y permitirá conocer la opulenta corte de Felipe el Bueno, duque de Borgoña, y la dinámica cultura de la ciudad en la que Van Eyck no solo se desarrolló como artista, sino también como consejero y diplomático. Pinturas, esculturas, dibujos, tapices y miniaturas de artistas contemporáneos del oeste de Europa e Italia ilustran el sentimiento estético y la riqueza cultural de este periodo.

Jan van Eyck (Maaseik, hacia 1390 - Brujas, 1441) fue pintor de la corte del Duque Felipe el Bueno (1396-1467). Este excéntrico duque y su círculo siempre estaban rodeados de los mejores artistas. En ese momento Gante y Brujas también empezaron a desarrollarse como ciudades mercantiles. Ricos mercaderes y políticos admiraban la magnificencia de la corte y fueron los primeros en adquirir productos de lujo. Esto describe perfectamente el ambiente creativo de Van Eyck, entre la corte y la ciudad, entre el arte y la artesanía.

Jan van Eyck destacó entre sus contemporáneos y desencadenó una auténtica revolución óptica. Con su técnica inigualable y su capacidad de observación elevó la pintura al óleo a un nivel desconocido y determinó el rumbo del arte de la pintura. Su obra maestra es "La Adoración del Cordero Místico" (Catedral de San Bavón, Gante), encargada por el concejal gantés Joos Vijd. La restauración de los paneles exteriores de "La Adoración del Cordero Místico" también forma una parte fundamental de esta exposición. La restauración comenzó en 2012 por el Real Instituto para el Patrimonio Artístico de Bélgica (KIK-IRPA). Los visitantes podrán admirar el resultado espectacular de cerca y entrar en dialogo directo con otras obras maestras de Van Eyck. Esto llevará a una revaluación de sus obras y del contexto histórico en el que se crearon.

Para poder vivir la revolución óptica de Van Eyck, se colocarán sus obras al lado de las de sus contemporáneos con más talento procedentes de Alemania, Francia, Italia y España. Unos maestros que también se movían por los círculos más importantes creando obras prestigiosas. La exposición mostrará tanto las similitudes como las diferencias artísticas. Van Eyck. Una revolución óptica revela los mitos del artista y abre una nueva perspectiva sobre su técnica, obra e influencia. Con esta exposición se quiere provocar las mismas sensaciones de admiración que sentían sus contemporáneos al ver su obra por primera vez: una experiencia única en la vida.

Con la oferta familiar, incluso los visitantes más jóvenes del Museo de Bellas Artes de Gante descubren el mundo de Jan van Eyck. En la entrada, los niños de 6 a 12 años reciben una audioguía (disponible en holandés, francés, inglés y alemán) y un folleto de búsqueda de Van Eyck con sellos y varias tareas creativas.

Quien habla de Gante habla del "Cordero Místico". Los dos tienen una conexión indisociable. Gante es la ciudad en la que Van Eyck pintó su obra maestra y donde durante más de seis siglos millones de visitantes de todo el mundo vienen a visitar esta pieza de altar. En el año 2020, la ciudad hace un homenaje a Jan Van Eyck y su tríptico del "Cordero Místico" en un año festivo lleno de eventos y actividades para todas las edades.

Durante Van Eyck. Una revolución óptica, los paneles del políptico se podrán ver en dos lugares: los interiores originales (excepto Adán y Eva) se exhibirán en la Catedral de San Bavón, mientras que los paneles exteriores y los interiores de Adán y Eva se exhibirán en el Museo de Bellas Artes de Gante. Mientras dure la muestra, los paneles ausentes del templo catedralicio serán reemplazados por unas copias de alta resolución.

 

 

 

La música en el Cordero Místico

Jan Van Eyck es un maestro del detalle, lo que dota a sus obras de un realismo sin precedentes. Gracias a los detalles minuciosos, el maestro flamenco nos ofrece información muy valiosa sobre la vida y las costumbres del siglo XV. El "Cordero Místico" nos enseña, entre otros, qué plantas y especias eran conocidas durante la Edad Media, así como qué instrumentos existían ya en aquella época.

Dichos instrumentos se pintaron de forma tan realista que incluso es posible averiguar de qué tipo de madera están hechos. Hoy día se conservan muy pocos instrumentos musicales de la Edad Media. Gran parte de lo que sabemos de ellos, se lo debemos a la iconografía y al arte de la época. El "Cordero Místico" constituye un buen ejemplo. Llama la atención que los paneles en los que figuran los ángeles que cantan y tocan música ocupen un lugar destacado en el retablo. Ello obedece a que, según numerosas visiones de la Edad Media, el cielo se abre ante el sonido de la música celestial. Es el motivo por el que los paneles de los ángeles se encuentran tan cerca del panel central donde aparece la figura divina.

También cabe destacar que, sin sus alas, los ángeles tendrían un aspecto muy humano. Parecen músicos y cantores que ayudaban en los servicios litúrgicos de la época. Van Eyck opta por esta representación humana para no distanciar la misteriosa liturgia celestial de los sonidos de la liturgia terrenal. Los ángeles musicales representan el reflejo celestial de la misa que se celebraba cada día ante el políptico.

Durante la Edad Media, la música puramente instrumental era más bien inusual. Existía una preferencia por la música vocal, y los instrumentos se usaban sobre todo como acompañamiento del coro y durante los bailes y las procesiones. Lo mismo ocurre en el retablo: los ángeles que cantan tienen el protagonismo, y son acompañados por los instrumentos que tocan sus compañeros.

El ángel que aparece en primer plano toca un pequeño órgano. Al igual que la mayoría de los instrumentos medievales, el órgano data de la antigüedad. Surge alrededor del año 300 a.C. y durante mucho tiempo se conoce únicamente en Bizancio. A partir del siglo VIII y IX d.C. se introduce también en el resto de Europa. Aunque originalmente, el órgano se utilizaba principalmente para fines seglares, entre los siglos IX y XII empieza a utilizarse cada vez más durante los servicios eclesiásticos. En la iconografía medieval encontramos sobre todo la versión más pequeña del órgano: el organetto. El organetto dispone de dos o tres docenas de tubos y tiene un rango máximo de dos octavas. El organista toca el teclado con una sola mano, y con la otra opera el fuelle. El ángel organista que aparece en el "Cordero Místico" puede tocar su instrumento con las dos manos, dado que otro ángel acciona el fuelle. En el extremo izquierdo del panel apenas se puede distinguir un mechón de cabello de este ángel. Teniendo en cuenta el dibujo de la madera, se puede deducir que este órgano estaba fabricado en madera de roble. Además, el asa revela que se trata de un instrumento móvil.

Los otros dos instrumentos que aparecen en el panel de los músicos celestiales son el arpa y la viola de arco. Además del órgano, el uso de otros instrumentos durante los servicios litúrgicos no era muy común en la época, pero en el cielo de Van Eyck reinan otras costumbres. El término "viola" puede referirse a varios instrumentos. Durante la Edad Media, la nomenclatura de los instrumentos no era consecuente todavía, y tampoco existía un modelo a seguir a la hora de su construcción. Por ello, este periodo histórico se caracteriza por la gran diversidad de sonidos y de instrumentos de distintos tamaños y formas. Generalmente, la viola es un instrumento de cuerda con una caja de resonancia ovalada o rectangular que se coloca en el hombro o en el regazo. El ángel no toca la viola, simplemente la sostiene. Por ello, resulta difícil averiguar cómo se tocaba. Excepto la tapa armónica, fabricada en madera blanda, el instrumento consiste en una sola pieza de madera dura, como por ejemplo la de arce. Durante la Edad media, la viola y el arpa son instrumentos muy apreciados, dado que las suelen tocar trovadores, y por lo tanto se asocian con el amor cortés. El arpa es uno de los instrumentos más antiguos del mundo. El ejemplar más antiguo que se conserva hoy en día data del año 2600 a.C. El arpa medieval se caracteriza por su caja armónica, fabricada a partir de una sola pieza de madera. Las cuerdas se realizan a partir de intestinos de animal. Van Eyck pinta con tanto detalle y realismo que se pueden distinguir las cuerdas más gruesas, que producen notas más graves, de las cuerdas más finas, que producen un sonido más agudo.

En el lado izquierdo de la figura divina se encuentra un grupo de ángeles que cantan alrededor de un atril. Constituyen la contraparte del órgano representado en el otro panel musical. El atril constituye otro ejemplo del detalle extraordinario de Van Eyck. En el atril se ha integrado una escultura que representa la lucha entre el arcángel Miguel y el dragón, una referencia al libro del Apocalipsis. Sobre el atril se encuentra un manuscrito abierto. Una esquina doblada del libro revela algunas notas: ut [fa] ut [la]. Las notas están escritas en notación mensural, característica de la polifonía. Aunque durante la Edad Media era habitual que los cantantes se situaran detrás de una partitura común para cantar, casi nunca se miraba el manuscrito. Los cantantes solían conocer la obra de memoria y solo utilizaban la partitura como apoyo.

Los investigadores no han podido determinar con certeza cuál es la obra interpretada por los ángeles cantores. Lo que sí se sabe es que Jan van Eyck no pintó un conjunto aleatorio de personajes. Las distintas expresiones faciales revelan que cantan una obra a varias voces. Además, la posición de la boca permite deducir la voz que interpreta cada ángel: soprano, alto, tenor o bajo.

El Políptico de Gante constituye, por tanto, una fuente de información valiosa no solo para investigadores, sino también para músicos del mundo entero. A pesar de que el retablo data de hace más de quinientos años, todavía hay numerosos músicos, compositores y fabricantes de instrumentos que se dejan inspirar por la obra maestra de Jan van Eyck. El "Cordero Místico" es mucho más que un simple cuadro patrimonio de la humanidad: es un icono vivo que sigue inspirando obras musicales contemporáneas.

 

 

La flora en el Cordero Místico

Además de ser una obra maestra inconfundible, el "Cordero Místico" también constituye una abundante fuente de información acerca de la fauna y la flora medieval. Los Van Eyck convirtieron su políptico en un jardín paradisíaco lleno de simbolismo, representando nada menos que 75 tipos de flores, plantas y árboles distintos.

El panel central en el que se representa la adoración del Cordero Místico rebosa de maravillas botánicas. El asombroso jardín pintado por los hermanos Van Eyck representa el paraíso celestial que, según la Biblia, abrirá sus puertas a los creyentes después de la muerte. Por lo tanto, no es de extrañar que detrás la fauna y la flora que aparecen en el cuadro se escondan numerosos símbolos cristianos.

El panel está repleto de plantas perennifolias, flores de primavera y hierbas medicinales que simbolizan la inmortalidad, el rejuvenecimiento y el poder curativo de la fe, respectivamente. También el número de hojas de cada planta fue elegido con mucho esmero. Por ejemplo, todos los tréboles representados en el retablo tienen tres hojas como referencia a la Santa Trinidad. Por otra parte, todos los lirios de los valles que aparecen en el cuadro tienen siete hojas, lo que simboliza los siete dolores y las siete alegrías de la Virgen María.

La gran precisión característica de esta obra de Hubert y Jan van Eyck demuestra sus amplios conocimientos científicos. Superan con creces a sus contemporáneos, no solo a nivel técnico, sino también en lo que se refiere al detalle y al realismo. Mientras la mayoría de los pintores de la época se limitaba a representar plantas irrealistas y demasiado estilizadas, o a plasmar en el lienzo algunas manchas coloridas sin significado alguno, los hermanos Van Eyck destacan por sus flores, hierbas y frutas realistas y bien definidas. Gracias a este detallismo, los científicos consiguieron reconocer 75 plantas distintas, de las cuales 48 han sido identificadas con certeza. El retablo ofrece un sinfín de información acerca de las plantas que ya se conocían en la Edad Media.

Si bien es cierto que la naturaleza representada en el "Cordero Místico" es muy realista, los Van Eyck no aspiraban a crear una copia exacta de la realidad. Así, no tienen en cuenta el transcurso de las cuatro estaciones. En el retablo se observan plantas de primavera y de verano floreciendo al mismo tiempo, así como árboles autóctonos intercalados sin más con arbustos que normalmente solo crecen en las regiones mediterráneas.

En su calidad de diplomático de la corte de Felipe el Bueno, Jan van Eyck emprendía a menudo viajes al extranjero. Durante esas expediciones descubrió nuevas plantas y flores que sin duda constituyeron una fuente de inspiración para el jardín paradisíaco del "Cordero Místico". La cidra es una de esas frutas exóticas que conocería a lo largo de sus viajes diplomáticos. El cidro o "etrog" en hebreo es un cítrico a partir del cual se desarrollaron el pomelo, el limón y la lima. Antiguamente era una fruta prohibida y como tal, tenía un gran significado simbólico. Además de esta fruta, se pueden identificar claramente muchas otras especies exóticas que Van Eyck encontraba en sus viajes: el ciprés mediterráneo, la palmera datilera, la higuera y el granado.

Entre 1428 y 1429, Van Eyck residió durante diez meses en las actuales España y Portugal, donde tuvo tiempo suficiente para familiarizarse con la flora mediterránea y examinarla de cerca. Las investigaciones del historiador británico John Hooper Harvey revelan que los conocimientos de Van Eyck eran exactos, dado que muchas de las especies identificadas en el "Cordero Místico" realmente crecían en la península ibérica en el siglo XV.

Ya se trate de las frutas exóticas que conoció durante varios de sus viajes o de las formaciones rocosas que caracterizan a su región natal de Dinant, Jan van Eyck interioriza el entorno que le rodea con una facilidad asombrosa y une diversos elementos sueltos hasta formar un único conjunto que ilustra de manera representativa su forma de entender el mundo.

Gracias a la ciencia de la dendrocronología, que permite determinar el origen geográfico de la madera a través de los anillos de crecimiento, hoy día conocemos el origen de los paneles del retablo. Al igual que la mayoría de las obras de arte flamencas llevadas a cabo entre los siglos XIV y XVII, los paneles del "Cordero Místico" están fabricados a partir de madera báltica, proveniente de los extensos bosques de Estonia, Letonia y Lituania. Los árboles se talaban y se exportaban a continuación a través de los puertos del Mar Báltico para ser transportados después a la Europa occidental por comerciantes holandeses.

 

 

Simbolismo

Nada es lo que parece en el tríptico del "Cordero Místico". El retablo está repleto de símbolos y hasta los detalles más triviales esconden historias ocultas. Esto convierte a Jan van Eyck no solo en un pintor magistral, sino también en un verdadero narrador de historias.

Casi hay que utilizar una lupa para poder ver los azulejos del suelo en los paneles en los que se representan los ángeles que cantan y tocan música. Dichos azulejos tienen un patrón precioso que no ha sido elegido al azar. La decoración de los azulejos blancos y azules comprende, entre otros, el monograma de Cristo, el de María y representaciones del Cordero. En algunos azulejos también se puede distinguir el acrónimo AGLA, de la frase hebrea "Atha Gibor Leolam Adonai", que significa "Tú eres poderoso para siempre, Señor". Esto demuestra que Van Eyck usaba incluso los detalles más pequeños para reflejar el tema religioso del retablo.

El Políptico de Gante es como una película compleja que nunca aburre: cuantas más veces se contempla, más detalles ingeniosos se descubren. En el panel de los ángeles cantando, el ángel en primer plano lleva un broche azul. En este broche se puede apreciar un reflejo de la ventana de la capilla Vijdkapel. Esta capilla es el lugar de la Catedral de San Bavón al que el tríptico estaba destinado inicialmente. Van Eyck incluso habría tenido en cuenta la forma en la que la luz entraba en ella a la hora de realizar este cuadro.

Cuando se abre el retablo, se puede apreciar a la Virgen con una corona de flores, perlas y piedras preciosas. Todas las flores hacen referencia al mes de mayo, el dedicado a María. Cada una tiene también un significado simbólico que puede relacionarse con la Virgen: el lirio representa la virginidad, la rosa el amor, el lirio de los valles trae suerte, y la aguileña, con sus hojas curvadas hacia abajo, representa la humildad. No se sabe si se trata de una coincidencia o no, pero en el marco del políptico figura la fecha en la que se instaló oficialmente en la catedral de San Bavón: el día 6 de mayo de 1432.

En el panel central aparece un sinfín de figuras. El maestro flamenco reflexionó mucho sobre la identidad de los adoradores del Cordero Místico. En el grupo de mártires situado en el extremo derecho distinguimos dos santos: San Livino y San Esteban. Livino se reconoce gracias a las tenazas que lleva en las manos, de las que cuelga su lengua. Livino fue el patrón de Gante, y durante un sermón en Esse, su lengua le fue arrancada por unos paganos. Delante de él se encuentra San Esteban, que lleva una pila de piedras en su dalmática. Esteban es el primer mártir. Fue lapidado después de acusar a un sumo sacerdote del asesinato de Jesús.

A veces se podría pensar que Van Eyck se impuso el reto de esconder el máximo de detalles posibles en el retablo. Detrás de la figura divina central, cuelga un tapiz con dibujos de pelícano. El pelícano se abre el pecho con su pico para poder alimentar a sus crías. Se trata de un símbolo que se usaba a menudo durante la Edad Media, y que representaba el sacrificio de Cristo. Encima del pelícano se encuentra una banderola con el siguiente texto: IHESVS XPS, es decir, Jesucristo. Para dar una idea del impresionante detalle que Van Eyck era capaz de lograr: las crías de pelicano representadas en el tapiz tan solo miden un centímetro.

La figura central del retablo es sin duda el Cordero. Ocupa un lugar tan importante en el panel central que la atención del espectador se desvía inmediatamente hacia el animal del sacrificio. Resulta fácil olvidar que en segundo plano también se desarrollan numerosas actividades. Si se fija bien, verá que el animal herido está rodeado por un grupo de ángeles que llevan instrumentos de la pasión, dado que el Cordero es la personificación de Jesús que sacrifica su vida para liberar a la humanidad de sus pecados. Los instrumentos de la pasión representados hacen referencia a la crucifixión. Los dos ángeles que se encuentran a la derecha detrás del altar llevan una columna y un flagelo, y a la izquierda se puede ver la corona de espinas y la lanza.

Los detalles incluidos por Van Eyck no se limitan exclusivamente a los paneles. Los marcos de la obra también están repletos de simbología. En 1823, durante una limpieza de los marcos de los paneles laterales exteriores, se descubre un cuarteto, una inscripción de cuatro líneas. Y Van Eyck no sería Van Eyck si no lo hubiera aprovechado para darle su toque original. En la última línea, se han destacado algunas letras. Si se suma el valor de las cifras romanas, se obtiene el número 1432, el año en el que el Políptico de Gante fue revelado. Una traducción libre del cuarteto rezaría como sigue: "El pintor Hubert Van Eyck, mayor del cual no hay nadie, comenzó esta obra. Su hermano Jan, el segundo en su arte, completó la ardua tarea a petición de Joos Vijd. A través de este verso, este último le invita a contemplar el resultado el día 6 de mayo" [del año 1432].

 

 

La técnica de Van Eyck

Jan Van Eyck es un pintor conocido a nivel mundial. Logra representar, sin esfuerzo alguno, los detalles más pequeños, las telas más elegantes y las miniaturas más diminutas de manera realista y natural. La técnica de Van Eyck es única, y es lo que le convierte en uno de los pintores más famosos del mundo. Van Eyck destaca muy por encima de sus contemporáneos. Ninguno de los pintores de la época era capaz de imitarlo.

Algunos sostienen que fue Van Eyck quien inventó la pintura al óleo, pero no es el caso. Aunque no la inventó, sí la perfeccionó y la hizo suya. Siempre prestando atención a los más mínimos detalles, solía aplicar en los paneles al menos tres capas de pintura semitransparente, de los colores más claros a los más oscuros, gracias a lo cual consiguió crear una sensación de profundidad.

Van Eyck no pintaba siempre improvisando sobre la marcha. Incluso los mejores maestros necesitan ayuda de vez en cuando. Las capas de pintura al óleo cuidadosamente aplicadas esconden un dibujo subyacente. Estos dibujos de color negro carbón constituían el principio de una obra grandiosa. Así, Van Eyck los habría utilizado para la realización del retrato de Arnolfini y su esposa: el dibujo del sombrero de Arnolfini fue adaptado varias veces antes de que un pincel bañado en pintura tocase el panel; sin embargo, algunos elementos de la obra, como las naranjas, las perlas del collar y el perro, fueron aplicados sin dibujos subyacentes.

Los sastres de la época tenían mucho que aprender de Van Eyck. Al realizar sus obras, prestaba gran atención a la ropa de sus personajes. Gracias a sus contactos diplomáticos, tenía grandes conocimientos sobre los distintos tipos de telas. Era capaz de pintar gran variedad de tejidos distintos, con excepcional atención para el detalle. Así, representó a la perfección la finísima tela escarlata, fabricada en Gante, Brujas y otras ciudades flamencas, y conocida en el mundo entero. La figura divina que aparece en el panel central del "Cordero Místico" lleva esta tela. Imita el tejido de seda en los doseles de honor que se encuentran tras la Déesis del "Cordero Místico" usando un brocado. Se trata de una técnica relativamente nueva y compleja que data del siglo XV. Van Eyck creaba relieves dorados y pintados a partir de mallas de latón que a continuación fijaba en la pintura. No solo pintaba todas las telas de una forma muy realista, sino que incluso reflejaba las costuras en la ropa. Por lo tanto, se podría llegar a decir que Jan Van Eyck fue sastre además de pintor.

El talento de Jan Van Eyck va mucho más allá del perfeccionamiento de la pintura al óleo y de la representación de la ropa. Este pintor tiene, además, un excelente ojo por el detalle, y es capaz de transformar las miniaturas más pequeñas en figuras realistas. En la obra "Retrato de hombre con turbante" -posible autorretrato, según algunos expertos- vemos hasta los pelos de la barba asomando, y en el retrato de Joos Vijd, que forma parte del retablo del "Cordero Místico", se pueden observar las pequeñas imperfecciones del rostro. Esto no solo nos permite saber que los hombres del siglo XV se dejaban barba como los hipsters, sino que nos cuenta la historia de un pintor con un verdadero talento por los detalles. Todos los objetos que aparecen en su obra se pintaron con una exactitud extraordinaria. Esto demuestra que el pintor trabajaba de forma muy precisa, estudiándolo todo hasta el más mínimo detalle antes de plasmarlo en el lienzo.

La forma en la que Jan Van Eyck juega con la luz y la sombra es realmente sorprendente. Emplea esta técnica hasta en los detalles más pequeños. El volumen de las manos de la Virgen que aparece en la cara anterior del panel central del "Cordero Místico" se consigue gracias a un juego de luces y sombras. Van Eyck es capaz de dar vida incluso a las figuras más estáticas y de pintar reflejos en sus paneles sin esfuerzo aparente. En el retrato de Arnolfini y su esposa, en el espejo colocado detrás de los recién casados, se puede observar otro espejo en el que se ve el reflejo de la pareja, y quizás incluso el del mismo Van Eyck.

Algunos defienden que las obras del maestro constituyen uno de los primeros ejemplos de la perspectiva atmosférica. Pinta los objetos más alejados de forma más borrosa, con colores y contrastes menos intensos, creando así la impresión de que realmente se encuentran más alejados. Esta técnica se aprecia especialmente bien en "La Adoración del Cordero Místico". Por ejemplo, las cimas de la impresionante cordillera en el panel de los Caballeros de Cristo no están pintadas tan nítidamente como los caballeros en sí.

 

 

Curiosidades

Jan y Hubert Van Eyck vivieron durante la Edad Media y tuvieron una existencia misteriosa. No hay muchas fuentes escritas, pero lo que sí se sabe con seguridad es que existe un vínculo entre los hermanos Van Eyck y Gante, y el cuadro "La Adoración del Cordero Místico" del año 1432. Los hermanos realizaron el cuadro prestando mucha atención a los detalles y dejaron algunos misterios sin resolver.

El "Cordero Místico" presenta un vínculo indisociable con la Catedral de San Bavón de Gante. Sin embargo, la historia de la obra no ha sido tranquila. Durante la revolución francesa en 1789, el cuadro acaba en París. Las tropas francesas irrumpen en la catedral y se llevan la obra maestra en un carro tirado por un caballo. Es el Duque de Wellington quien se encarga de que el retablo vuelva a ocupar su sitio en San Bavón. Un año después, seis paneles se venden al marchante de arte L. J. Nieuwenhuys por 3.000 florines neerlandeses. Finalmente, los paneles caen en manos del rey de Prusia. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se ve obligada a devolver los cuadros a Bélgica como deuda de guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, el políptico acaba en la mina de sal de Altaussee, en Austria. Es ahí donde Hitler esconde sus obras maestras mientras espera la construcción de su nuevo museo. Al final de la guerra, Hitler quiere hacer explotar la mina y todas las obras guardadas en ella. Algunos mineros heroicos evitan la destrucción del "Cordero Místico". Después de muchos años, la obra regresa al fin a su hogar, la Catedral de San Bavón.

El concejal de Gante, Joos Vijd, y su mujer, Elisabeth Borluut, no solo encargan el "Cordero Místico" a los hermanos Jan y Hubert Van Eyck, también ordenan la construcción de una capilla adicional en la catedral de San Bavón, destinada a albergar la obra. Esta capilla, como hemos dicho, recibió el nombre de Vijdkapel. Fue sobre todo Jan quien se dedicó a la pintura del "Cordero Místico". Hubert impulsó la realización del cuadro, pero nadie sabe cuál fue su contribución exacta, dado que falleció en la fase inicial de la elaboración de esta obra maestra. Jan finaliza el "Cordero Místico" en 1432.

El ojo de Jan van Eyck hacía función de microscopio y telescopio. Fue uno de los primeros que pintó una luna realista con cráteres. Los animales y plantas que descubría en los viajes que realizó con Felipe el Bueno, después los representó sin esfuerzo y de forma muy detallada en el "Cordero Místico" gracias a su memoria fotográfica excepcional. Jan también pintó a Joos Vijd, su donante, sin embellecerlo, sino de la forma más realista posible, con sus espinillas y su barba sin afeitar. Su estilo es único y revolucionario, por lo que no encaja ni entre sus predecesores, ni entre los pintores contemporáneos. Según cuenta una leyenda, Hugo Van der Goes se volvió loco al intentar igualar el "Cordero Místico", y al parecer, se quitó la vida por este motivo. Van Eyck habría inspirado a varios otros artistas, tales como Hans Memling, Dirk Bouts y Gerard David.

El "Cordero Místico" es una obra única que esconde numerosos enigmas y misterios sin resolver. Así, se dice que en el panel con vistas a la ciudad y en el panel de la sibila eritrea se pueden observar rostros humanos en el cielo, sin que nadie sepa qué representan exactamente. La silueta de la ciudad representada en el panel central comprendería tanto edificios reales como ficticios.

El legado de Jan Van Eyck consiste en unas veinte obras maestras, repartidas entre distintos museos y colecciones. Como hemos apuntado, más de la mitad de estas obras se reunirán en Gante en 2020. Una de las obras aún pertenece a un particular. Las demás se encuentran repartidas en museos por todo el mundo. Así, la Galería Nacional de Londres expone las obras "Retrato de un hombre con turbante" y "Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa". Además, "La Virgen del canciller Rolin" pertenece al Louvre.

La mayoría de las obras maestras de Van Eyck no volverán a viajar después de la exposición Van Eyck. Una revolución óptica. Después del año 2020, dedicado a Van Eyck, el "Cordero Místico" volverá a ocupar su lugar habitual en la Catedral de San Bavón. La exposición constituye por lo tanto una oportunidad única para admirar de cerca la obra de Jan van Eyck y su excepcional atención por el detalle.

 

 

El mayor robo de arte del siglo XX

El 11 de abril de 1934, como todas las mañanas, el sacristán Van Volsem comienza su ronda matinal por la Catedral de San Bavón. Una hora más tarde descubrió que la cerradura de la puerta de la capilla Vijdkapel había sido forzada. Atemorizado por lo que se podría encontrar, Van Volsem abre la puerta, entra en la capilla y descubre, horrorizado, que los paneles de Los Jueces Justos y de San Juan Bautista ya no están en su sitio. En el marco del retablo los ladrones habían dejado una nota en francés que dice: "Arrebatado de Alemania por el Tratado de Versalles". El sacristán acude apresuradamente a la oficina del canónigo Van den Gheyn, que a su vez alerta a la policía. El comisario Patijn acude al lugar del delito para examinar el caso y constata que las bisagras de hierro que servían para mantener el panel en su sitio fueron retiradas y que a continuación, los paneles fueron sacados de sus marcos. Cuarenta años antes, los paneles habían sido propiedad del museo Kaiser Friedrich en Berlín, donde fueron cortados longitudinalmente por la mitad en el año 1894 para poder exponer las dos caras al mismo tiempo. Esta operación facilitó el robo de los dos paneles.

La policía no logra encontrar ninguna huella ni otra pista. Aunque el robo se convierte enseguida en la principal noticia del día y altera al país entero, la investigación se queda estancada. El 30 de abril del 1934, diecinueve días después del robo, se rompe el silencio a través de una carta de extorsión en francés destinada al obispo de Gante, en la que el remitente exige un rescate de un millón de francos belgas. Si la iglesia no paga dicha cantidad, los paneles robados serían destruidos. La carta lleva las iniciales D.U.A. La pequeña nota que se había dejado en el marco y que pretendía hacer creer que se trataba de una venganza alemana fue una distracción. Aunque el obispo Coppieters está dispuesto a pagar, no recibe la autorización del Fiscal ni del Ministro de la justicia. Sin embargo, pretende querer colaborar y continúa las negociaciones con D.U.A. Para dar muestra de su buena voluntad, el extorsionista adjunta a su tercera carta un bono para el guardaequipaje de la estación de ferrocarriles Bruxelles-Midi. Al entregar este bono en el mostrador, el empleado entrega un gran paquete rectangular que resulta ser el panel de Juan Bautista. El empleado solo recuerda que el hombre que le entregó el paquete rondaba los cincuenta y tenía una perilla. La policía interpreta la devolución del panel como una muestra de debilidad por parte del ladrón y quiere arrinconarlo.

Algunos días más tarde, el obispo recibe una nueva carta con instrucciones. Alguien vendría a recoger el rescate, y como identificación, traería la otra mitad del trozo de papel que estaba en el sobre que el obispo había recibido. Nuevo hecho: el ladrón trabaja ahora con un intermediario. En la carta, se designa al sacerdote de la Iglesia de San Lorenzo en Amberes, Henri Meulepas, como persona que debe entregar el rescate. La policía informa al sacerdote y le da un paquete con el rescate. Sin embargo, el paquete no contiene el millón que el ladrón pedía, sino tan solo 25.000 francos belgas. El 14 de junio del 1934, un taxista se presenta en la casa parroquial de Meulepas. El hombre, que no sospecha nada, le entrega un sobre cerrado y le dice que debe recoger un paquete. El sobre contiene un trozo de página de periódico que encaja perfectamente con la otra media página que ya se había enviado. A continuación, Meulepas entrega al taxista el paquete de dinero. El taxista lo acepta y desaparece. Esto desencadena una serie de reacciones indignadas. Al ladrón claramente no le hace ninguna gracia no haber recibido el millón de francos que se le había prometido. Después de unos meses de correspondencia difícil sin ningún resultado, el 1 de octubre se recibe la última carta. Pero al cabo de seis semanas de silencio absoluto, ocurre algo curioso: durante una reunión política en la ciudad de Dendermonde, un hombre llamado Arsène Goedertier sufre una crisis cardiaca poco después de pronunciar un discurso. Goedertier, de 57 años de edad, es el propietario de un pequeño banco en el municipio de Wetteren y se considera como un hombre respetable. Como antiguo sacristán, mantiene además una buena relación con el obispado de Gante. Goedertier es llevado a casa de su cuñado, donde muere poco después.

Justo antes de morir, Goedertier hace una confesión excepcional que dará un giro inesperado al caso de los paneles robados. En su lecho de muerte, le confiesa a su abogado que él es el único que sabe dónde se encuentra el panel original de Los Jueces Justos. En su último aliento aún logra pronunciar las palabras "en mi despacho, llaves, armario, fichero mutua...", y tal como ocurriría en un melodrama de Hollywood, el hombre se lleva el secreto a la tumba. Con la esperanza de encontrar el panel, se empieza a buscar el fichero en el despacho de Goedertier. El fichero contiene un sobre con copias de las trece cartas de extorsión dirigidas al obispo Coppieters. Pero ni rastro del panel de Los Jueces Justos.

Desde hace decenios se formulan teorías o especulaciones relativas al escondite del panel, que fue reemplazado en 1945 por una copia realizada por Jef Vanderveken, pero hasta hoy los investigadores siempre han vuelto con las manos vacías. Nadie sabe si algún día se logrará desvelar el misterio del mayor robo de arte del siglo XX, pero el hecho de que contribuye al mito de Jan van Eyck y de su magnífico tríptico, es incontestable.

 

 

Restauración

El monumental "Cordero Místico", compuesto por 18 paneles, fue pintado sobre paneles de roble cubiertos de finas capas de una mezcla de tiza y cola de origen animal. Las figuras se aplicaron mediante numerosas capas de óleo. La combinación de trabajo de miniatura y pintura traslúcida aporta una dimensión adicional. Parece que la pintura emite un resplandor interno, un fulgor divino.

Durante su agitada historia, el políptico ha pasado entre otras cosas por mudanzas, oscilaciones de temperatura y humedad, temerarios cortes y daños por incendio. Esta obra maestra ha sido ya restaurada varias veces.

Entre los años 2012 y 2019 se llevó a cabo un profundo trabajo de restauración y conservación que ha devuelto la viveza original a la obra, así como la riqueza de detalles y los colores brillantes que poseía el Políptico de Gante. Las labores efectuadas por el KIK-IRPAconsistieron, principalmente, en eliminar las gruesas capas de barniz amarillo y las pinturas en exceso que habían cubierto la pintura original durante siglos, a raíz de lo cual se encontraron algunas cerdas de brocha, de distinta longitud, incrustadas en la pintura.

Durante una restauración del cuadro en 1951, se descubrió un par de orejas adicionales del cordero. Las orejas del animal fueron cubiertas de pintura hacia 1550, durante una intervención en la que la tabla de la Adoración fue repintada casi al 50% para adaptarla a la moda de la época y para enmascarar algunos daños locales. En los paneles laterales, algunos barnices marrones muy viejos ocultaban los detalles y el efecto de profundidad, mientras que alrededor del 15% de ellos estaban cubiertos por pinturas en exceso. Al igual que en la tabla de la Adoración, estos siguieron en gran medida la composición, pero fueron mucho menos refinados.

La pintura original subyacente de los Van Eyck resultó estar extremadamente bien conservada, con solo una pérdida de alrededor del 5%. Dicho original ha sido descubierto en su totalidad, reintegrándose las pequeñas faltas con meticulosos retoques. La policromía original de color dorado en los marcos también fue restaurada. Un tratamiento de conservación para los soportes de madera asegurará su estabilidad a largo plazo.

Gracias a esta última restauración se ha devuelto a la obra su estilo naturalista que excede toda realidad, con un maravilloso efecto de iluminación tridimensional, una exhibición de materiales que se acerca al trampantojo y un nivel de detalle individual para todos los personajes, animales y plantas que dan testimonio de una dedicación sin igual. La escena celestial, que se interpreta como una instantánea panorámica con una cantidad infinita de detalles aún por descubrir, vuelve a la vida una vez más, lo que incluye la figura original del Cordero y varios edificios minuciosamente detallados ocultos bajo repintes. La reconstrucción de zonas dañadas en esta arquitectura se llevó a cabo por consejo de historiadores y arqueólogos especializados en el Gante medieval.

Los repintes se han retirado centímetro a centímetro, usando un bisturí quirúrgico y bajo un microscopio estereoscópico. La habilidad manual bien entrenada de los restauradores y la agudeza visual para distinguir las sobrepinturas y la frágil capa original de pintura han sido indispensables para ello.

La restauración ha ayudado a derribar un falso mito: la torre de la Catedral de Utrecht, que aparece en el horizonte medio, no es una adición del siglo XVI, sino que fue parte de la composición original.

 

Escrito relacionado en este

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com