NUEVA ADQUISICIÓN DEL MUSEO DE BELLAS ARTES DE BILBAO

05/12/2012


 

 

El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha adquirido la obra titulada Lucrecia, un óleo sobre tabla de 50,8 x 35,8 cm pintado en el año 1534 por Lucas Cranach el Viejo (Kronach, Alemania, 1472 - Weimar, Alemania, 1553).

La obra procede de una colección particular madrileña y su precio ha sido de 1.400.000 euros, abonados gracias al fondo de adquisiciones dotado por BBVA para la compra de obras de arte. Este fondo, que desde el año 2002 permite una gestión estable para el enriquecimiento de la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao, ha sido recientemente renovado por un valor de 2,1 millones de euros a siete años, periodo en el que las instituciones fundadoras del museo (Ayuntamiento de Bilbao, Diputación Foral de Bizkaia y Gobierno Vasco) devolverán el principal, mientras que la Fundación BBVA, en calidad de patrono de la Fundación Museo de Bellas Artes de Bilbao, se hará cargo de los intereses.

En los últimos años el Museo perseguía una incorporación relevante para la colección de arte antiguo. La renovación del acuerdo entre el Museo y la Fundación BBVA, y la aparición de una obra tan destacada de una de las personalidades artísticas más importantes de toda la historia del arte occidental han constituido una ocasión única para este incremento cualitativo del patrimonio artístico de la colección de pintura antigua del museo. A ello se ha sumado la coyuntura económica actual y su influencia en el mercado del arte.

Para situar la compra de esta obra autógrafa de Lucas Cranach el Viejo baste examinar otras dos adquisiciones recientes de obras de este pintor: en marzo de 2010, David y Betsabé (1534) se vendió por 5,3 millones de euros a un coleccionista privado en la feria de arte y antigüedades de la ciudad holandesa de Maastricht, y en diciembre de ese mismo año el Museo del Louvre adquirió por 4 millones de euros Las Tres Gracias (1531).

Esta oportunidad permite añadir una pintura destacada de un artista hasta ahora no representado a la selección de obras maestras de la colección del museo. Viene, además, a enriquecer sustancialmente la representación de los pintores del Renacimiento del norte de Europa, que cuenta con ejemplos relevantes de primitivos flamencos y holandeses coetáneos al alemán Cranach, como La Sagrada Familia (hacia 1525-1530) de Jan Gossart, la Piedad al pie de la Cruz (hacia 1530) de Ambrosius Benson, o la Lamentación sobre Cristo Muerto (fechada en la primera mitad del siglo XVI) de Pieter Coecke, entre otros.

 

 

El Museo de Bellas Artes de Bilbao suma un óleo de Lucas Cranach el Viejo al reducido conjunto de obras originales de este autor conservadas en los museos españoles: cinco pertenecen al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, tres al Museo Nacional del Prado de Madrid, una al Museo de Bellas Artes de Sevilla, una al Museo Lázaro Galdiano de Madrid y una al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). De todas ellas, únicamente la pieza titulada La Ninfa de la Fuente, del Museo Thyssen-Bornemisza, representa un desnudo femenino, mientras que las demás son temas religiosos, retratos o paisajes. Apareció publicada por vez primera en el libro de Christian Zervos Nusde Lucas Cranach l’Ancien, editado en París en el año 1950.

La obra Lucrecia, firmada con el anagrama del pintor alemán (una serpiente alada), se halla pintada sobre madera de haya y ha pertenecido durante generaciones a una colección española; en concreto, a la familia del Marqués de Rafal, aristócrata exiliado en Viena a comienzos del siglo XVIII por dirigir el levantamiento de Orihuela a favor del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión (1701-1713). Amnistiado con la Paz de Utrecht, el marqués regresó desde su exilio trayendo la obra de Cranach a su palacio de Orihuela (Alicante). Ya a finales del siglo XIX el cuadro fue trasladado a Madrid, en donde ha permanecido desde entonces salvo los años de la Guerra Civil, en que viajó a Figueres (Girona) con los cuadros del Museo del Prado. Recientemente fue declarada bien inexportable por la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español, basándose en un informe emitido por el Museo del Prado.

El cuadro es un original autógrafo del autor sin intervención de su taller. Recoge un tema profano -propio del fervor humanista de la corte y la aristocracia por los temas clásicos-, que sirve a Cranach como pretexto para pintar uno de los más bellos desnudos de toda su producción. Es uno de los temas predilectos del pintor, del que llegó a ejecutar, solo o con ayuda de su taller, más de sesenta versiones.

Recortada sobre un fondo oscuro aparece la figura femenina de Lucrecia, representada con la meticulosidad técnica característica del maestro alemán, semidesnuda y en tres cuartos. Le adornan el rico aderezo del cuello y el collar de eslabones que cuelga sobre el pecho, objetos propios de su nobleza, que, junto a la empuñadura de la daga que lleva en la mano derecha, muestran una elaborada ejecución en la representación del trabajo de orfebrería. Sin otros elementos decorativos ni paisaje al fondo, toda la atención se concentra en el personaje de Lucrecia y en la belleza pálida de su anatomía, que Cranach resalta por un potente haz de luz. A las cualidades táctiles de estos elementos se suman las del manto de terciopelo granate con el que se cubre parcialmente y otras mucho más sutiles, como las del cabello o el fino velo que sirve a Cranach para resaltar la sensualidad del desnudo y posicionar los brazos y las manos.

El dibujo magistral, las formas redondeadas y el ritmo ondulante de la silueta con el que Cranach encaja la composición obligan a recorrer con la mirada toda la figura hasta detenerse en la belleza fascinante del rostro y en la expresión ensoñadora de la heroína a punto de morir. Todo ello hace de esta obra una de las más bellas, exquisitas y refinadas en la prolífica carrera de Lucas Cranach el Viejo.

 

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