LA CANÍCULA EN PÍLDORAS (X)

Jesús Abades


 

 

Píldora escopetera

Podría comenzar estas píldoras, ya más otoñales que caniculares pese a que los termómetros se resisten a abandonar los grados veraniegos, con aquello tan famoso de "siempre dije que Fulano de Tal tenía un lado oscuro y nadie me creyó", si no fuera porque mucha gente estuvo conmigo cuando, desde el primer momento, dije que Juan José Cortés no era trigo limpio y que, en su caso, era normal que los árboles no dejaran ver el bosque. Evidentemente, me sumé al dolor por el trágico asesinato de su hija, pero nunca compartí sus posturas sobre la cadena perpetua ni participé en sus telepredicaciones, cargadas de alucinada moralina, en las que apostaba por la palabra frente a la violencia; lo cual ha quedado, tras la pasada reyerta, en un salvaje ejercicio de desfachatez con el que ha olvidado todos los postulados pacifistas de su Iglesia de Filadelfia, de la que es pastor o, más bien, perro perdiguero. Ahora está muy de moda en política fichar a quienes, supuestamente, defienden cierta ética. Pasó con Jesús Neira, que si loable fue la actuación con su agresor, luego resultó ser un antidemócrata y tuvo que salir por la puerta de atrás. Ahora con Cortés parece que la historia se repite.

Píldora perversa

Dijo una vez Cristina Almeida que las mujeres sin democracia nunca tuvieron voz para nada, y aunque las cosas ahora sean mejores que en los siglos anteriores, los avances del siglo XX generan una serie de necesidades que han de cumplirse en el XXI. Sátrapas fundamentalistas como el rey saudí se pasan estos discursos por el forro de sus thawbs, y ahora, solo para agradar a sus aliados de Occidente (que miran a Marte por la cuenta que les trae), se creen (más) dignos de alabanzas al permitir el voto femenino en las elecciones municipales del año 2015. Aceptamos avance como animal de compañía, vale, pero tengamos en cuenta que en las tiranías islámicas, siempre con el fanatismo religioso por bandera, es arma de andar por casa la violencia contra las mujeres, a las que apartan de los varones, castran, y discriminan social y laboralmente, cuando no las exterminan de cuajo. Con voto o sin voto, siguen siendo seres de tercera en una zona esclavista amparada por intereses petrolíferos. Visto así, el avance va a necesitar mucha primavera árabe para verse realmente alcanzado.

Píldora memorable

El pasado 19 de septiembre se cumplió el primer aniversario de la muerte de José Antonio Labordeta, un gran luchador por las libertades al que no veo mejor manera de recordar que con sus maravillosos versos: "Habrá un día / en que todos / al levantar la vista, / veremos una tierra / que ponga libertad". Había integridad en este hombre, cuya mochila recorrió toda España con empeños mejores que la patente botellonera.

Píldora satisfactoria

Dejando a un lado el fangal donde ha tenido lugar, me alegra que una mujer pueda dar rienda suelta a sus sentimientos y manifestar libremente su opción sexual en un medio de comunicación masivo. Desde siempre, las lesbianas han estado excluidas en cuanto al reconocimiento de su sexualidad. La sociedad española no las acepta como a los gays, que tienen derecho a mostrar su poder y exigir sus derechos por el mero hecho de ser varones. Las lesbianas, por ser mujeres, interesan mucho menos y, hasta hace muy poco, no existían más que en el erotismo hardcore como puro vicio y mercancía a disposición del hombre heterosexual. Es justo que de una maldita vez ocupen como todos su lugar en el mundo y vivan con los derechos que les corresponden.

Píldora nociva

Es tiempo de satélites en caída libre y la prensa nos cuenta que, tras un reciente sondeo, muchos votantes expresan su profundo arrepentimiento electoral tras los últimos comicios municipales. Entre los que no se arrepienten, hay quienes lo sienten por los afectados; pero consideran que a lo hecho, pecho, pues es necesario que el personal espabile y empiece a ver las orejas al lobo. La cosa sigue ERE que ERE con sueldazos bajo secreto sumarial y Aguirre emponzoñando locamente el cotarro como falaz portavoza del malestar ciudadano. Yo no dejo de cavilar sobre la desesperación en tiempos de crisis, que siempre hace ver salvadores entre hienas ávidas por sobrealimentar sus billeteras. El caso que más descuadra, en general, es el del ayuntamiento de San Sebastián, un siniestro "voto castigo" que no debe preocupar demasiado, pues ellos mismos (y aún no lo hemos visto todo) se están cubriendo de lodo y no me extrañaría nada que antes del fin de 2012 estén en la calle. En Toledo está prevista para el próximo 9 de octubre una mega-manifa en contra de los recortes. El caso más esperpéntico se vive en Sevilla, donde la reforma del callejero tiene suma prioridad sobre el revulsivo económico y social que sigue necesitando la ciudad. Está claro que no puede existir nada peor de lo que había antes en el consistorio hispalense, pero el nuevo mandamás y sus acólitos parecen vivir para resucitar la Sevilla de los 50, y no precisamente mediante un urbanismo reparador. Desde aquí propongo a los jueces que la última polémica callejera vaya finalmente rotulada en honor a Bertín Osborne, jerezano incondicional de Sevilla cuyo recuerdo, pese a sus grabaciones, siempre será más apreciado que el del otro Osborne absolutamente olvidable.

Píldora goyesca

Con Goya nació un nuevo tipo de arte. Una pintura instalada entre lo real y lo ilusorio, amante del simbolismo y los finales abiertos. Goya fue testigo crítico de una España clasista, opresora y sanguinaria. Su compromiso moral con el pueblo hizo que la plasmara en sus obras con un realismo tan atroz, dentro de su gusto por lo alegórico, que levantó ampollas en la nobleza y en una inquisición que siempre le tuvo en el punto de mira. Ahora podemos ver en El Prado, gracias a un préstamo de seis años, su primera obra documentada, lejana aún de ese desencanto tan sombrío como extraordinario (luego se llamó vanguardia) que tomarían sus pinceles, pero no por ello menos densa y contundente en su composición. No se la pierdan en tan magnífico espacio.

Píldora final

Y hasta aquí hemos llegado. Muchas gracias a todos los lectores de La Hornacina, especialmente a los que han tenido el valor de seguir este tratamiento homeopático. Me consta que ha provocado, como es lógico, algunos caminos divergentes. Sea cual haya sido su postura, ruego no confundan reflexiones personales (disfrazadas de píldoras atiborradas con socarrón excipiente) con cátedras autoritarias que solo buscan enfrentar a la gente. Nada más lejos de la realidad. Miedo me dan estos señores que toman aire y, echando mano de un micrófono o un teclado, se dedican luego con el dedo en alto a decir lo que se debe y no se debe hacer. Lagarto, lagarto.

 

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