LA ROLDANA Y LOS ESTUDIOSOS GADITANOS

Alfonso Pleguezuelo Hernández


 

En los últimos años el conocimiento que poseíamos de la obra escultórica de Luisa Roldán ha experimentado avances notabilísimos. Por un lado han sido hallados nuevos documentos, si bien es cierto que más frecuentemente sobre su marido y colaborador que sobre ella misma, dado que como mujer, no tenía fácil el protagonizar actos jurídicos como contratos o cartas de pago por sus trabajos, pero sobre todo, ha sido incrementado muy notablemente el elenco de obras ejecutadas por ella y por su taller. 

Estos avances han sido, no obstante, hasta ahora mucho más notables en Cádiz que en Sevilla o Madrid, el escenario de sus otras dos etapas biográficas. Y ello ha sido posible gracias al entusiasmo y al buen hacer de varios investigadores entre los que hay que señalar, entre otros que harían una lista más larga, a Enrique Hormigo, José Miguel Sánchez Peña, Lorenzo y Juan Alonso de la Sierra y Francisco Espinosa. De tal magnitud han sido tales descubrimientos que si hace una década el número de obras gaditanas seguras no llegaba a la decena, en la actualidad casi alcanza la veintena.

Entre los trabajos recientes más reveladores se encuentra un artículo escrito por Lorenzo Alonso de la Sierra y Francisco Espinosa. En él y al hilo de la imagen ya documentada por Hormigo de la Virgen de la Soledad de Puerto Real, se desgranan varios trabajos más de la misma autora para la propia Hermandad como el Cristo del Sepulcro o el San Francisco de Paula. En esta lista de atribuciones, siempre rigurosas, lo cual es de agradecer para una artista con un catálogo aún tan acríticamente engrosado, se enlazan, como dos eslabones también novedosos, las imágenes del Niño del Dolor de San Fermín de los Navarros, atribuido tradicionalmente a Alonso Cano, y el de semejante iconografía que se conservaba hasta hace poco en el convento de Capuchinas de Alcobendas, asignado antes a Pedro de Mena.

Pero sobre todo, y esto es lo más llamativo, lanzan en ese artículo la valiente hipótesis de que la Virgen de la Estrella, de Sevilla, hasta el momento atribuida tradicionalmente a Juan Martínez Montañés, pueda ser obra de Luisa Roldán, hipótesis que nos parece no sólo valiente sino acertadísima si observamos la imagen con un mínimo detenimiento.

No era de extrañar este cúmulo de novedades en un simple artículo pues uno de estos autores, Lorenzo Alonso de la Sierra, ya había dado a conocer antes otras obras de la misma autora. Entre éstas, la foto que reproduce la imagen de María Magdalena de la Cofradía del Nazareno de Cádiz, obra destruida en 1936, vinculándola con una documentación ya publicada por otro autor.

Él mismo junto con Juan Alonso de la Sierra también había dado a conocer antes, en las diferentes ediciones de la Guía Artística de Cádiz, otras nuevas obras que certeramente atribuían a La Roldana. Entre ellas estaban varias en la ciudad de Cádiz como la de San José y San Juan Bautista de la Parroquia de San Antonio, la de San Antonio en la Catedral Vieja, la Sagrada Familia, en el Convento de la Piedad o la confirmación sin dudas de la atribución ya realizada por Bohórquez del grupo de terracota de la Sagrada Familia Buscando Posada del Convento de Jesús Nazareno de Chiclana.

Pero a todas estas atribuciones certeras habría que sumar también otras aportaciones novedosas realizadas por el restaurador José Miguel Sánchez Peña quien ya inició la lista de sus valiosas contribuciones cuando en 1985 restaura la imagen del Ecce Homo, de la Catedral de Cádiz, hallando en su interior el documento que identificaba a su autora, hallazgo que le llevó a vincular a la misma el magnífico Ecce Homo de la iglesia de San Francisco de Córdoba.

Su intervención restauradora en las imágenes de los patronos de la ciudad San Servando y San Germán, le condujo, igualmente a descubrir en su interior nuevos documentos sobre su renovada policromía. Posteriormente sugirió, demostrando esta vez enorme intuición, la paternidad de nuevas imágenes como la de San Francisco en el Convento de Regina Coeli, en Sanlúcar de Barrameda y, hace apenas un año, la pequeña imagen de San Antonio de la iglesia gaditana del mismo nombre o el precioso relieve de la Asunción de la Virgen que hoy preside la parroquia de dicha advocación en Cádiz.

Como se ha visto por este sucinto balance está bien clara la trascendencia de las aportaciones de estos buenos y entusiastas investigadores gaditanos que, desde la Historia del Arte y también desde el mundo de la Restauración han contribuido de forma tan generosa como rigurosa al mejor conocimiento y mayor disfrute de la obra de esta genial artista que fue sevillana de nacimiento, gaditana de adopción y que terminó sus días en la corte formando durante toda su vida un patrimonio escultórico que es hoy tan universal como el de otros grandes artistas que ha dado nuestra tierra andaluza.

 

Artículo publicado en Diario de Cádiz

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